Cordobers | Caras y caretas cordobesas
Construyendo a Leopoldo Lugones (Trigésima parte)
Atravesamos el Epílogo de este armado posible de la figura de un hombre que no caminó la historia sin dejar huellas en sus contemporáneos, a través de su literatura, su oratoria, su participación política, sus ensayos como profeta. Un epílogo, en este caso, jocoso casi.
Dos meses después de muerto Lugones por elección, según comenta más tarde Caras y Caretas, un diario de La Habana publicó un disparate sobre que el poeta estaba vivo y se llegaba a afirmar que el propio escritor argentino había atendido el teléfono para confirmar la noticia:
“El señor Embajador de Cuba, Excelentísimo señor don José Manuel Carbonell, que es íntimo amigo del mencionado escritor platense, nos informó hoy por la mañana que había recibido una carta de su hermano, señor don Néstor Carbonell, ministro de Cuba en Colombia, en la que le informa que al saber la muerte de Lugones se comunicó a la República Argentina pidiendo informes al respecto, contestándole personalmente el escritor Lugones, diciéndole que continúa viviendo con toda tranquilidad en la Argentina y que la noticia de su fallecimiento era falsa.”
La altura del fake es inconcebible, casi de novela: un cuento que Melville o Hawthorne se perdieron de escribir. Y esa imagen que ya no puede uno sacarse de encima, la de Lugones por teléfono o con la pluma informando que sigue “viviendo con toda tranquilidad”.
El mismo periódico habanero, Pueblo, publicaba al día siguiente un “acopio de referencias periodísticas irrefutables de nuestra capital y de Chile, pruebas de la lamentable verdad: Leopoldo Lugones había muerto el 19 de febrero de 1938 y sus restos descansaban para siempre en nuestro cementerio del Oeste.” Y destacaba el semanario que “entre las pruebas que el señor Virgilio Ferrer Gutiérrez brindó a los lectores de ‘Pueblo’ está una reproducción de la página de CARAS Y CARETAS, del número 2056, en la que nuestra revista consignó la infausta noticia e hizo el elogio del ilustre desaparecido.”
Más voces salieron a enmendar el tremendo error del diario de La Habana:
“Lo propio hicieron Enrique Labrador Ruiz, desde el diario ‘Patria’ y Jesús González Scarpeta, desde el diario ‘El Mundo’, ambos de la misma capital cubana, desvirtuándose así, por partida triple, la especie de la resurrección de Lugones.”
Caras y caretas, en la misma nota sobre este caso de periodismo contrafáctico de los años treinta, incluye una carta que acompañaba el paquete con la noticia recibida en su redacción:
“La Habana. Abril 15 de 1938
Señor Director de ‘Caras y Caretas’, Buenos Aires.
Señor: Leí en un ‘Caras y Caretas’ la muerte de nuestro gran poeta Lugones, y digo grande, porque soy argentino, aunque hace algunos años resido en Cuba. Pero, al caso: ahora me encuentro con que el Embajador de Cuba en Méjico, doctor Carbonell, desmiente esa muerte (desmentido que ¡ojalá fuera verdad!) y algunos escritores de La Habana le salen al paso. Incluyo recortes... La cuestión sigue en duda, y yo quisiera que en ‘Caras y Caretas’ me aclarasen definitivamente la verdad. Quisiera el cielo que Lugones viviera y una gran alegría invadiría mi alma... Lo mismo digo, pero al revés, si la noticia es falsa.
Suyo, compatriota y amigo:
Antonio Pérez Jaramillo”
Ante ese pedido, comparte la tan inusual noticia periodística “Caras”, y cumple con la desmentida de rigor:
“…nuestros buenos amigos de La Habana no parecen convencidos aún de la tremenda e irreparable verdad, nuestro compatriota precitado, señor Pérez Jaramillo, se propone ahora dilucidar en forma terminante el asunto. Y he aquí que se dirige a CARAS Y CARETAS para que nosotros ‘Le aclaremos definitivamente la verdad’.
Y ante instancia tan angustiosa como la recibida, tócanos a nosotros (…) dar nuestro fallo definitivo. Y, con dolor, le decimos al compatriota y amigo que nos consulta, que es una cruel y eterna verdad la de la muerte trágica de nuestro admirado poeta Leopoldo Lugones.
En cuanto a su resurrección, por vía diplomática, la consideramos, como dijimos al comienzo, un chiste necrocómlco de algún criollo de mal gusto.”
Este mismo epílogo podría haber sido materia también de alguno de los cuentos de Las fuerzas extrañas, de Lugones, publicados en 1906, como sí lo fue, cuadro de anticipación de su muerte, uno de ellos, La lluvia de fuego: “Reanimado por el vino, examiné mi situación. Era asaz sencilla. No pudiendo huir, la muerte me esperaba; pero con el veneno aquel, la muerte me pertenecía.”
La literatura tiene esa posibilidad de préstamos entre palabras escritas en épocas diversas, y es también literatura el caso de la noticia cubana sobre la reversión del sueño eterno de Lugones, una “resurrección”, como lo ponía Cara y Caretas, con cierto sentido del ridículo.
El sudario trágico sobre el cuerpo de un hombre público tiende a poner a un lado las críticas que se han acumulado contra él. La decisión de la propia muerte podría hablar, entre tantas otras cosas, de autocrítica, de arrepentimiento. Y en nombre de la posibilidad de esas causas, allí queda flotando, como quien dice, un manto de piedad. Que Lugones era hombre público está en el mismo origen del hecho de elegir a Caras y Caretas como índice de su carrera. En este caso, la de alguien que tomó la voz para tallar sus poemas; que se volvió un orador profesional, pronunciando discursos y conferencias; y que también quiso ser profeta, y lo intentó, e incluso cuadro político dentro del espectro autoritario de la derecha argentina. Como escribe el autor Fernando Devoto sobre Lugones, “El héroe era sólo virtuoso en tanto que poeta, no en tanto que profeta y esa distinción siempre aparece a la larga o a la corta cuando el poeta entra en colisión con el clima de creencias dominantes.”