El peso de la copa
Cuando faltan apenas cinco semanas para el comienzo de la Copa Mundial de Fútbol, el clima previo a ese evento nos va envolviendo de modo constante, sobre todo a partir de las campañas publicitarias de productos y servicios que de una forma u otra buscan asociarse al fervor que suscita esa competición. Pareciera que ese factor influye más que lo deportivo en el ánimo de la gente, cuyas preocupaciones -en muchos de los casos- difícilmente puedan distenderse durante el transcurso que va desde el partido de apertura hasta la final de un torneo que esta vez tendrá una extensión mayor a la habitual.
Pero quizás lo que predomina en esta ocasión es un contexto bélico que expande sus consecuencias en todas las direcciones y que impone dificultades a un certamen donde las nacionalidades no sólo van a confrontar en el campo de juego. La pasión futbolística ha sobrepasado hace tiempo la mera justa deportiva y se ha trasladado al campo de la geopolítica, donde se dirimen cuestiones de poder que exceden lo que hagan quienes corren detrás de un balón con el objetivo de alcanzar y vencer la valla del adversario, para atravesar las instancias que los lleven a obtener el triunfo.
Para nada desempeñan un papel secundario en esta puesta en escena los intereses económicos, que siempre acorralan con su persistencia lo que debería ser un pasatiempo popular, hasta convertirlo en un espectáculo masivo que reporta ganancias siderales a quienes invierten en él. Junto al patrocinio, aparecen la venta de entradas, los paquetes turísticos, el merchandising y los derechos de televisación como negocios colaterales de ninguna manera menores en cuanto a su potencial remunerativo. No en vano se produce una compulsa feroz cuando la FIFA tiene que decidir qué país (o países) será la siguiente sede.
En Estados Unidos, que junto a México y Canadá será escenario de la Copa, confluyen no por casualidad el poderío que ejerce en el planeta como una especie de gendarme universal al convertirse en una de las grandes potencias hacia mediados del siglo veinte, y su rol como mentor del desarrollo capitalista occidental. Que justo en esta circunstancia sean sus estadios los que van a cobijar la mayoría de los encuentros, le pone una dosis de morbo a un campeonato que se disputará en el momento menos oportuno, con guerras, genocidios y masacres por doquier, que en ciertos casos involucran a los participantes.
Por debajo de todas estas capas que lo envuelven, el aspecto futbolístico de la contienda motiva la ilusión de los hinchas, que confían en la habilidad de sus cracks para que la gloria corone sus esfuerzos y alcen a la postre el preciado trofeo. Por fuera de aquellas selecciones que se presumen candidatas a campeonar, también se anidan esperanzas de realizar sorpresivas performances por parte de aquellos equipos que generan pocas expectativas y que pueden dar el batacazo, como ya ha sucedido en ediciones anteriores. Si hasta el combinado argentino padeció la derrota frente a Arabia Saudita, al iniciar hace casi cuatro años aquella aventura en Qatar que iba a culminar en un epílogo glorioso.
Luego de repasar los meses que precedieron al último golpe de estado en el podcast “Verano del 76”, diario Alfil se aproxima a la cita mundialista en idéntico formato, a través de la serie “El mundo hecho pelota”. A lo largo de seis episodios, el primero de los cuales estará disponible desde mañana en Spotify, la periodista y locutora Anna Ceballos y el experto en relaciones internacionales Gonzalo Fiore Viani, dialogan sobre las características que tendrá este acontecimiento destinado a captar la atención de millones de personas.
Mientras Anna brinda datos y analiza el desempeño de cada selección en la práctica del balompié, Gonzalo perfila la situación en la que se encuentra cada uno de esos países dentro del concierto de naciones que conforman la comunidad internacional. Porque, tal vez como muy pocas veces, estamos ante un Mundial en el que las coordenadas geopolíticas ocupan un lugar trascendental. Y lo que suceda en la cancha no podrá mantenerse aislado de los hechos que cada día destacan los titulares de las noticias, porque la magnitud de esos sucesos supera incluso la repercusión que desata el fútbol.
“El mundo hecho pelota” procura ofrecer un panorama completo para quienes, además de interesarse por el deporte, pretenden encuadrar la práctica de esa disciplina en el contexto de una época convulsionada por conflictos de la más diversa índole. Si bien algunos, como la guerra, se remontan a los orígenes de la humanidad, han alcanzado un nivel de sofisticación proporcional a la crueldad de muchos que tienen a su cargo la toma de decisiones. Esta vez, el mundial podría no representar una tregua, sino un espacio en el que las batallas continúen por otros medios.