Nacional Por: Javier Boher10 de septiembre de 2026

La edad de imputabilidad y los políticos miedosos

La discusión sobre la edad a la que los menores deben ser castigados por los crímenes ayuda a saber quiénes prefieren evitar los grises

Podría hacer acá una lista de todos los casos de homicidio en los que estuvieron involucrados menores, pero a esta altura ya no hace falta probar el punto de que hay menores que cometen delitos aberrantes y se terminan escapando por las grietas de un sistema que ha decidido dejar de castigar a los que transgreden las leyes y normas. Argentina tiene un problema con sus adolescentes, que no trabajan, no estudian y no buscan hacer ninguna de las dos cosas. Jóvenes sin visión de futuro, viviendo al día y sin tener a la muerte.

La baja de la edad de imputabilidad despertó un amplio debate en todo el país, con el progresismo aferrado a la visión inocente de las cosas y defendiendo comportamientos contrarios a todo principio de vida en sociedad. Si, es cierto que no todos tienen las mismas oportunidades, pero eso no puede eximir a alguien de cumplir la pena que le corresponde por violar las normas.

El lunes el gobierno nacional reglamentó la ley a través de un decreto, pero la aplicación de la norma se suspendió en la provincia de Buenos Aires porque la jueza Marta Elba Pascual dio lugar a una acción presentada por un cura villero respecto a que no están dadas las condiciones para que el Estado pueda empezar a encerrar menores sin vulnerar sus derechos.

Aunque acá en Córdoba no cambió nada (y allá en provincia de Buenos Aires ya hubo un fiscal que apeló la decisión) el foco debería estar puesto en la incapacidad real de algunas personas para aplicar la ley e impartir justicia adecuadamente. Se viralizó un video de la misma jueza alardeando de ser la que dan las penas más leves de la provincia, justo después de decir que empezó a hacerlo tras haberle dado 25 años de prisión a un menor que había violado a su bebé hasta matarla. Pondría mayúsculas para representar gritos de ira, pero no es el estilo que se suele usar en un diario.

¿Qué clase de problemas tiene una persona capaz de hacer ese recorrido de volverse más flexible después de haber tenido a cargo un crimen tan aberrante? Seguramente tiene la misma condición que esas mujeres que le mandan cartas a los asesinos seriales, porque de otro modo no se entiende. Por mí que hagan lo que quieran, menos ser juezas.

Está claro que solamente con castigar no se resuelve el problema, pero separar de la sociedad a los que cometen homicidios, robos y violaciones hace que todos vivan más seguros. Con ese tipo de personas en la calle después hay que aguantar que salgan los mismos garantistas (en el sentido peyorativo de la palabra, sin negar la importancia fundamental de las garantías) a decir que deberíamos hablar con nuestros amigos en los asados para terminar con el machismo. En otras palabras: personajes como la jueza que siente lástima por mandar a la cárcel por 25 años a un violador y asesino después dicen que ese tipo de violencia es culpa del patriarcado y el machismo. Absurdo.

Hoy los políticos de carrera están con tanto miedo de contradecir a las encuestas y a sus bases que se manejan en el terreno de los grises. No tienen convicciones y deciden ir flotando en un universo de indecisión para ir viendo qué pasa. No pueden definir rumbos ni discusiones políticas, de allí que los personajes frontales hasta la revulsión empiezan a copar el centro de la escena. No se trata de los modos, sino de poner definiciones que le lleguen a la gente. Por ejemplo, que el que roba, mata o viola tiene que ir preso sin importar su edad. O que la jueza tiene razón. De un lado o del otro, porque a los tibios los vomita el diablo. Tan simple como eso.

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