La ruedita de la indignación progresista
En marzo de 2022 escribí una nota titulada “La ruedita de la indignación republicana”. En la misma describía el ciclo en el que se veía inmersa la tribu del antikirchnerismo republicano. Como en la ruedita del hámster, los opositores de aquel entonces despotricaba contra el gobierno siguiendo una secuencia que implicaba impuestos, libertad de expresión, inflación e inseguridad. Cada tanto un hecho de corrupción o un salto del dólar se colaban en el medio.
Hoy la oposición kirchnerista al gobierno está montada en su propia rueda de indignación, convencida de que tanto correr los va a llevar a algún lado. Todo gira en torno a un concepto central de neoliberalismo o similar, una construcción incompleta sobre el proceso de apertura económica.
A diferencia de la ruedita republicana, los hitos que mueven la indignación kirchnerista van más por el lado de las consecuencias económicas de las decisiones del gobierno. Hoy estamos discutiendo lo de los préstamos, que es un nuevo capítulo de que en los gobiernos de derecha no alcanza la plata.
La semana pasada estuvimos hablando de la Ley de Tierras, que es el momento de la soberanía y el slogan de que la Patria está en peligro. Este es el último caso, pero es lo que sale cada vez que Milei se.junta con Trump o sale el tema de la hidrovía.
Antes de eso estuvimos discutiendo la Ley del Libro, una versión de la presunta antiintelectualidad de la derecha, la vulneración de derechos y la destrucción de sectores de la economía que son importantes para la gente. En otras ocasiones puede ser que desfinancia las universidades, que declara contra el aborto o que cierra la fábrica de canicas, pero siempre hay que pasar por ahí.
La salud del presidente es un número fijo. Puede ser que se hable de los perros muertos o de su aspecto poco saludable, pero siempre hay que dar una vuelta por los pasillos del neuropsiquiátrico. Lo último fue que llevaba un tiempo desaparecido porque todo el affaire Adorni le pegó muy fuerte.
El último tema es el de las internas entre Karina, los Menem, Bullrich, Santiago Caputo, Villarruel y cualquier otro personaje que pueda llegar a capturar algo de la atención de la gente que está desconectada de la política.
Ayer un amigo ultrakirchnerista me vino a decir que Bullrich está preparando su salida del gobierno porque dijo que se tomaría un café con Cristina Kirchner, aunque eso sea un extracto de una entrevista en la que dice que no se tomaría un café con Máximo Kirchner por ser cerrado, pero que no tendría problemas de hacerlo con la madre. Convencido de que creyendo y difundiendo esos recortes maliciosos va a debilitar el gobierno, el de la ruedita de la indignación progresista.
Voy a reformar un poco el último párrafo de aquella nota: “Así, en la ruedita republicana progresista de la indignación, toda una masa de gente sigue discutiendo la misma secuencia de temas (...), convencida de que llegará a algún lado con sus protestas. No se dan cuenta, engañados como están, de que siguen atrapados en el mismo lugar”.
La gran duda es si más gente se subirá a correr con ellos o si por el contrario permanecerá mirando a un lado, pensando en lo tontos que se ven los que están dentro de ese ciclo sin fin. Tengo una leve sospecha sobre qué van a hacer las masas.