La central obrera le pide a San Cayetano
La CGT salió del letargo y anunció un plan de lucha para el segundo semestre. El mismo va en línea con lo que se viene agitando desde hace unos meses respecto a la destrucción de empleo formal y el cierre de empresas, lo que es percibido por ciertos sectores como una señal inequívoca de los desastres del modelo económico.
Como siempre, todo se trata de perspectivas.
La semana pasada escuché la entrevista de Luciana Vázquez al analista Luis Costa, quien aseguró que según sus mediciones el crecimiento del autoempleo y la informalidad no es vivido como una tragedia por quienes entran en ese universo, sino que incluso es una realidad deseable.
Ciertamente el crecimiento de la informalidad no es una buena noticia si pensamos en los aportes jubilatorios o en el sostenimiento de las obras sociales, pero es la consecuencia lógica de años de construcción de un país en el que los trabajadores formales de los niveles más bajos no pueden salir de la pobreza.
Aunque supo adaptarse al surgimiento y consolidación del movimiento piquetero, las plataformas se convirtieron en una forma de vida que el peronismo no puede terminar de descifrar. No entiende a esos trabajadores, sus necesidades y aspiraciones, de allí que pretende forzarlos al corset sindical que aplicaron a otras ramas de la economía y que poco a poco tiene menos cuerpo para apretar.
En ese contexto de aspiraciones laborales cambiantes, fracaso de las formas tradicionales de representación, deterioro de la unidad peronista y cierto apoyo popular al gobierno libertario, las centrales obreras deben hacer equilibrio para no dejar de presionar a Milei y tratar de obtener concesiones que les aseguren algunos años más de vida, tal como ocurrió cuando se negoció la sanción de la reforma laboral.
Hoy la CGT, la CTA y la UTEP son tres caras de lo mismo, un peronismo que dejó de representar a los trabajadores para quedarse discutiendo sobre pequeñeces partidarias y candidaturas en elecciones que a muchísima gente no le importan. Ya lo he dicho varias veces, pero se han radicalizado en el sentido de sus antagonistas de boina blanca, preocupados por la convención, el comité o uno de los 300 órganos que tienen y solo le importan a los profesionales de la política.
El plan de lucha de la CGT incluye cuatro instancias, entre las que están sumarse a la próxima movilización de los jubilados de los miércoles y a la que vendrá por San Cayetano. Las otras dos todavía deben definirse, casi replicando el modelo de Milei para el feriado por el mundial anunciando un evento contingente.
Este tipo de movidas de la central obrera más grande del país se parecen mucho a la edad de sus líderes, que ya están en la etapa en la que antaño se debía tramitar la supervivencia para seguir cobrando sus haberes. Hoy hacen anuncios de este estilo para que la gente recuerde que siguen vivos, porque en realidad les da fiaca cambiarse las chinelas para salir a la calle.
Quizás termine el año y las dos movilizaciones restantes no ocurran nunca. O tal vez hagan una para el 17 de Octubre y otra recibir al Papa en noviembre, dos cartas distintas de la misma liturgia que les servirán para decir que cumplieron con su promesa.
Los cambios en el trabajo llevan a cambios en la organización. Tratar de aplicar las mismas recetas y sostener la intransigencia respecto a los modelos del pasado los condena a una lenta y progresiva atrofia del músculo peronista que ocupaba la calle. Quizás van a pedirle a San Cayetano que les cuide las secretarías generales por un tiempo más.