Llaryora con Natalia y Passerini con Kicillof: ¿el panperonismo se acerca?
En política, determinadas fotos se cuidan como documentos públicos y ayer el peronismo cordobés protagonizó dos que corresponden a gestos de Martín Llaryora y del intendente Daniel Passerini para con el panperonismo no cordobesista. Las interpretaciones, como siempre y como se sabe, se dispararon. Por un lado, el gobernador asistió a la misa en memoria de José Manuel de la Sota que organizó la diputada Natalia de la Sota, su hija menor, que en 2025 lo desafió por fuera de Hacemos Unidos, y con quien la relación está enfriada pero no rota.
Por otro lado, Passerini posó con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, que cerró el Congreso de Juventudes de La Plata que organizó el intendente local, el peronista Julio Alak, un evento que también fue gestionado por la administración cordobesa y que coincidió con el 50 aniversario de la trágica Noche de los Lápices, el secuestro de estudiantes secundarios por la patota de la dictadura en La Plata.
El viaje del intendente capitalino a los pagos de Alak había sido anunciado por él mismo un día antes, pero la foto con Kicillof sorprendió. Con la reelección de Llaryora en juego, y el Panal cuidando detalles para no enojar a su electorado anti K, nadie duda que el sanfrancisqueño fue avisado del encuentro con quien es el principal candidato presidencial que hoy tiene el PJ, sabiendo además que a nivel nacional la lectura de la “unidad peronista” para enfrentar en 2027 a Javier Milei sería inevitable. Sobre todo si está el PJ cordobés de por medio.
En el Panal relativizaron lecturas que buscan explicar por qué hoy es posible una foto con otrora innombrables del PJ nacional. Es posible que parte de todo sea que la reforma política y la suspensión de las PASO estén lejos del alcance de la Casa Rosada por las dudas del macrismo, cercano al cordobesismo, e incluso por el desgano de Patricia Bullrich, presidenta del bloque de La Libertad Avanza en Senado que ayer encabezó una breve reunión de comisión en el inicio del tratamiento del proyecto. Con PASO, Milei baja el precio y el peronismo en teoría lo sube, porque puede organizarse.
Como sea, el llayrorismo se mantuvo en la devolución aséptica que dio del homenaje a De la Sota en el hotel Savoy de CABA. Todo es institucional. Cerca del mandatario resaltaron que el intendente de Córdoba asistió a una actividad de alta densidad municipalista que se lleva a cabo en la provincia que gobierna Kicillof. “Y nosotros somos institucionalistas”, afirmaron.
En La Plata, Passerini evitó toda definición electoral, se plantó en la urgencia de la gestión y dijo que recién luego de las elecciones en Brasil (octubre), en EE UU (noviembre) y la visita de papa León XIV a la Argentina y en particular la Córdoba, empezaran a tomarse decisiones para las elecciones. El jefe del Palacio 6 de Julio desplegó críticas a Milei de todo tipo. Dijo que es un gobierno de ajuste que para sostener el superávit fiscal recortó en educación, salud y los fondos para las provincias, advirtió que el ajuste seguirá en el futuro, y manifestó su preocupación por la caída del empleo y el salario, y los niveles de endeudamiento y mora de los argentinos. En una nota con un medio local, desafió al ministro de Economía Luis Caputo a que quite los impuestos nacionales de los combustibles, que llegan al 35%, y apuntó a la Corte Suprema por el fallo que “pone en pie de alerta” a los municipios, porque impide a los gobiernos locales cobrar tasas sino justifican el servicio prestado y reclamó la reparación de rutas nacionales por parte del gobierno nacional. Puras coincidencias con Alak y con Kicillof, desde cuya gobernación estuvieron muy atentos al paso del cordobés por La Plata, aunque las palabras del bonaerense fueron mucho más duras en relación a Milei que las de Passerini.
En Altamira con Natalia
Junto al jefe de Gabinete, Manuel Calvo, y el ministro de Comunicación, Daniel Pastore, Llaryora aceptó la invitación de Natalia de la Sota y se acercó a la parroquia de barrio Altamira para participar de la misa por el octavo aniversario de la muerte de José Manuel de la Sota en un accidente de auto en la ruta 36. Fue un reencuentro bajo el paraguas del fallecido exgobernador, porque desde la ruptura del 2025, cuando De la Sota se presentó por fuera del oficialismo provincial en las elecciones legislativas nacionales, el contacto público fue nulo. Como en la foto Passerini-Kicillof, el Panal le bajó el precio político a la foto y tradujo el momento como un gesto de memoria y recuerdo del gobernador para con el creador del cordobesismo. El llaryorismo también descartó un gesto compensatorio para con la diputada que no quiso estar en la escena porteña de la semana pasada. Como sea, no es casual que el reencuentro se haya producido a pocos meses de que sea inevitable para el oficialismo empezar a armar la estrategia electoral final para retener el poder provincial en las elecciones que serían en abril. Y en ese esquema, cómo ubicar a Natalia de la Sota es una de las principales preguntas de Llaryora, y qué quiere realmente la diputada es otro de los interrogantes que se plantearán. ¿Empezó algo?
La misa fue celebrada por el sacerdote Alberto Bustamante, vicario de la Diócesis de Villa María y muy cercano a la familia De la Sota. A diferencia del homenaje que organizó la hija mayor del líder muerto, Candelaria, ayer no estuvo el exgobernador Juan Schiaretti ni la senadora Alejandra Vigo, con quienes Natalia prácticamente cortó la relación. O viceversa. Dicen los schiarettistas que no hubo invitación para el ex mandatario provincial ni su esposa.