

Mercado y Estado
La dinámica económica actual se presenta como expresión de la libertad de mercado, aunque en los hechos depende profundamente del poder estatal. Proyectos como el RIGI, con ventajas extraordinarias para ciertos actores, o el desfinanciamiento del sistema científico y universitario, evidencian que el Estado interviene de manera decisiva. La supuesta ausencia de política industrial es, en realidad, una política orientada a la concentración y al aniquilamiento de la actual estructura productiva.
Sorprende la incapacidad de la dirigencia industrial para anticipar los efectos de las políticas neoliberales sobre la demanda de su producción. Un velo ideológico impide formular estrategias racionales de mercado, contradicción que se pagará caro. El caso de la industria farmacéutica es ilustrativo: pese a su poder económico y avances tecnológicos, nunca ha presentado un plan de desarrollo coherente. Su preocupación por acuerdos internacionales refleja esa falta de estrategia. No existen políticas neutras: el desarrollo económico siempre es fruto de decisiones estatales.
Una sociedad tribal
He señalado en otros trabajos el fracaso tanto de gobiernos populistas como neoliberales. La evidencia es clara: pobreza persistente, falta de oportunidades y estancamiento económico. La insuficiente inversión, el escaso ahorro interno y la fuga de capitales, sumados al endeudamiento, han limitado las opciones de desarrollo. Las opciones antagónicas y tribales han degradado la vida socioeconómica y política. Sin un acuerdo de gobernanza, la crisis estructural solo se profundizará.
Este comportamiento tribal no es solo una disputa de modelos; es una forma de organización del poder que inhibe la construcción de políticas de Estado. La lógica amigo-enemigo, instalada en la dirigencia, bloquea cualquier posibilidad de continuidad institucional y destruye la capacidad de planificación de largo plazo. La sociedad queda atrapada en ciclos de expectativas y frustraciones que erosionan la confianza en las instituciones.
Significado
Un acuerdo de gobernanza exige definir con precisión el rol del Estado y del mercado para sostener un proyecto de largo plazo que recupere la confianza en el ahorro y la inversión. La mejora de la productividad sectorial y la inserción internacional, requieren políticas persistentes, capaces de generar una recuperación gradual del salario real.
Entiendo que La política industrial y tecnológica debería articularse con Brasil para ampliar mercados y emprender proyectos conjuntos, - evitando,- y esto es fundamental, protecciones irracionales, las que con justa razón denuncia el actual gobierno. Articular esa política, significará negociar en otros términos con el imperio de occidente. No será fácil
China
El crecimiento Chino, que tanto, nos asombra, se pudo dar cuando se supera la anarquía de la última etapa Maoista. Los líderes emergentes entendieron que ceder ante el poder industrial de Occidente era un primer paso para cambiar su modelo de desarrollo. Por supuesto, sabían lo que tenían que ceder y lo que tenían que preservar.
Los frutos de esa política están a la vista. Pero cuál fue su condición de éxito, claridad suma de lo que necesitaban, persistencia y orgullo nacional. En otras palabras, Inteligencia estratégica de una élite dirigente que se puso de acuerdo. ¿Porque nosotros no? Claro: necesitamos generar otros tipos de liderazgos políticos.
Un nuevo ciclo
Argentina, históricamente ajena a la minería y al petróleo, se encuentra en los inicios de convertirse en un actor relevante en ambos sectores. Aunque es discutible la magnitud de los beneficios otorgados a inversores, las políticas futuras deberán enmarcar ese desarrollo sin inhibirlo, orientándolo a la expansión del interior. La baja tasa de inversión revela dudas sobre la continuidad del rumbo económico, salvo en el sector petrolero, lo cual resulta insuficiente.
Si la política minera se consolida y la petrolera se fortalece, el mapa político cambiará: las provincias cordilleranas ganarán peso frente al conurbano bonaerense, principal afectado por las políticas neoliberales. Sin embargo, este proceso no debe derivar en enclaves que nieguen futuro al conjunto de la sociedad. La clave será evitar que los nuevos polos de poder económico se transformen en estructuras cerradas, incapaces de generar derrames productivos y sociales.
Necesitamos
La dirigencia debe acompañar a una sociedad que votó por superar el modelo tribal, aunque este persiste y agravado por las políticas y discursos del gobierno de Milei. Su ideología extrema y dependiente de un solo polo de poder, ha impedido cualquier política de acuerdos, imponiendo medidas radicales aprovechando la debilidad de los partidos populares y la necesidad financiera de las provincias.
Tampoco ha fortalecido la moral pública: la promoción de jueces cuestionados y el ejercicio arbitrario del poder constituyen una humillación institucional que atraviesa todo el arco político. La degradación moral de la dirigencia es un componente estructural de la crisis, porque destruye la confianza en la justicia y en la capacidad del Estado para actuar como árbitro imparcial.
Sobre el cambio
Nuestros ejemplos deportivos nos muestran el camino a imitar. Constituyen un digno ejemplo de la cultura que se requiere
La sociedad debe aprender a distinguir la calidad moral y política de sus dirigentes. Sin esa capacidad de discernimiento, el derrumbe continuará.
*Dr. en Ciencia Política (UNC-CEA)







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