Palabras para un mañana mejor
El flamante libro de Adrián Savino está hecho de textos breves y poéticos que traen referencias musicales de la niñez y la adolescencia, a la vez espejados en fotografías diversas que suele hacer el autor en su deambular por los barrios y calles de Córdoba.
Formado en Comunicación Social, es autor entre otros libros de la inolvidable novela Crónica de un Rocho (Alción, 2003) y de las nouvelles Soja en las banquinas (Eduvim, 2012) y Viaje de Omar (Nudista, 2016). Trabaja como docente en un programa provincial de inclusión dirigido a jóvenes de entre 14 y 17 años que dejaron la escuela, para su reingreso y finalización.
La presentación contó con un cálido público, entre ellos se vio a varios escritores que fueron a acompañar a un autor muy querido. La ocasión permitió un diálogo entre Adrián y un colega docente, Marcio Olmedo, en torno a El sonido final. Sobre esto dice Adrián:
“Marcio propuso una idea que a mí me encantó: que para él no es un libro de poesía, sino de imágenes poéticas, y que esas imágenes dialogan con las imágenes de las fotos. Y yo estoy de acuerdo, porque desconfío de los rótulos, como algo que se imponga. También planteó que es un libro que toca el tema de lo generacional, pero no pretendiendo ser voz de una generación, ni tampoco como una fuente de nostalgia. Sino lo generacional como una manera de tomar impulso en ese pasado hacia el futuro.”
Se sumó a la presentación Paul Moreno, un alumno de Adrián de quien dice su maestro que “está desarrollando un oficio en la escritura de versos”. Paul leyó un poema suyo y agradeció a Adrián su enseñanza y el aliento para escribir. Cuenta Savino: “Yo leía los mismos libros que les daba a leer a ellos, los que la Nación repartió en las escuelas, una colección relinda, la colección Juan Gelman, que contiene ochenta libros de poesía.”
La presentación tuvo luego al propio Adrián Savino en guitarra, junto a sus hijos Bruno y Santiago en pandereta y teclados: “Les propuse a ellos tocar canciones que son de mi educación sentimental. Quise hacerlo en compañía de ellos, en quienes puedo descansar completamente, a ellos me puedo encomendar. También para que vivan y experimenten, sobre todo en estos tiempos de tanta distracción, de tanta desconcentración, un legado y lo conviertan en lo que ellos quieran. Lo generacional, lo que traemos de nuestro pasado, como referentes de una generación, en todo caso, es significativo en el sentido de que mañana es mejor.”
Sobre la inspiración e impulso original de El sonido final, cuenta Adrián: “Yo me sentía muy condicionado en la labor de trabajar mis textos, textos narrativos en prosa, y los proyectos iban todos en ese sentido. Un día, mi amigazo y poeta a quien admiro, Pablo Seguí, me dijo y, bueno, por ahí podés trabajar con versos de vuelta, ¿no? De hecho, con él debutamos, publicamos nuestros primeros libros juntos. Mi libro, ‘Canciones de sed’, lo publiqué simultáneamente con ‘Los nombres de la amada’, el primer hermoso libro de Pablo. Cuando él me sugirió eso, yo tomé esa posta, y también su influencia: me encanta su poesía. Y bueno, traté de encontrar un cauce por ese lado, y cuando lo encontré, todo lo que yo sentía que tenía para decir, de pronto encontró un lugar y fue fluyendo. Fueron saliendo un montón de textos así, con ese formato, y más o menos, se delinearon dos colecciones, una es la de El sonido final, con toda esta temática que tiene mucho que ver con las experiencias, sobre todo musicales, de una etapa de mi vida, que es la adolescencia. Y quiero agregar, cuando me refiero a la influencia de la poesía de Pablo, que, aparejado con ese rigor formal que él trabaja, con verso medido, también consigue una apariencia de simpleza, de llaneza, en su expresividad, pero que tiene una enorme profundidad. Es difícil ser simple y profundo a la vez. Creo que él lo logra, y para mí, en ese sentido, también fue un faro a seguir en la búsqueda.”
En referencia a las fotos que integran El sonido final, dice: “Bueno, a mí siempre me han llamado la atención cosas que observo mientras ando por la calle, y siempre soñé con poder registrarlas. Y uno de los beneficios de esta época en que tenemos un celular es el tener a mano una cámara de fotos bastante buena. Entonces, debe hacer unos 11, 12 años que me dedico a espigar, como dice Agnes Varda, a espigar imágenes.” Adrián les pasó a Paula Gastaldi, la editora, y el equipo editorial, los textos y las imágenes, “y ellos lo hicieron de maravilla. Con la tapa lo mismo. Yo propuse una imagen de un disco de mi colección de vinilos, y el diseñador lo resolvió para mí de una manera así, palo y a la bolsa, magistral quedó. Y bueno, quedó un objeto, para mi gusto, divino, que me hace muy feliz.”
Referido a proyectos futuros, señala Savino que tiene para publicar “otra colección de poemas que la agrupé en un libro que se llama Tata, es una colección más personal, más familiar. Y también hay algunos textos que vengo publicando en la revista Tierra Media, que pueden ser un proyecto a editar más adelante.”
Dejamos al pie uno de los poemas del libro: Pop Star, muestra de una infancia inserta en los mismos valores y aspiraciones del medio: un espectáculo folklórico cuyano de la época; y también de los medios: televisión y revistas de actualidad.
“Era un show de los visconti / en la taberna de julio / me sonaba tan extraña / esa música llorona / que a los adultos, en cambio / los volvía locos / papá se puso a charlar / con uno de los hermanos / ¿de qué hablan?, me preguntaba / yo, que por aquellos tiempos / flaiaba con cantaniño: / ser una tierna estrellita / del star-system infantil / estar en boca de todos / como marcelo marcote / salir en los personajes / de la gente a fin de año / visitar al presidente / videla en chapadmalal”.