El Colorado quiere pintar un nuevo paisaje
Finalmente Manuel Adorni le puso fin a la extensa y agónica crisis política que desató en el gobierno. Aunque era algo previsible, la demora sigue siendo inentendible para todos los que miran de afuera, convencidos de que lo más fácil y menos nocivo hubiese sido retirarlo rápidamente del foco de dudas.
Algunos hablarán de cobardía política y otros de masterclass comunicacional por la renuncia poco antes del partido de la selección. Mal que les pese, cada uno tiene su cuota de razón, porque ninguno erra en el centro de la cuestión, que era el objetivo oficialista de minimizar el impacto de la noticia. ¿De cuántos jugadores se ha dicho que eran unos pechofríos pero que leían el juego como nadie?
Hace unos días especulábamos respecto a quién podría ocupar el cargo vacante en el caso de la renuncia de Adorni. No fue Bullrich, pero tampoco quedó tan lejos: Diego Santilli, el colorado, que después de su buena performance encabezando la boleta de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires por la alianza del Pro con La Libertad Avanza se sumó al gobierno como Ministro del Interior.
En la nota hicimos referencia al puesto desde el que llega a la Jefatura de Gabinete. Es el de los acuerdos con los gobernadores, el constructor de apoyo federal para un gobierno. Sus aspiraciones son más modestas que las de Bullrich, porque pretende ser ungido como candidato a gobernador bonaerense para las elecciones del año que viene.
No representa una amenaza para Milei y la fortuna de ambos se encuentra fuertemente entrelazada. La provincia que gobierna Axel Kicillof es uno de los distritos en los que peor mide el gobierno nacional, de allí que la misión de Santilli es muy importante para su carrera personal y para la del gobierno. El Colorado perdió por menos de 20.000 votos las PASO bonaerenses de 2023 contra Néstor Grindetti, el hombre que acompañaba a Patricia Bullrich. La apuesta de Santilli había sido por Horacio Rodríguez Larreta, perfil que la ciudadanía descartó por timorato, de allí que comprendió que debía acelerar para no ser descartado con el mote de tibio, trabajando para la alianza que hoy lo pone como sucesor de Adorni.
Mauricio Macri dijo hace un tiempo que el de Milei es un gobierno fácilmente infiltrable. Así, la gente del Pro sigue escalando posiciones dentro del gobierno, como un entrismo de derecha con el que de a poco se van haciendo con más posiciones de poder. Todavía no están en la verdadera mesa chica, aunque sí en la mesa política.
Cristian Ritondo es el verdadero armador en la Cámara de diputados, Patricia Bullrich maneja el Senado, Luis Caputo en Economía, Sturzenegger en Desregulación, Santilli en Interior y Jefatura de Gabinete y una gran cantidad de cuadros de menor perfil que siguen llenando los ravioles del organigrama nacional.
Recuerdo lo mucho que disfrutaba las clases de plástica en la escuela. Me encantaba combinar los colores, viendo qué maravillosas combinaciones podía hacer. Hoy los que siempre usaron el azul y el rojo para identificarse se han desdibujado tanto que al final la gente terminó eligiendo un gobierno violeta, que resulta justo de la combinación de ambos. Son dos colores primarios que forman un color secundario.
Ahora al violeta se le empieza a mezclar el amarillo, un color complementario. El nombre nos hace pensar que la unión está buenísima, pero depende de la proporción. Si le ponemos mucho amarillo nos queda un tono mostaza. Si ponemos más violeta, un malva. Podría hacer algún juego de palabras con la flor y la salchicha, pero lo voy a dejar para otra ocasión. Ahora me voy a concentrar en lo que resulta más probable cuando combinamos dos colores complementarios, como los de este caso: el color es marrón. Sabrá el lector a qué le recuerda. El Colorado debería tener cuidado al manejar la paleta.