Por Javier Boher
Hace unos días hablábamos con unos amigos acerca de la corrupción. Una de las conclusiones fue que no es un problema económico, ya que para los que tienen que definir cómo van a operar -pensando en empresas y otros actores similares- la coima entra en la contabilidad y se procesa como un costo más. Casi que podríamos decir que es como un impuesto más, porque los trámites o adjudicaciones no salen si no se le paga al funcionario a cargo.
Hay otro tipo de corrupción que no entra en ese cálculo de costos en sentido de dinero, aunque sí entraría en un cálculo de la pérdida de confianza en el sector público o la erosión de la red de vínculos que mantiene unida a una sociedad. Cuando el narco le paga al policía o el bolichero al inspector municipal, se deja de creer que el policía o el municipal puedan hacer bien su trabajo y nos acostumbramos a lo que debería ser una excepción.
El gobierno de Milei arrancó sin promesas de lucha contra la corrupción, pero con promesas de que no se iban a hacer las cosas del mismo modo de siempre. El caso Libra fue el primer impacto sobre ese capital de outsider que venía a revolucionar la política. De golpe el presidente estaba metido en una estafa global.
Un par de meses después explotó el caso de la corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, la Andis, porque se filtraron unos audios en los que el titular -Diego Spagnuolo- contaba cuál era el esquema de sobreprecios con los que recaudaba la mismísima hermana del presidente. Aunque el kirchnerismo se regocijaba viendo las contradicciones en la defensa y compartía ese poco divertido jingle al ritmo de Guantanamera, la caída temprana del gobierno con la que soñaba nunca llegó. Milei y los suyos esquivaron esa bala también.
Esta semana se concretó la renuncia de Demian Reidel a la presidencia de Nucleoeléctrica Argentina por denuncias de sobreprecios y arreglo de licitaciones. Reidel tuvo un papel importante en los delirios tecnológicos de Milei, particularmente aquel de montar un polo de inteligencia artificial en la Patagonia alimentado con energía nuclear. Aunque no llegó tan lejos como Ronald Richter con el Proyecto Huemul, tuvo la posibilidad de que el líder carismático le permitiera manejar un buen volumen de fondos que aparentemente no terminó donde debía.
El caso de Reidel todavía no ha llegado a la justicia, mientras que el de Libra está en la etapa de búsqueda de pruebas y en el de la Andis ya se ha dictado el procesamiento de Spagnuolo.
Quizás la gente no votó a Milei para frenar la corrupción e incluso la tolere -como si fuese un impuesto más- mientras el presidente cumpla con algunas de sus promesas electorales, principalmente bajar la inflación y arreglar la economía. Ayer supimos que la inflación volvió a subir por octavo mes consecutivo, pero también que procesaron por enriquecimiento ilícito a Julio De Vido 18 años después de iniciada la causa.
En su alegato en la causa Vialidad el fiscal Diego Luciani dijo que se trataba de “corrupción o justicia”. Lamentablemente estamos demasiado acostumbrados a saber cómo cae esa moneda.