La (peor) escuela posible
Hace un par de semanas el gobierno de Córdoba decidió pagar un bono a las maestras por los buenos resultados en las pruebas Aprender. La intención declamada era reconocer la tarea docente, aunque en realidad era una fichita para la campaña nacional del gobernador.
Ahora llegaron los resultados de las pruebas PISA -que miden el rendimiento escolar en países alrededor del mundo- y los datos son catastróficos. Argentina es uno de los peores países evaluados en América Latina, perdiendo contra todos los vecinos (para los que se preocupaban por la comparación con Perú).
Hay un extra que se menciona poco y debería ser tenido en cuenta: la muestra solamente se hizo tomando CABA, porque el resto del país mostró falencias metodológicas en la implementación. Es decir que la muestra está sesgada porque usa al distrito más rico del país, el que hace podio en todas las evaluaciones del operativo Aprender. Es una desgracia absoluta.
Educación y demografía
En el último episodio del podcast Fenómeno Barrial los conductores dialogan con Rafael Rofman, especialista en demografía. Aunque el foco empieza puesto en la caída de la natalidad, finalmente terminan hablando de la importancia de la educación para mantener altos niveles de productividad. No se puede pasar a una sociedad en la que nacen pocos chicos y hay mucha gente muy longeva si no se encuentra la manera de que los que producen generen suficiente riqueza como para mantener a mucha gente que ya pasó sus años de trabajo y demanda mayor gasto de la seguridad social.
No se trata solamente de pensar la educación como una herramienta de progreso y superación individual, sino como una necesidad de todo el conjunto de la sociedad para asegurar su propia supervivencia. Hubo una época en la que estaba claro que el desarrollo se nutre de la educación, pero se encargaron de liquidar la idea.
Anarquía en la escuela
Ese es el título de una canción de Flema, una legendaria banda punk argentina, que se pronuncia de manera violenta en contra del sistema escolar. Hace casi 30 años Ricky Espinosa le ponía voz a ese enojo juvenil cantando: “No va más / basta ya / no soporto la escuela. /
Días aburridos / prisioneros (...)
hoy vamos a enloquecer / no somos autistas como ayer (...)
Escupiremos al director / y mearemos al celador / incendiaremos todas las aulas / anarquía en la escuela!!! /
Agarraremos los profesores / los colgaremos de sus corbatas / en sus cabezas haremos caca / anarquía en la escuela!!!”
Hoy parece que nuestros pedagogos le hubiesen hecho caso. Se destruyó el principio de autoridad; docentes y directivos le temen a las denuncias y acusaciones de los padres. Las amonestaciones no tienen peso real y no se puede sacar a un alumno del aula si se porta mal. Un alumno que copia no puede tener automáticamente un uno, del mismo modo que incluso si se lo sacara tendría dos instancias de recuperación del contenido. Si se lleva la materia solamente rinde los temas pendientes, porque no se puede tomar el programa completo.
Se destruyeron las nociones de la disciplina, el mérito o el esfuerzo y todo da lo mismo. Ir o no ir a clases da lo mismo.
La escuela recibió la misión de contener y se llenó de gente con procesos de inclusión que en realidad no incluyen, porque lo único que importa es que en los papeles diga que están dentro del sistema. Lo peor es que todavía no tocamos fondo y tenemos mucho más para hundirnos.
Esto se resuelve con mejores docentes, para lo que es fundamental dejar de expulsar a los más valiosos con malos sueldos y programas y burocracias inutiles. Antes de seguir poniendo parches en el sistema hay algo sobre lo que los políticos deberían tomar nota: la escuela de hoy no prepara para el futuro porque ni siquiera está preparando para el presente.