Cultura Por: Víctor Ramés02 de febrero de 2026

Caras y caretas cordobesas

1930 y 1931 fueron años de dictadura y aberraciones que crearon distancia entre Lugones y el proyecto militar. El poeta y pensador político siguió insistiendo en la demarcación de rumbos y banderas que consideraba abandonadas por el gobierno de facto.

Por Víctor Ramés
cordobers@gmail.com 


Construyendo a Leopoldo Lugones (Duodécimo segunda parte)

1930 fue el año que prometía a Leopoldo Lugones, profeta del primer golpe de estado militar en la Argentina, un lugar de preeminencia en la estrategia política. Pero esto no ocurrió. En cambio, fue dejado a un lado, como del mismo modo fue apartada toda razón y toda justicia por parte del dictador Uriburu. Este se hallaba más que ocupado en llevar el autoritarismo a límites trágicos de persecución, tormento, testimonios fraguados, para hundir a quienes quedaban del Yrigoyenismo dando vueltas. Lugones se sintió decepcionado muy pronto por ese arranque de la que sería recordada como la Década Infame. que él había invocado, y de la que debía sentirse en cierto modo el fundador. 

El gobierno de facto de Uriburu estaría a cargo del país de septiembre de 1930 al 20 de febrero de 1932, en que entregaría el mando a un presidente electo en forma fraudulenta, Agustín P. Justo. Tales fueron los salvadores de la Patria que Lugones aplaudió, apoyó y acompañó hasta donde le fue posible.

Por extraña textura de la historia, si bien Lugones era un intelectual autoritario, tal vez permaneció ajeno a las prácticas salvajes y clandestinas instauradas por Uriburu. La paradoja es que sí tuvo parte en esas tácticas inhumanas contra los opositores el único hijo de Lugones, homónimo y apodado Polo, para distinguirlo del padre. Leopoldo Lugones (h) fue uno de los responsables de la represión en la dictadura de Uriburu, a cargo de una Sección Especial de la Policía Federal, llamada de “Orden Político”, que era una división de inteligencia y se convirtió en el primer centro clandestino de detención del país. El autor Marcelo Larraquy ha realizado un análisis pormenorizado en “Argentina- Un siglo de violencia política”, del horror de los sistemas de tortura puestos en funcionamiento en diversos niveles de ese centro, donde operaba el ejército (entonces gobierno) contra los considerados enemigos políticos.

Se ha sugerido que Polo fue sometido, de niño, a palizas por su padre, otra faceta posible del autoritarismo intelectual del fino poeta. Tal vez no fuera sorpresa que brotase, unos años después, el enfrentamiento del hijo contra el padre, a quien le impuso interrumpir la relación con su joven amante, Emilia Cadelago, ensombreciendo los años restantes del autor cordobés, antes de que concluyese la década.

Leopoldo Lugones no tardó en caer en la cuenta de que el gobierno de Uriburu estaba lejos de representar el mandato de la “aristocracia militar” salvadora de la República. Y lo estaba él de ser incorporado, en tanto intelectual capaz de marcar el rumbo de la nave. Convencido de sus dotes, comenzó un intento de clarificar sus ideas marcando las diferencias entre su pensamiento y el gobierno de facto. En los hechos, sus ideas sobrevivirían al fracaso del proyecto Uriburista, resultando coherentes para el fortalecimiento de la ideología nacionalista argentina de esa década y proyectándose más allá. 

Aquí puede resultar aleccionador recordar algunos juicios de David Viñas sobre Lugones en “Mecanismo, Contorno y Destino”, quien encuentra en la garra emotiva el punto de encastre de su voluntad poética con su pensamiento y su acción política. Afirmaba Viñas que resulta “evidente que no seguía un discurso lógico, sino a su emotiva espontaneidad; y su falta de neutralidad valorativa le impedía las conceptuaciones rigurosas”. También argumenta que “todas las cosas lo atraían igualmente, con el deslumbramiento de lo recién descubierto, con una gran capacidad de sorpresa, de fundamental importancia al comienzo de su actitud artística. Importa señalar especialmente ahora esta constante antinomia, vigente durante toda su vida entre su intención y su resultado.” Concluía Viñas que Lugones “resulta el arquetipo de una generación ineficaz más que desorientada, acostumbrada a un panorama aparentemente definitivo, donde las cosas seguían con el valor que se les había acordado.”

Pese a esas posibles marcas en su abarcar con igual pasión la historia, la literatura, la poesía, la política, era Lugones un tipo disciplinado en su producción y en ella tiene peso, ese año 1931, la aparición de su libro “Política Revolucionaria”, que salía comentado en Caras y Caretas el 16 de mayo de 1931, en la sección Los Libros, por Raúl P. Osorio:

“«Durante siete años, desde mis conferencias del Coliseo en 1923, había proclamado casi solo, por no decir completamente, la necesidad de que los militares diesen gobierno a la Patria». Completamente solo, podemos añadir, Lugones batalló con bravura poniendo los intereses de su país por encima de todas las demás cosas, Y fue combatido, y cualesquiera armas fueron esgrimidas contra él. La actitud del poeta y del pensador está justificada plenamente. No es la actitud sospechosa del patriotero que excita a la muchedumbre, con propósitos utilitarios o vanagloriosos.
Su patriotismo tiene tanto de justo, de verdadero, como de enérgico. Mientras el hombre no llegue a inventar una fórmula más sólida y más amplia, ser patriota resulta obligación inexcusable. Y ese patriotismo sobrevive a las caídas de regímenes políticos. Por eso las revoluciones triunfantes defienden patrióticamente el país que ellos renovaron. Complementando la decidida profesión de fe que contra viento y marea adoptó Lugones, en uso de un sagrado derecho, publica ahora este libro. En él hay verdades, pensamientos generosos, iniciativas. Es un libro valiente, y lo valiente inspira respeto. Pasarán los años y las ideas, vendrá lo que viniere. Entre las incertidumbres de lo futuro, cabe afirmar que la obra de un hombre honrado, libre de toda sospecha utilitaria, será respetada por los hombres capaces de tener y sostener buena voluntad en todas sus empresas ideológicas.”

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