¿Cuerda (vocal) para rato?
Cuando a comienzos del presente siglo arreció la tendencia de los reality shows, nadie pensó que iba a ser un formato que perduraría en el tiempo, sino que más bien se tendía a creer que era otra moda de las tantas que atraviesan la historia de la televisión de los últimos setenta años. Sin embargo, al igual que en su momento pasó con los certámenes de preguntas y respuestas, las telenovelas o los magazines matinales, este tipo de envíos no sólo se sostuvo en pantalla, sino que además creció en cantidad y terminó convertido en la tabla de salvación de la TV abierta.
Mucho ha tenido que ver en eso la capacidad que posee para ensamblarse con el universo online, como espacio que posibilita una interacción con los espectadores y una vía para que no decaiga el interés. Hasta hace un par de décadas, era el teléfono el medio exclusivo por el cual los televidentes podían participar respondiendo a las consignas que se impartían desde la tele, pero hoy hay numerosas maneras de hacerlo y en eso se basa la capacidad de permanencia de un estilo de programas cuyo maridaje con lo virtual es tan pleno como imprescindible para su continuidad.
Pero, claro, las virtudes de lo digital, mucho más fluido y atractivo que la antigua estructura de la TV, han calado hondo en las nuevas generaciones, que han ido haciendo a un lado el control remoto hasta casi ignorarlo por completo y dejarlo en manos de los adultos mayores. Por eso es que también los reality han desarrollado la estrategia de captar potenciales influencers en sus castings, en vez de limitarse a reclutar aspirantes a modelos o a conductores de televisión, como ocurrió en un principio, cuando ese medio de comunicación todavía no se veía afectado en sus chances de supervivencia.
A esta altura de los acontecimientos, con el pionero “Gran Hermano” celebrando sus 25 años de vigencia en los hogares argentinos, cabe preguntarse si le queda cuerda para rato a esa categoría de ciclos, o si estamos asistiendo a los últimos estertores de algo que alguna vez señaló hacia el futuro y que ahora huele a rémora del pasado. Mientras el rating siga viento en popa, pareciera existir una sobrevida para ese invento audiovisual que presupone la emergencia de un puñado de ganadores y de incontables perdedores, en semejanza a lo que viene sucediendo desde siempre con la gente en el mundo real.
Frente a lo que se evalúa como un desgaste de “Gran Hermano” en su edición “Generación dorada” por Telefé, desde El Trece se ensayará a partir de hoy un atisbo de competencia con “Es mi sueño”, que tendrá el típico aspecto de un concurso de talentos, al que se lo lleva a la arena de los reality shows para hacerlo más atractivo. El infaltable Guido Kaczka, la figura residente del canal, será el encargado de conducir esta novedad no tan nueva que apela al método de posicionar a celebridades dentro del jurado, capaces por sí solas de funcionar como imán.
Que, junto a Abel Pintos, Jimena Baron y Joaquín Levinton, se anuncie a la Mona Jiménez como uno de los miembros de ese tribunal que separará a los buenos de los malos, inserta una clave inédita que, al menos en los primeros tramos de la propuesta, será fundamental para que este no sea otro de los tantos programas de igual calibre. De lunes a viernes a partir de las 21.15, los participantes de “Es mi sueño” revelarán sus anhelos más íntimos y entonarán las canciones que han elegido para la ocasión, mientras los jueces evalúan su performance.