Nacional Por: Javier Boher20 de febrero de 2026

La coyuntura que no tuvo Cambiemos

Las iniciativas legislativas del gobierno de Milei parecen tener el camino mucho más allanado que el que le tocó al gobierno de Macri
 
Por Javier Boher 
rjboher@gmail.com
Entre los no peronistas siempre se habla sobre cómo, por qué y cuándo se selló la suerte del gobierno de Cambiemos. Seguramente nunca nadie se pueda poner de acuerdo, aunque los historiadores encontrarán algunas causas que nosotros no podemos ver por nuestra cercanía al fenómeno.
Sacando el tema económico (fundamental en este país) probablemente hayan sido dos decisiones políticas las que erosionaron el poder de Macri. La primera fue la sanción de la reforma jubilatoria en diciembre de 2017, cuando vimos al gordo mortero y se tiraron 14 toneladas de piedras. Aunque el kirchnerismo estaba debilitado tras las legislativas de ese año demostró que todavía tenía mucha fuerza entre los movimientos sociales, apenas dos años después de haber abandonado el gobierno. Ya no estaba tan claro que se pudiera cumplir eso de “no vuelven más”, al punto que antes del año se cortó el financiamiento privado. Pensé a todo, el progresismo estaba pagando haberse atomizado desde 2011.
Esto último cambió con el segundo error político de Macri, que fue habilitar el debate por el aborto. Aunque los sectores más progresistas dentro de Cambiemos celebraron la decisión, eso metió una cuña innecesaria en las filas propias, a la vez que logró aglutinar a todo lo que estaba al frente. El electorado de Macri se empezó a desgranar por derecha, generando las condiciones para que unos años después Milei llegue a la presidencia.
Ayer se estaba tratando la reforma laboral en diputados mientras escribía esta nota. El gobierno no tuvo que hacer cosas raras para conseguir el quórum y en principio tenía todos los votos para aprobar el texto. A pesar de que se había convocado a un paro y movilización, la calle afuera estuvo mucho más calma que en diciembre del 17. 
Dentro del recinto también: los ocho años y la disminución de fuerzas le pegaron al kirchnerismo y la izquierda, que se levantaron a hacer lío sin conseguir que se suspenda la sesión. Hoy el kirchnerismo tiene casi 20 votos menos en el recinto y eso se nota.
Lo que cambió -fundamentalmente- es la posición de la gente respecto a estas cosas que pasan. 
El hecho de que los opositores no puedan invadir la plaza para tratar de sabotear la sesión demuestra que hay algo que no les funciona. Quizás sea que hoy se eliminó a los intermediarios en la administración de los planes (cosa que no pasó en tiempos de Macri), pero también puede ser porque es más difícil conseguir que la gente quiera sumarse a un reclamo por algo que no terminan de ver cómo les afecta.
También hay muchos periodistas acreditados en el Congreso o cubriendo en los alrededores que ponen el foco en lo mismo: el gas lacrimógeno, la represión y “la brutalidad” del operativo policial. A diferencia de 2017, la mayoría de la gente lo toma como de quien viene, representantes de un sector político determinado. Por supuesto que hay una minoría que los consume y potencia su rechazo al gobierno, pero aunque estén en el mainstream ese discurso no pega.
Sabiendo que la oposición está debilitada y que el escenario afuera del Congreso es muy diferente al de 2017-2019, Milei y los suyos deben evitar que sus rivales consigan coaligarse. Enunciarlo es más difícil que hacerlo, pero la clave del éxito radica en la capacidad de explotar las contradicciones que existen entre ellos. Básicamente se trata de no meter en agenda cuestiones que pongan en juego las emociones y la moral, como fue el caso de Cambiemos y el aborto. 
Hoy el electorado parece estar mucho menos dispuesto a ceder al chantaje de un partido que hizo crecer el empleo informal y destruyó la economía para sostener un proyecto personal de poder. Mientras no se peguen muchos tiros en los pies y el kirchnerismo siga siendo la alternativa, el oficialismo la va a seguir llevando tranquilo.

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