Provincial Por: Bettina Marengo22 de enero de 2026

Llaryora sopesa las intenciones de Milei en Córdoba y arma su esquema

Comenzó un año corto, dividido por el Mundial de Fútbol que se realizará en junio, y que en noviembre deberia tener fechas de elecciones y candidaturas definidas, o al menos así lo ve el oficialismo provincial. Si Milei va por el quiosco de Llaryora, éste irá por el supermercado de Milei: una advertencia que parece un guiño para empezar a negociar.

Por Bettina Marengo

 

Martín Llaryora calibra su relación con Javier Milei, y la de todo el peronismo cordobés, en función de las señales que el presidente y su gente den sobre sus aspiraciones en Córdoba para el 2027. Esa tensión puede dominar el vínculo provincia-Nación al menos hasta fin de año, cuando ya estén maduras las brevas para que el Ejecutivo provincial ponga fecha para los comicios provinciales, que van a ser entre abril y mayo próximos, antes y separados de las elecciones de la ciudad Capital, y por supuesto de las nacionales de octubre.

En el Panal manejan encuestas que los induce a pensar que Milei sigue subido a la espuma post triunfo de octubre pero que no le sobra nada para llegar fuerte y competitivo a diciembre y encarar su reelección al año siguiente, lo cual puede condicionar sus decisiones sobre los territorios. Lo ven encerrado en su esquema de reducción impositiva, achique del estado y control de la inflación, con el detalle de que esto último ya fue absorbido por la gente como beneficio de inventario y por lo tanto pesará menos a la hora de votar. Sin ponderar la cuestión simbólica del fenómeno Milei y la batalla cultural que emprendió y parece haber encajado como un puzzle en una parte del electorado provincial, entienden los cordobesistas que la sociedad empezará a pedirle al jefe de Estado mejora e los ingresos, más trabajo, rutas transitables y otras demandas a las que La Libertad Avanza no podrá responder sin contradecirse y pasar a ser “lo mismo” que lo que dicen combatir. 

Con esa hipótesis del desgaste presidencial, para el llaryorismo la opción menos mala para las intenciones de reelección del sanfrancisqueño es que Milei disponga que un libertario puro como Gabriel Bornoroni sea el candidato de la Casa Rosada en Córdoba. Esa decisión, creen en el oficialismo, rompería la unidad opositora porque dispararía la candidatura de Rodrigo De Loredo, que luego de estar ausente en 2025 no podría pasar otra elección más sin competir. El radical aseguró que nadie lo bajará de la lista para Gobernador, con lo cual quedó mal parado ante la mesa libertaria. Habría que ver qué hace Luis Juez si el elegido es Bornoroni. El senador viene diciendo que lo principal es la unidad opositora para desbancar al peronismo, pero también manifestó que el 2027 puede ser su último intento para llegar a la Gobernación. Como sea, para la oposición es exactamente al revés: entienden que si Milei unge al jefe del bloque de Diputados como su candidato, es porque está lo suficientemente fuerte como para imponerlo y alinear a todos.

La cuestión está puesta sobre la mesa y será moneda de canje del oficialismo cuando el mandatario nacional o el ministro del Interior, Diego Santilli, con quien Llaryora habla bastante a menudo, pidan los votos para la ley de reforma laboral o quórum para una sesión, como sucedió cuando se debatió el Presupuesto en Diputados en diciembre. El llaryorismo se siente fuerte con los 22 votos que computa para Provincias Unidas en el Congreso.

No solo de fondos vive el hombre, sino también de política pura y dura. Con algunas cuentas arregladas (avales para toma de deuda, acuerdo con la Corte por la Caja, a renovar en abril), el gobierno va por la negociación política con el jefe libertario con el principal objetivo de defender y retener el poder en la provincia. No estará sola; unas doce o trece provincias podrían adelantar sus elecciones. En los discursos, todo va a estar bien. Llaryora será un tetraedro con mensajes diferenciados según necesidades. Para Milei, la institucionalidad y el menor conflicto posible.

La otra posibilidad es la guerra. Si Milei va por el quiosco de Llaryora, éste irá por el supermercado del León. La frase circula ya en algunos pasillos y parece tanto una advertencia como un guiño para empezar a negociar.

Con el gobierno provincial enfrentado al PJ nacional, Córdoba le dio el triunfo presidencial a La Libertad Avanza en 2023, con Juan Schiaretti como candidato en primera vuelta por Hacemos por Argentina, y al PRO de Mauricio Macri en 2015, en detrimento de las aspiraciones de los peronistas Sergio Massa y Daniel Scioli. Consecuencia de la orden de Schiaretti de jugar en el balotaje a la prescindencia o directamente apoyar, como en el caso de Macri, la lista anti K. Sin Cristina, con el cuco K jubilado, el cordobesismo pergeña una posible alineación del PJ local con el nacional como herramienta para contener el eventual avance de Milei en Córdoba. Suena difícil con Schiaretti activo, pero es una posibilidad que se baraja para una eventual segunda vuelta, luego de que juegue, si juega, Provincias Unidas en caso de sobrevivir. “Córdoba le dio el triunfo y Córdoba se lo puedo quitar”, prometen. El agradecimiento del jefe de Estado a esta provincia, cuando estuvo en el festival de Jesús María la semana  pasada, y la notoria ausencia de críticas al gobierno provincial, es leído en los quinchos llaryoristas como dato que confirma que Milei entendió que Córdoba es tan oportunidad como riesgo.

Mientras avanza un año marcado por la Copa del Mundo que se realizará en EEUU en junio y que debería cerrar en noviembre con definiciones políticas de fechas y candidaturas, el Panal se abraza a la gestión y a la comunicación. Llaryora ensayará discursos para todos y todas: reducción impositiva en dos tiempos y estado chico para los anti K a los que no puede asustar con CFK; peronismo para los votos K que va a necesitar y que posiblemente se fueron con Natalia de la Sota en octubre, estado presente para los sectores vulnerables (se va a lanzar un seguro de salud para personas sin cobertura médica) y algún que otro mimo para los vapuleados empleados públicos, para no repetir el tropiezo de Ramón Mestre padre en 1998, pero con el mensaje no tan subliminal de que la opción a lo que hay es el espacio político que echó del estado nacional a 50 mil trabajadores. Y así. Señores, el año ha comenzado.

 

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