Cuidado con los cambios electorales
El objetivo central de un sistema electoral es traducir la voluntad popular en representación. No hay ningún sistema perfecto y todos generan algún tipo de distorsión, de allí que cada partido o espacio político tenga alguna preferencia al respecto.
Un caso clave es el de la unicameral cordobesa. Recuerdo un panel de hace unos 20 años en el que Francisco Fortuna defendía el sistema cordobés diciendo que era igual al alemán, a pesar de que son realmente distintos en prácticamente todos los sentidos posibles. El elemento más importante es que 23 de los 26 legisladores departamentales han solido ser del peronismo, modificando radicalmente la distribución de bancas resultante del tramo que considera la provincia como un distrito único.
Esto se puede observar en cada caso, con cada nuevo gobierno nacional proponiendo cambios que considera podrían beneficiarlo frente a sus competidores. Por caso, los libertarios tratando de avanzar con una nueva suspensión de las PASO (o si completa eliminación).
Las primarias obligatorias fueron instauradas por el kirchnerismo tras la derrota legislativa de 2009. La intención era concentrar la intención de voto de las elecciones generales en dos polos, reflejando lo que pasa en cualquier democracia: una parte gobierna y la otra se opone.
Desde entonces, el mecanismo ha favorecido ampliamente al polo no peronista, que ha podido concentrar sus fuerzas haciendo un voto útil que resulta imposible de coordinar sin una instancia de ese estilo. No hay que darle tantas vueltas a los números: hubo siete elecciones PASO nacionales desde 2011, dos ganadas por el peronismo nacional, una por la oposición desperdigada y cuatro por el no peronismo (incluyendo el hecho atípico de dos elecciones presidenciales).
Hoy pretenden eliminar un instrumento que le ha resultado beneficioso a los que no solían ganar elecciones con el objetivo de recuperar mecanismos (como las colectoras o la ley de lemas) que siempre han favorecido al peronismo. Es insólito.
Gobernadores
Elección tras elección de va asistiendo a la profundización del fenómeno del desdoblamiento electoral en las provincias, generando un largo cronograma de elecciones entre distritos que van poniendo la fecha que más le conviene a los gobernadores para mantener andando sus feudos. Esto conlleva el debilitamiento de los partidos nacionales y el fortalecimiento de los provinciales, lo que le da más poder de negociación a los gobernadores frente al poder central, pero que también dificulta la acción monolítica y coordinada entre los gobernadores. Es un perfil más federal que el de una fecha única para votar los tres niveles de gobierno, con el efecto arrastre que eso implicaba para ganar elecciones y para la consolidación de los partidos.
Quizás en ese sentido se podría avanzar en una simplificación del calendario electoral con una única fecha para que voten todos los municipios y otro para que voten todas las provincias, algo que sería asimilable a las elecciones legislativas nacionales de medio término. Se puede hablar de ganadores y perdedores nacionales según los partidos que ganen en más lugares, pero cada elección es de un distrito en particular, con una realidad propia.
Aunque es importante rever las leyes y los mecanismos usados como correa para que la voluntad popular se vea reflejada en el gobierno, hacerlo ante cada cambio de color político tampoco es saludable. Los que están con ganas de ponerse a hacer ingeniería electoral deberían pensar un poco más en qué resultado puede derivarse de esos cambios. Quizás hoy sea el que ellos esperan ver, pero deberían tener en cuenta lo que puede pasar si en algún momento ganan los otros.