Quinteros sí o sí
“Quinteros parece no dormir; siempre está activo”, dicen en el entorno del ministro que, además, se define a sí mismo como “el ministro que más trabaja después de Llaryora”. Llaryora es gobernador, pero la precaución obliga, a veces, a alguna salvedad innecesaria.
El caso es que el estado de vigilia permanente de Quinteros no es casual, ni se explica solamente por profesionalismo y contracción al trabajo. Su alerta permanente expresa también una voluntad de poder. Un horizonte político claro, que es la Intendencia.
Quienes entienden la lógica profesional de la política saben que, para ganar conocimiento, no necesitan un amplio repertorio de cualidades, sino, más bien, concentrarse fuertemente en uno o dos temas con los que su imagen será luego asociada. Y Quinteros lo hace.
Rara vez participa de actos u homenajes ajenos a su función, pero cuando sea que exista algún asunto vinculado a su metié, allí aparece sin falta. Y la continuidad de esa estrategia lo ha convertido en una figura de alto conocimiento dentro del oficialismo cordobés.
Desde luego, la especialización también entraña sus riesgos. Con el ‘caso Agostina’ su carrera política pareció tambalear. Sin embargo, hábil, supo capear el temporal. Y contó, para hacerlo, con el respaldo del gobernador.
A esta altura, bien puede presumirse un acuerdo tácito entre Llaryora y su ministro de Seguridad. Quinteros asumió, desde el inicio de la gestión provincial, el enorme desafío de gestionar una de las carteras más calientes del gabinete. Y, con un alto perfil, consiguió que los cordobeses asocien su imagen como responsable primero en la materia, descargando al gobernador de un pasivo contingente sumamente inestable.
A cambio de administrar ese pasivo potencial recibió de Llaryora un amplio respaldo y margen para construir su propio perfil. Para desarrollar su carrera política. Y lo viene aprovechando.
El 2027 se acerca y al oficialismo le sobran candidatos para la Intendencia. Lo que, en política, es igual a decir que le falta uno. Y Quinteros quiere ese lugar. Quiere ser el candidato a intendente elegido por el gobernador. Y no debe sentirse demasiado lejos de conseguirlo.
Ya es, se sabe por lo bajo, el candidato que más le cuadra a Passerini. Y hay que ver si no puede conseguir también la aquiescencia del viguismo. Por contraste con sus competidores, parece imaginable.
Pero además tiene otro hándicap.
Desde su desembarco en Seguridad Quinteros ha mantenido una relación más que buena con Patricia Bullrich, más allá de que la senadora guarde también una gran sintonía con Luis Juez. Y ese buen tono se ha mantenido, tras la partida de Bullrich hacia el Senado, con Alejandra Monteoliva.
Amén de las relaciones personales, la orientación de Provincia y Nación en Seguridad han coincidido bastante, e imaginar una proyección de Quinteros más allá de las fronteras provinciales no debería dar demasiado trabajo: es cordobés, es conocido, lidera una cartera que se mueve al son de las políticas nacionales y su imagen no es directamente asociada al peronismo.
El acuerdo tácito entre Llaryora y Quinteros todavía no ha concluido. Y no caben dudas de que el ministro trabajará por la reelección del gobernador, único norte político de todo el oficialismo provincial durante los próximos meses.
Pero cuando las elecciones provinciales hayan pasado, se sentará a renegociar las condiciones de su acuerdo.
Con todo, Quinteros puede llegar al momento de las definiciones con un diferencial sobre sus competidores: alternativas.