El síntoma que faltaba
La asociación de MTV con la música de rock fue instantánea desde que la cadena televisiva comenzó sus emisiones hace ya 45 años. Con el videoclip como nuevo soporte para la difusión musical y con el rocanrol como el género favorito de los jóvenes, no hizo falta demasiado esfuerzo para que ese estilo sonoro y ese canal de videos confluyeran en su objetivo de captar los favores de un segmento del mercado que en aquel entonces estaba ávido de estímulos audiovisuales que lo sorprendieran y que le ofrecieran opciones de entretenimiento para ocupar sus horas de ocio.
Después, la década del ochenta decantó con mayor énfasis hacia el pop y resultó lógico que MTV acompañara esa trayectoria del gusto popular y programara en alta rotación las canciones que iban en ese sentido. Si bien hubo una merma en la primacía estrictamente rockera, ese tipo de música nunca se ausentó de su pantalla, a pesar de que el público rocanrolero más recalcitrante comenzó a alejarse de esa señal televisiva, a la que consideraba demasiado complaciente y apegada a los hits de moda, a la vez que marginaba de sus horarios centrales la tendencia que había sido predominante en sus inicios.
Entre finales de los ochenta y comienzos de los noventa, el rock de guitarras experimentó un resurgimiento con Bon Jovi, Guns N’ Roses, Metallica y el grunge, lo que inspiró un giro en la programación de MTV que la disparó en la misma dirección. Las antenas de sus responsables artísticos habían detectado antes que nadie esa variación y no se resignaron a perder una franja de televidentes que manifestaba su predilección por intérpretes de raíz rockera, sin que esto implicase dejar afuera el pop ni las flamantes vertientes como el rap o la electrónica, que también empezaban a sumar adeptos.
Institucionalizada como una referencia para la industria de la música internacional, en 1984 MTV se había lanzado a organizar la entrega de los Video Music Awards, como culminación del ascenso que había tenido ese formato en la consideración de la gente. Fueron antológicas las presentaciones en vivo durante las ceremonias, de las que eran las principales estrellas de ese periodo, como Madonna, Whitney Houston o Michael Jackson, representativas de una época de oro para esos ídolos que se destacaron tanto por sus canciones como por los clips que apoyaban esos lanzamientos y que constituían verdaderas obras maestras del arte visual.
Pero en 1989, a tono con los nuevos vientos que empezaban a soplar, MTV incorporó en esos galardones la categoría de Mejor Video de Heavy Metal (luego acotada a rock), que en aquella primera ocasión tuvo como ganador a Guns N’ Roses con “Sweet Child o’ Mine”, en competencia contra “Rag Doll” de Aerosmith, “Pour Some Sugar on Me” de Def Leppard y “One” de Metallica. De ahí en adelante, nombres como Pearl Jam, Soundgarden, Korn, Limp Bizkit, Linkin Park, Green Day, Foo Fighters, Twenty One Pilots o Red Hot Chili Peppers se anotarían en el listado de los que se alzaron con la codiciada estatuilla.
El paso del tiempo, de forma implacable, se ha hecho sentir sobre esas distinciones y sobre la propia MTV, que desde este año ha dado de baja sus filiales en muchos países y que ha reemplazado por reality shows la divulgación de videoclips, cuyo lucimiento encuentra mejor vidriera en YouTube desde hace por lo menos veinte años. Esa medida de la cadena que ahora pertenece a Paramount fue evaluada como un signo de que algunos productos que fueron clasificados como “modernos” en el siglo veinte, están cayendo en desuso y sus responsables no saben cómo hacer para que la debacle no sea tan estruendosa.
Sin embargo, no es solo MTV la que ha entrado en decadencia: el mismísimo rock, que en su esplendor se imaginaba eterno, ha ingresado en un cono de sombras del que no estaría pudiendo salir. El desgaste lógico, tras más de siete décadas de permanencia en el candelero, está derribando el mito de su inmortalidad y, hasta el momento, no se avizora la posibilidad de un reflote inminente. Quienes supieron ser sus receptores naturales, los que se hallan en la edad juvenil, no tienen el apego suficiente como para recrear esa especie de culto que existía a su alrededor en la pasada centuria.
Como síntoma de ese fenómeno, los VMA que otorga la emisora de televisión estadounidense alguna vez preferida por los adolescentes, han resuelto eliminar la terna de Mejor Video de Rock en su edición de 2026, anunciada para el próximo 27 de septiembre en el Peacock Theatre de Los Angeles. Al conocerse esta semana los nominados, se hizo notoria la ausencia de ese ítem, sin que los organizadores brindasen ninguna argumentación para explicar por qué tomaron una decisión tan drástica. Más allá de ese silencio, es obvio que el rocanrol ya no es lo suficientemente lucrativo para un negocio que, como tal, se guía únicamente por los números.