Cultura Por: Víctor Ramés17 de junio de 2026

Caras y Caretas Cordobesas

El pintor Fernando Fader tuvo reconocimiento prácticamente desde su llegada a Buenos Aires, al regresar de sus estudios en Europa. Su primera exposición era comentada por el semanario porteño, en diciembre de 1905.

Las tres décadas expuestas de Fader 

(Primera parte)

“Caras y Caretas” reflejó en sus páginas, a lo largo de casi tres décadas, la serie de exposiciones que durante su carrera realizó Fernando Fader en la capital de país. No todas esas décadas fueron productivas, ya que el pintor debió desviar su camino por varios años para ocuparse de una empresa familiar en Mendoza.

Fader llegaría a ser uno de los mayores nombres de la pintura argentina, y punto culminante del paisajismo cordobés, a partir de encontrar su lugar en Loza Corral, Ischilín. Llegó al norte cordobés en 1916, por razones de salud, radicándose definitivamente en 1919. De algún modo, Fader le debe mucho al paisaje de Ischilín, y se podría decir lo mismo al revés, ya que Fader reveló al país los colores y las estaciones de la campiña cordobesa, y también enseñó a generaciones a observar y gozar los matices de su naturaleza.

Había nacido en Francia en 1882 y se crió en Mendoza, donde su padre, de origen alemán, construía una usina hidroeléctrica. Estudió artes en París y en Alemania. Volvió al país en 1904 y tomó la decisión de ser un pintor argentino, propósito que cumplió acabadamente.

“Caras y Caretas” se hizo eco del descubrimiento de la valía pictórica de Fader bastante temprano. En 1905 el semanario daba cuenta de la primera exposición individual de Fader, en el Salón Costa, y le dedicaba toda una página con su fotografía y varias obras suyas, el 9 de diciembre. Aquí la transcripción:

“A las muchas y buenas exposiciones pictóricas que se han realizado últimamente, debe agregarse la del señor Fernando Fader, joven pintor de indiscutible mérito, que expone una abundante colección de cuadros en los que, fuera de ciertos detalles, revela un temperamento de verdadero artista, y un carácter viril é independiente. Hay algunas telas hechas á la manera de Sorolla que acusan la presencia de un pincel vigoroso. Por ejemplo, ‘La comida de los cerdos’, que obtuvo el primer premio en la exposición celebrada en Munich, en 1904, es bastante buena.

Con pocas pinceladas, gruesas pero firmes, ha conseguido efectos eficaces. Otro cuadro de Fader que en la misma exposición obtuvo el primer premio, es el titulado ‘Mi perro’. También ‘Calle ltuzaingó’ atrae las miradas. La radiante luz de sol que baña una vereda, es de muy buen efecto. Los ‘Caballos al sol’ y algunos retratos merecen una mención honrosa. ‘Chula’ y ‘Adela’ son retratos trazados con entusiasmo. Si la cabeza de la ‘Chula’ hubiera sido hecha con más cuidado, la obra resultaría completa.

Como hemos dicho al principio, Fader es muy joven, lo que disculpa las lógicas imperfecciones de algunos de sus cuadros que no están en consonancia con el valor de otros, y que deben pertenecer á la primera época de sus estudios, que, por otra parte, sólo datan de hace tres años.

Fader ha nacido en Mendoza, y es hijo de alemanes. Ha sido alumno de las academias de Munich, donde obtuvo las primeras clasificaciones.

No obstante la atmósfera calurosa de estos días una numerosa concurrencia de artistas y aficionados ha visitado el salón Costa donde se exhiben los cuadros de este novel pintor, lo cual revela que el público porteño no es tan indiferente como se lo acusa.

La crítica imparcial ha hecho notar el esfuerzo del joven Fader, sin omitir las bellezas ni los defectos de su obra. Con el tiempo, y con el estudio de los grandes maestros, ha de enriquecer el arte nacional con cuadros de alto precio.”

La madre de Fader era francesa, no alemana, de allí que el joven estudiase en los países de sus dos padres.

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