Quintela y su campera de jean nevado
No hacía falta, pero igual lo dijo. La entrevista ya había terminado y el periodista lo estaba despidiendo, pero él pidió agregar algo más. Ahí fue cuando Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, dijo que hay que advertir a los inversores que “el peronismo va a revisar todo”.
Después siguió embalado, ante la cara del periodista Ari Lijalad que parecía no dar crédito a lo que estaba escuchando. “Lo que haya que nacionalizar, lo vamos a nacionalizar. Lo que haya que expropiar, vamos a expropiar”. Luego cerró diciendo que no se entusiasmen con este señor (por Milei) que está desequilibrado.
Hace menos de una semana falló la convocatoria de Quintela al peronismo nacional para recordar al padre Angelelli. Lo que pretendía hacer pasar por una reunión federal para mostrar fuerza contra el gobierno nacional terminó siendo lo mismo de siempre, un puñado de personas sobreideologizadas dándose manija sobre convicciones que tienen en ese círculo y que nadie comparte por fuera del mismo.
Las afirmaciones del gobernador riojano son una muestra de cuánto más fácil la tiene el gobierno de Milei cuando estás facciones abren la boca, abonando la tesis de Carlos Pagni de que Cristina Kirchner está dispuesta a destruir las chances del peronismo si no es su dedo el que define las candidaturas de la principal oposición a La Libertad Avanza. El hecho de que Quintela salga a anticipar que estarían dispuestos a revisar, nacionalizar o expropiar todo solamente aumenta el flujo de recursos para que la campaña oficialista sea más efectiva que la del otro lado.
Cada uno está en todo su derecho de opinar lo que quiera, pero parte de la habilidad de un político (o quizás la más importante a desarrollar) reside en saber cuándo hablar y cuándo callar, entendiendo que las palabras pueden viajar mucho más lejos que la audiencia de un momento dado en un streaming. Como dijo Groucho Marx, “mejor callar y pasar por tonto que hablar y despejar las dudas”.
Si el peronismo quiere tener algún tipo de posibilidad el año que viene debería callar para no demostrar que se babea por poner las manos encima de lo que empiecen a generar las inversiones que han llegado al país. También existe la posibilidad de que Quintela se sepa con problemas para enfrentar el proceso del año que viene contra los Menem y la ola libertaria, de allí que extreme sus propuestas y busque polarizar aún más con ellos.
En cualquier caso, su agenda es exactamente contraria a la que votó la gente hace tres años, por lo que prometer hacer lo mismo difícilmente tenga un resultado distinto al de las dos últimas veces. Es como el cincuentón que va a los recitales con su campera de jean nevado creyendo que va a levantar como a los 20. Por más que se sienta el más fachero del lugar y consiga que alguna le dé bola, la mayoría lo va a ver y se va a reír por dentro, con un dejo de lástima y un poco de ganas de hacerle sentir que es un picante bárbaro como para levantarle el autoestima.
Quizás el ciclo de Milei se termine antes de lo que imaginan sus partidarios, no lo podemos saber de antemano. Lo que probablemente ocurra es que la alternativa que lo suceda no sea precisamente una con todas las facciones más duras y extremistas del kirchnerismo, sino una que se oponga a lo que la gente rechaza en el gobierno actual (que no es precisamente lo económico).
El peronismo viene sufriendo hace un par de años la desconfianza que genera en los inversores y en la gente común. El hecho de que Quintela no se dé cuenta de que espanta a todo el mundo debería encender las alarmas de aquellos peronistas que tienen ganas de volver. Por más que insistan, los que vienen no son años para la campera de jean nevado.