La sucesión en Capital: ¿hay lugar para internas en el PJ?
Por Yanina Soria
Falta mucho, pero no tanto. El 2027 ya asoma en el horizonte de la dirigencia política con aspiraciones y empieza a resonar en cada decisión y acción que toman los oficialismos que buscan retener el poder.
Este año, aunque no sea electoral (sólo se votará en la ciudad cordobesa de Marcos Juárez) será intenso. Pues sobrevienen tiempos de posicionamientos, negociaciones y definiciones. Sobre todo, si se cumplen los plazos que trascienden desde el propio peronismo provincial respecto a la posibilidad de adelantar la elección a gobernador, para el primer tramo del año próximo.
En el plano provincial, más allá de las variables externas que definirán luego el contexto en el que se llega a la elección, el proyecto es claro y tiene como único vértice al gobernador Martín Llaryora. El objetivo primordial de su reelección ordena hacia abajo toda la estructura y marca el rumbo.
Sin embargo, esa nitidez no aplica para la Capital cordobesa por lo ya dicho: el intendente Daniel Passerini no puede repetir y esa situación plantea un escenario de incertidumbre.
No existe hoy en la línea sucesoria un candidato natural ni un nombre competitivo que, por sí sólo, aporte a la continuidad del modelo. Por contrapartida, eso genera un esquema de posibilidades para todos aquellos que, por convicción real o conveniencia, se anotan en ese punto de partida.
Más o menos habilitados por el Panal, hoy, todos pueden jugar. La parte más entusiasta del cordobesismo celebra que “sobren” los candidatos y confía en que, llegado el momento, se elegirá la opción más conveniente. ¿Cómo? El que mejor mida, responden desde las altas esferas del Panal. Así de simple.
Hoy, entre los interesados nadie pregunta mucho más de lo que les dicen y, en cambio, salen a cumplir lo mejor que puedan las funciones que les fueron asignadas. En definitiva, saben que esa será su mejor vidriera para anotar puntos frente a quien luego tendrá la lapicera.
Sin embargo, aun cuando todavía falta mucho, ya hay quienes -por lo bajo- ponen ciertos reparos a la lógica del “dedazo” justificado en supuestas mediciones para definir candidaturas.
Y, por contrapartida, empieza a sonar tibiamente entre los peronistas de Capital la idea (loca, por ahora) de internas como herramienta de definición. La del ´27 en Capital, será una elección distinta para un cordobesismo que no tendrá margen para trastabillar en su estrategia.
Los beneficios de ser oficialismo y contar con los recursos públicos inagotables del Estado pueden ayudar, claro que sí, pero no garantizar directamente el éxito en las urnas.
Pensar en un proceso de designación de candidatos que pueda dejar heridos que rompan, no es un lujo que se pueda dar el cordobesismo. La verticalidad dentro del oficialismo cordobés es una disposición que algunos ya se animaron a desconocer. Y la experiencia de Natalia de la Sota en las legislativas, es el ejemplo más fresco.
La realidad es que, en Capital, lo mucho o poco que tenga cada dirigente, valdrá para el ´27. Por eso, para algunos, pensar en una interna sería la herramienta más ordenadora; incluso, ya hay algunos sectores que mastican esa idea para pedirla.
Sin embargo, en el historial reciente el peronismo provincial no exhibe voluntad de abrir esa posibilidad, las listas se arman entre pocos y nadie reclama.
El gobernador Llaryora fue claro cuando, con los últimos cambios de gabinete, buscó darle mayor volumen político a la Capital. Miguel Siciliano, Marcelo Rodio y Nadia Fernández tendrán mayor presencia en la ciudad. Mientras que, del equipo del intendente, los funcionarios Juan Domingo Viola, Héctor “Pichi” Campana y hasta el propio Javier Pretto, se mueven cono aspiraciones. Entre ellos, hay quienes están dispuestos a jugar fuerte para perseguir lo que están buscando desde hace años: ocupar el despacho principal del Palacio 6 de Julio.