Nuevas chispas con China
Nadie sabe muy bien cómo encarar el fenómeno de China. Es uno de los motores del capitalismo del siglo XXI, pero bajo una dictadura de partido único. Es una dictadura, pero la gente no pide democracia. Está a la vanguardia en las tecnologías de la comunicación, pero sus habitantes no tienen libertad para comunicarse (entre ellos y con el mundo) sobre lo que pasa fronteras adentro.
Ni la economía, ni la ciencia política saben bien cómo entrarle al tema, algo que también le pasa a varios gobiernos del mundo. Puede ser un socio muy conveniente, aunque en ocasiones termine aprovechando su posición dominante para sacar ventaja. Se siente potencia y trabaja para ser la única.
La derecha trumpista decidió ponerse completamente en contra del gigante asiático difundiendo información falsa y celebrando la política exterior del presidente norteamericano. El mismo Milei estuvo en esa posición hasta que le tocó gobernar, lo que viene haciendo con bastante muñeca a pesar de sus recurrentes viajes al exterior para juntarse con sus amigos de la internacional conservadora.
El último episodio de los problemas con China llegó de la mano de un posteo del director de comunicaciones digitales Juan Carreira, Juan Doe en Twitter. En el mismo responsabilizó al régimen comunista por la tragedia de las inundaciones de Nepal y Tíbet, lo que fue repudiado por el gobierno chino y motivó la convocatoria al embajador argentino en aquel país. El funcionario no pudo hacerse presente porque estaba en la zona prohibida de Xinjiang, región donde el gobierno central tiene un conflicto con la minoría musulmana.
Todo parece una discusión entre locos. Twitter se llenó de defensores del régimen comunista, quizás porque les gusta la idea de una dictadura de partido único. Son incapaces de reconocer que no hay ciudadanos con derechos civiles o políticos, de ahí que no se pueda hablar de democracia. Lo pueden admirar todo lo que quieran, pero no pueden decir que es un régimen superior a los occidentales.
Del otro lado del muro, los fanáticos de Estados Unidos no pueden aceptar que ya hay un rival de peso para los norteamericanos y que puede ser una ayuda para el desarrollo. Dicen ser cultores de la realpolitik, pero sus banderas ideológicas los hacen olvidar los intereses del Estado nacional para contradecirse permanentemente.
Sea dictadura o democracia, aliada o rival, China es un fenómeno que no se puede pasar por alto. Hay que manejarse con cuidado y sacarle todo el provecho que se pueda pero sin entregarse atado.