Nacional Por: Javier Boher12 de mayo de 2026

Alpargatas no, libros sí

De golpe la CGT parece haber dado vuelta la máxima peronista para marchar en alianza con los dizque intelectuales

Siempre me sentí atraído por los afiches de la Guerra Civil Española. No sé si es por el mensaje político, por la maravillosa aplicación de técnicas publicitarias que luego se usarían para vender productos de consumo cotidiano o por el parecido con los afiches del primer peronismo, pero hay unos colores y una transmisión de una épica que me sigue resultando atractiva.

Hay, sin embargo, algo que me llamó siempre la atención (en un sentido malo). Al identificar a los elegidos para llevar adelante la revolución, muchos afiches identificaban a los obreros y los campesinos a la par de los intelectuales. Es verdad que todos podían estar combatiendo al fascismo y sufriendo su acoso, pero en ese momento no eran tantos los que podían vivir de no usar la fuerza física. La explotación no caía con igual fuerza sobre unos y sobre otros, a la vez que los intelectuales tenían mucho menos para perder que el resto, ya que alguien que vive del conocimiento de puede llevar su trabajo allí donde vaya.

Ayer la CGT anunció que adhiere a la marcha universitaria y no pude evitar pensar en dos cosas. La primera fue que llaman a marchar los que se organizaron políticamente alrededor de la máxima peronista de “alpargatas sí; libros no”. Mi abuela peronista (que hoy tiene 95 años) siempre defendió la frase diciendo que ella se acuerda de los leones trabajando descalzos en el campo y que la prioridad era resolver ese problema. Elijo creer y sacarme el prejuicio de que la educación puede ponerse en primer plano cuando las necesidades económicas apremian.

La segunda cosa fue el de los afiches que ponían a obreros e intelectuales en pie de igualdad, cuando todos sabemos que no existe tal cosa y que la supuesta igualdad es una declaración que desaparece en la práctica. Recuerdo puntualmente dos viñetas de Quino. Una, en la que un señor está usando a un mayordomo de taburete para bajar un libro de Marx de su biblioteca. La otra, aquella en la que el padre de Mafalda dialoga en la playa con alguien que le dice que le gusta porque todos son iguales. Cuando dice que es médico, la viñeta lo muestra en un pedestal.

El apoyo de la CGT a la marcha universitaria se vende de múltiples formas. Por un lado, los que dicen que los obreros quieren ver a sus hijos estudiar. Por otro, los que sueñan con una alianza obrero-estudiantil, esa construcción existente alrededor del Cordobazo y la doble naturaleza industrial y universitaria de nuestra ciudad.

Pero la realidad es mucho más dura y se impone sobre esas visiones ficticias, tal como las de los afiches de la Guerra Civil. Muchos de los universitarios que convocan a marchar llegaron a obtener su título desde una clase media en mejor o peor posición, pero lejos de las clases populares. No, haber estudiado en el Belgrano y haber tomado vino en caja escuchando cuarteto no cambia las condiciones objetivas del punto de partida, apenas si es un cosplay para gente que cree que hay dignidad en la pobreza y lo popular.

En el caso de la CGT marca que la central obrera no quiere pelear contra Milei porque no les tocó las cajas y si la economía se empieza a recuperar a ellos les va a ir bien. Solamente le queda ir a jugar a la oposición en una marcha donde además va a haber gente que se va a emocionar pensando que juntos van a sacar el país adelante.

En todo caso, aquello que me dijo mi abuela sigue siendo tan cierto como cuando lo vio en el campo, tiempo en que muchos dirigentes políticos rechazaban al peronismo por defender que la gente humilde necesitaba alpargatas antes que libros, algo que seguramente se puede ver hoy con otras necesidades que les satisface el gobierno libertario. Es difícil verlo cuando se está tan autoengañado por relatos ficcionales que pretenden vender realidades que en verdad no existen.

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