Pasar a nafta la acción política
Hace un tiempo se viene discutiendo sobre quiénes son beneficiados por el actual modelo económico, al menos en los meses que lleva el gobierno de Milei. Casi nadie pone en duda que el sector industrial ha sido particularmente golpeado por el cambio de paradigma, con los obreros industriales temiendo por sus puestos de trabajo.
En los planes del gobierno la reactivación industrial vendrá a continuación del despegue del sector primario, que debería proveer de materias primas a las fábricas que pretendan vender bienes terminados al resto del mundo.
El contexto global parece estar ayudando a las actividades vinculadas a la extracción de recursos naturales, particularmente la minería y el petróleo, sectores donde se han anunciado las mayores inversiones para el país. La producción de alimentos es otra de las actividades que está en condiciones de despegar, aunque quizás un poco menos que los anteriores.
Todas esas condiciones globales, sumadas a las mismas consecuencias del modelo económico, afectan a la provincia de Córdoba. El tipo de cambio trae problemas a la venta de servicios al exterior, la caída de la actividad industrial pega en el empleo en toda la geografía provincial y el campo no alcanza a generar los recursos o el trabajo suficiente como para compensar. La incertidumbre en el mercado global del petróleo afecta los precios del combustible, algo que ayuda a las provincias productoras de hidrocarburos y complica a las que -como Córdoba- necesitan llenar los tanques de tractores, sembradoras y cosechadoras.
Afortunadamente, un grupo de diputados nacionales, con el cordobés Carlos Gutiérrez a la cabeza, pretende convertir esa crisis en una oportunidad (un cliché algo gastado, pero no por eso falso). Tras conformarse la comisión de agricultura , Córdoba volvió a la carga con el viejo anhelo de aumentar el corte de biocombustibles en los combustibles líquidos.
El sector se desarrolló fuertemente durante años, pero sufrió un fuerte revés en tiempos de Alberto Fernández, donde el lobby petrolero (y la traición tucumana, que consiguió sostener su aporte con el bioetanol de la caña) consiguió perjudicar a las provincias productoras de biocombustibles achicando su aporte en lo que se vende en las estaciones de servicio. La reacción de la provincia fue usar el aparato estatal para tratar de sostener la industria, no solo como consumidor, sino también incentivando las cooperativas de producción y consumo.
Hoy el contexto global parece estar ayudando para que Córdoba pueda campear mejor un escenario económicamente desafiante, el que está afectando el desarrollo de la provincia y la calidad de vida de sus ciudadanos, pero que aún así no parece hacer mella en la popularidad de Milei y los suyos.
La decisión de Gutiérrez y quienes lo secundan parece indicar que hay una agenda productiva que mantiene los intereses de la provincia en el centro, atentos a la oportunidad que se presenta para tratar de impulsar nuevamente aquel tema importante para cientos de productores cordobeses.
El gobierno provincial ha tenido algunos problemas para hacer pie en el último tiempo, particularmente por ese apoyo que tiene el gobierno nacional y que marca lo difícil que puede ser la diferenciación del producto político que se quiere vender. Hace unos días había un analista que hablaba de lo difícil que es Córdoba para los de afuera, porque cuando se trata de las elecciones provinciales los cordobeses suelen valorar y votar la gestión. Este tipo de iniciativas, que pasan desapercibidas para la población capitalina, son las que le pueden devolver al peronismo el apoyo que menguó en el interior cordobés.