Municipal Por: Felipe Osman24 de agosto de 2026

El “segundo tiempo” de Daniel

La reestructuración de la deuda en dólares cambió el aire en el Palacio 6 de Julio. El passerinismo cree que, liberado del ahogo financiero de los primeros años, podrá desplegar el plan de gobierno que dejó en suspenso y ganar margen político propio.

El crédito de 120 millones de dólares que la ciudad consiguió, con garantía de la Provincia, para reestructurar la deuda tomada por Ramón Mestre y rolleada por Martín Llaryora entusiasma a la gestión municipal, que empieza a ver atrás la tormenta. “Ahora sí -confiesa un entusiasta- vamos a poder hacer lo que vinimos a hacer”.

Para contextualizar la frase hay que repasar, al menos por arriba, el escenario para el que el equipo de Daniel Passerini pensaba asumir el control de la ciudad y el que finalmente encontró el 10 de diciembre de 2023.

En julio de ese año, Hacemos Unidos redondeaba una gestión municipal que podía presentar como exitosa, liderada por Martín Llaryora y segundada por Passerini. Había sabido transformar el aislamiento social impuesto por la pandemia en una oportunidad para avanzar con importantes reformas en la política de Recursos Humanos, recuperando parte del poder que las anteriores gestiones habían cedido ante el Suoem. Pero, además, los acuerdos de cooperación firmados con la Provincia, la obra pública ejecutada por la gestión provincial en la capital, y los fondos y obras que llegaban desde la Casa Rosada habían conseguido modelar la percepción de los vecinos.

Bajo el eje de la recuperación y puesta en valor de los espacios públicos y la tracción de la figura de Juan Schiaretti, el oficialismo hilvanó el traspaso generacional del poder provincial y retuvo la capital. Pero el cordobesismo jugó plano en el tablero nacional y dividió al peronismo. Cuatro meses después supo que vendrían tiempos de cambios profundos.

Instalado en el poder central, Javier Milei eliminó el Fondo Compensador del Transporte, paralizó la obra pública con financiamiento nacional y redujo drásticamente las transferencias discrecionales a provincias y municipios. La poda alcanzó también a fondos fiduciarios y programas nacionales que financiaban prestaciones sanitarias, educativas y sociales.

El retiro nacional trasladó una mayor demanda hacia las administraciones locales. Al mismo tiempo, la recesión provocada durante la primera etapa del plan de estabilización redujo la recaudación propia de las jurisdicciones subnacionales.

A esas consecuencias se sumaba que el peronismo, ávido de alcanzar la transición Schiaretti-Llaryora en la Provincia, le había endosado la deuda de Mestre al próximo intendente, limitando significativamente su margen de maniobra.

Para los passerinistas, Passerini había quedado atrapado entre el recorte del Gobierno Nacional y la deuda que le habían legado sus predecesores. Una suerte de “zugzwang” financiero del que no podía salir si el Gobierno Nacional no habilitaba la toma de nueva deuda en dólares para reestructurar la anterior.

Pero los buenos oficios de la Provincia despejaron ese problema, y ahora en la Municipalidad creen que empieza otro partido. Que la posibilidad de una mejoría clara en la gestión abrirá un “segundo tiempo para Daniel”. Y ese optimismo no tarda en percibirse entre quienes ocupan altos lugares en el esquema municipal.

El alivio, debe decirse, no consiste en la aparición de recursos frescos para gastar. Los 120 millones de dólares serán destinados íntegramente a cancelar pasivos existentes y reemplazar deuda de corto plazo por financiamiento a cuatro años.

La operación no agranda por sí misma la caja municipal, pero evita que recursos corrientes deban ser ocupados en pagar deuda, despeja vencimientos, reduce el riesgo de refinanciación y libera capacidad de administración durante el último tramo del mandato.

“Bajamos la deuda de la ciudad 35 millones de dólares, el próximo intendente tendrá una ventana de ocho meses para encarar el pago del primer vencimiento. Son condiciones mucho mejores que las que nos tocaron a nosotros”, reivindica un funcionario municipal.

En el Palacio 6 de Julio interpretan ese alivio financiero como algo más que una mejora contable. Creen que permitirá poner en valor lo realizado, recuperar autonomía administrativa y ensanchar los márgenes políticos y discursivos.

Entienden que los cambios de gabinete que se hicieron a mitad del mandato dieron buenos resultados, y aseguran ver una mejora en la imagen de la gestión y del propio Passerini. Ya no se calificarían con un cuatro, y confían en que pronto no solo quedarán “aprobados”.

A ese nuevo margen financiero suman el convenio de obras por 130.000 millones de pesos acordado con la Provincia, equivalente a casi el 12 por ciento del presupuesto municipal de 2026. En el passerinismo confían en que la intervención municipal en la definición territorial de esas inversiones permitirá mostrar resultados concretos durante el tramo final de la gestión.

Otro, también entusiasmado, avisa “Ahora Daniel podrá desarrollar los ejes de su plan político y de gobierno que estaban en suspenso por la situación económica y financiera que lo condicionaba”.

También marcan la injerencia directa del Intendente en el armado de la capital, en la reciente redefinición de autoridades partidarias del PJ, un mayor volumen político en las conversaciones que mantiene con sus allegados, y la sospecha de que desde el PJ Nacional lo miran y buscarán “tender puentes” con él.

El intendente guarda cautela. Sabe que falta mucho todavía para avanzar en algún camino, pero también que su posición con los intendentes de las ciudades más grandes, cuando hubo que plantársele al Gobierno libertario, le dio visibilidad nacional.

Las redes sociales, oficiales y no oficiales del passerinismo, empiezan a revelar esta renovada fe, pero en el Palacio Municipal mantienen la prudencia. Y priorizan, ante todo, la alianza con el gobernador.

  

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