Cultura Por: J.C. Maraddón07 de agosto de 2026

Como las fiestas de antes

Que salones y patios del Centro de Arte Contemporáneo se vieran desbordados por la visita de cientos de curiosos que asistían a la inauguración de la muestra “Bestiario”, admite una lectura que remite a aquellas Mundo Mix de fines de los noventa.

Luego de varios años en los que el abandono y el vandalismo se ensañaron con sus instalaciones, la mansión conocida como Chateau Carreras resurgió a fines de la década del ochenta ochenta bajo el carácter de Centro de Arte Contemporáneo, por iniciativa del artista plástico Antonio Seguí. Para aquella época, ese emplazamiento estaba muy alejado de los centros urbanos y resultaba de difícil acceso mediante el transporte público, que solo aumentaba sus frecuencias cuando había algún evento en el estadio que ahora se denomina Mario Alberto Kempes, o en el Complejo Ferial Córdoba, construcciones ambas que fueron inauguradas con motivo del Mundial de 1978.

Una de las propuestas que supo atraer al público juvenil al museo del Chateau fue la realización en su interior y en el parque adyacente de una serie de tres festivales que señaló un cruce entre la electrónica y las artes visuales, muy a tono con lo que sucedía en otras latitudes. La fiesta Mundo Mix, que floreció entre 1997 y 1998, representó un reconocimiento oficial a la cultura electro que se había apropiado del vértice de la escena de la música internacional y que de ese modo sentaba sus reales en Córdoba, donde hasta ese momento se refugiaba en algunas discotecas.

En su libro “Cooltura cordobesa”, publicado el año pasado por la Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba, Gustavo Blázquez se detiene a recordar lo que fueron esos encuentros, motorizados por el DJ SImbad Seguí y por estudiantes de arte que se inspiraban en las enseñanzas de Marcelo Nusenovich. Las manifestaciones experimentales tuvieron protagonismo en esas jornadas, cuya audacia se justificaba en el hecho de que por tratarse de producciones híbridas, no tenían por qué atenerse a ninguna tradición. Por supuesto, esto fue un enorme aliciente para que el espacio se poblara en su mayoría de gente joven.

Mientras que la vanguardia artística local transitó la primavera democrática sumergida en la oscuridad del underground y se vanaglorió de su prédica antisistema, con Mundo Mix esos creadores alternativos ingresaron en un circuito de mayor visibilidad y se ampararon en una institución oficial que así empezó a cobrar relevancia para un mercado diferente. Fue un cruce de voluntades públicas y privadas que forjaron una iniciativa efímera aunque intensa, cuyas huellas se prolongaron luego en los clubes donde los noctámbulos no sólo bailaban al compás del ritmo, sino que además eran estimulados por una puesta lindante con lo performático.

Han transcurrido casi treinta años desde aquellas ceremonias paganas de Mundo Mix, y lo que fue el entorno cultural y geográfico que rodeaba las celebraciones ha sufrido cambios radicales. Esa zona ubicada al noroeste de la capital provincial cobija hoy urbanizaciones modernas y ha sido delimitada por parques y reservas que la incorporaron de lleno al tejido ciudadano y la impulsaron a abandonar esa especie de aislamiento al que la condenaba asentarse en suburbios cuya lejanía con respecto al centro parecía en aquel entonces un escollo insalvable para las inquietudes de los habitantes de los barrios más alejados del lugar.

Sin embargo, siguió siendo complicado para muchos el acceso a esa oferta museística, a pesar de las bondades de su programación y de la belleza edilicia de ese caserón y de los jardines que lo contienen. La idea original de Seguí de transformarlo en un refugio del arte más reciente, al estilo de lo que ocurre en urbes europeas, ha sido un gran acierto, pero quizás los cordobeses no terminaron de apropiarse de un inmueble que data de 1890 y que le dio nombre a una extensa barriada, donde se albergan algunos los principales atractivos turísticos de la metrópolis.

Por eso, que su salones y patios se vieran desbordados el viernes pasado por la visita de cientos de curiosos que asistían a la inauguración de la muestra “Bestiario, animales reales y fantásticos”, admite una lectura que remite a aquellos rituales de fines de los noventa. No había música electrónica ni se respiraba el perfume de la creatividad subterránea cuando empieza a emerger, pero la muchedumbre era acicateada por un clima festivo no tan fácil de encontrar en estos tiempos cargados de desilusión y falta de iniciativa. El Chateau Carreras se vistió con sus mejores galas y sus corredores lucieron como nunca ante tamaño desafío.

Un total de 95 expositores participaron de la exhibición, que nació de una convocatoria del año pasado de la Agencia Córdoba Cultura, para que artistas de toda la provincia pudiesen mostrar su obra en el Centro de Arte Contemporáneo. Cuadros y esculturas de Antonio Seguí, Carlos Alonso, José Utrera, Juan Longhini, Karem Sayyad, Hora French, Ana Luque, Roger Mantegani y Simón Ibáñez Durán, acompañaron este despliegue inusitado que tuvo su recompensa en la apertura con una asistencia notable. Cabe esperar que, de aquí hasta el 8 de noviembre en que finalizará la exposición, también se haga presente una concurrencia numerosa.

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