“Poner primera”: el juecismo activa su estrategia local
Por Gabriel Marclé
El cruce entre Luis Juez y el llaryorismo por la situación del Tribunal de Cuentas y la licitación para la compra de drones tuvo su réplica inmediata en la política provincial, pero también dejó derivaciones en el plano local. En Río Cuarto, el juecismo tomó el episodio como una señal de activación política, casi como una orden implícita de avanzar en la construcción de volumen propio y reforzar la identidad opositora. La lectura fue directa: si el líder del espacio volvió a colocarse en el centro de la escena provincial, el armado territorial debía acompañar ese movimiento con mayor presencia y mayor intensidad discursiva.
En ese esquema, el concejal Pablo Benítez se convirtió en el principal ejecutor de esa estrategia. Fue la única voz riocuartense que salió a respaldar públicamente a Juez tras la polémica por la licitación frenada, marcando una línea política clara frente al Gobierno de Martín Llaryora. “No nos van a correr con la seguridad. El Tribunal de Cuentas no frenó drones, frenó una licitación armada, con un solo oferente. Eso es corrupción. El peronismo nos ataca para tapar su fracaso y el de Juan Pablo Quinteros. 27 años ya son suficientes, la plata es de los cordobeses”, expresó el edil, alineando su discurso con la narrativa de su líder.
Del lado del PJ, el legislador Juan Manuel Llamosas fue la defensa local a la narrativa del gobernador Martín Llaryora. “Fingen ‘control’, quieren dejar indefensa a Córdoba. El juecismo frenó la compra de drones para la policía. También bloqueó la Ley de Seguridad y las armas no letales. Es un boicot sistemático. Hacer política partidaria con la seguridad es jugar con la vida de los cordobeses”, tuiteó el exintendente del Imperio.
Aunque Benítez no le respondió a Llamosas ni llevó la pelea al plano local, la intervención de juecismo riocuartense revela una estrategia de instalación local. Esa construcción más autogestionada del edil de Primero Río Cuarto revela una muestra más del intento por ocupar el lugar de principal referencia crítica frente al peronismo, algo que exhibe principalmente en el plano municipal contra el intendente Guillermo De Rivas.
El inicio de 2026 encontró a Benítez decidido a “poner primera” en términos políticos. La frase que comenzó a circular en su entorno, “el intendente todavía no puso primera, nosotros sí”, funciona como una síntesis de esa intención de acelerar los tiempos. La estrategia del juecismo riocuartense construye entonces la visión de un Ejecutivo municipal lento o falto de reacción y un espacio opositor que busca mostrarse activo, presente y dispuesto a marcar agenda.
En ese marco, el concejal combinó la agenda provincial con la local. Aunque se mostró más cauto en sus declaraciones públicas sobre la inseguridad tras el homicidio de Paolo de la Fuente que movilizó la agenda durante la semana pasada, el fin de semana volvió a expresarse en redes sociales con un mensaje que retomó los ejes clásicos de la crítica opositora. “Estamos para controlar al intendente y buscar soluciones a los riocuartenses. Inseguridad que crece. Impuestazos que asfixian. Falta de compromiso con Río Cuarto”, escribió, reforzando una línea discursiva que apunta tanto a la gestión como al modelo político que la sostiene.
La cautela inicial frente al tema seguridad pareció responder más a una estrategia de oportunidad que a una decisión de fondo. El episodio provincial habilitó un terreno más cómodo para la confrontación política, al permitirle a Benítez alinearse con una disputa que le evita quedar atrapado en la complejidad local de la inseguridad, donde los costos políticos suelen ser más altos y las responsabilidades más difusas.
En el peronismo ya vienen anotando la salida fuerte de Benítez, algo que se empezó a ver durante el año pasado. Su rol en el Legislativo lo llevó a protagonizar más de un cruce polémico con la presidenta del cuerpo, Ana Medina, e incluso fue blanco de acusaciones por actitudes “violentas y machistas” desde adentro del peronismo. Si bien en el PJ no lo ubican como amenaza, la dinámica del roce constante parece envalentonar a Benítez.
La construcción que intenta desplegar el juecismo en Río Cuarto no aparece respaldada, por ahora, por una estructura partidaria amplia. El corrimiento de sectores radicales que dejaron de acompañar a Benítez tras su viraje libertario y la distancia que mantienen los propios referentes mileístas, que no lo integran a su mesa chica, configuran un escenario de soledad política. Aun así, el concejal parece decidido a avanzar con un proyecto propio, incluso sin el aval de los espacios mayoritarios de la oposición.
La idea de fondo no se limita a reforzar la figura de Juez como alternativa provincial. En el entorno de Benítez ya se habla abiertamente de una proyección personal hacia 2028, con la intención de competir por la intendencia y con la esperanza de que el propio líder del Frente Cívico sea sponsor de esa misión. La carrera aparece como larga, pero el movimiento de estos días busca dejar en claro que la largada ya fue dada. El conflicto Juez–Llaryora funcionó como el argumento político necesario para justificar esa aceleración.
Por ahora, el juecismo local intenta capitalizar una coyuntura que excede a Río Cuarto para ganar visibilidad y protagonismo propio. No se trata solo de acompañar a su líder político en la disputa con el oficialismo provincial, sino de utilizar ese escenario como plataforma para reforzar su presencia en la escena municipal y disputar el rol de principal voz crítica frente al gobierno de Guillermo De Rivas. “Poner primera”, en ese marco, aparece como una definición política temprana en una carrera que todavía tiene varios kilómetros por delante.