Nacional Por: Javier Boher29 de julio de 2026

Ni nuevo ni raro

Un nuevo estudio de la UBA reflejó algo que ya se viene viendo desde hace muchos años 
 

A esta altura la realidad ya no sorprende a nadie, pero a todos les gusta actuar con una mezcla de sorpresa, indignación y preocupación. Es un reflejo condicionado de la mente colectiva progresista y con conciencia social, ese sentido común tan extendido entre todos nosotros. ¿Cómo puede ser que casi la mitad de los jóvenes entre 18 y 29 años viva en situación de vulnerabilidad?

Así se desprende de un informe elaborado por la Universidad de Buenos Aires, la prestigiosa institución que tanto ha estado en el centro de la escena por las marchas por la ley de financiamiento universitario. 

Los lamentos que se escuchan apuntan a la situación económica de estancamiento, al plan económico del gobierno o a una combinación de ambos. Quizás haya un deterioro respecto a años anteriores, pero lo que refleja ese informe está lejos de ser una novedad, sino más bien la regla de los últimos 15 o 20 años. Incluso desde antes, cuando se adoptaron políticas públicas como pedir el certificado de escolaridad para la AUH, las becas Progresar o el Plan Fines. Esto de los Ni-Ni ya era un tema cuando no había plataformas de delivery, redes sociales ni políticas de liberalización.

Más allá de detenerse en los números concretos acerca de cuántos trabajan, cuántos lo hacen en blanco o cuántos no hacen nada, voy a ir a algo mucho más mundano, un tosco ejercicio de sociología electoral.

El grupo identificado en la muestra tenía entre 15 y 26 años la última vez que se votó a presidente. Las distintas encuestas que circulaban en 2023 sobre el voto a Milei recogían que más del 50% de los jóvenes de entre 16 y 24 años (hasta el 60% según algunas encuestadoras) preferían al actual presidente por sobre su rival, Sergio Massa, al que superaba por entre 20 y 30 puntos.

Seguramente mucho de ese voto haya sido de gente que no estaba en situación de vulnerabilidad, pero decir que todo el voto libertario está en ese grupo sería ponerle un sesgo clasista que definitivamente no tuvo. ¿Cuántos de los que caminaban por ese fino límite entre la pobreza y el umbral inferior de la clase media se habrán caído o habrán subido desde entonces?¿Cuántos habrán reafirmado o revisado su apoyo a Milei?

Las encuestas marcan que la franja de edad del informe de la UBA sigue apoyando a Milei por encima de la media nacional, unos 10 puntos por encima del segmento que le sigue, el de los 30 a los 40 (los que pudieron vivir los años del atraso cambiario, los subsidios y los planes del kirchnerismo). Aunque levemente, todavía supera el 50% de aprobación en esa franja.

Sería un error volver a generalizar, incluso aunque se hiciera en sentido opuesto. Creer que todo el voto libertario está entre esos más vulnerables que están desconectados hace rato del sistema educativo y el mercado formal de trabajo también sería ponerle un sesgo que no tiene (aunque mucho más elitista que en el caso anterior). Ese apoyo fluye por todos lados, pero necesariamente abarca una buena parte de esos jóvenes vulnerables que quizás desean salir de esa situación y por eso sostienen su apoyo a la gestión.

En este punto, hay algo interesante del politólogo Facundo Cruz: cada vez que cae la imagen de Milei entre los jóvenes, ese apoyo no va a ningún lado, solo a la apatía o la desconexión. Los jóvenes se activan con el Milei que les da lo que votaron y se alejan cuando el presidente se enfoca en otras cosas o se desgasta con los casos de corrupción.

El panorama socioeconómico no es una novedad. Una juventud desmovilizada o apática tampoco. Si se llegan a juntar esa sensación de que no hay un futuro promisorio con una confirmación a través de una mala calidad de vida, ahí seguramente aparezca algo nuevo y no sea precisamente una buena noticia.

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