Entre el temor y el entusiasmo
Como ha ocurrido con otros avances científicos a lo largo de la historia de la humanidad, los desafíos que plantea la inteligencia artificial llevan a muchos a pensar que estamos ante una perspectiva de progreso infinito, en tanto otros le atribuyen a la IA propiedades apocalípticas. De un lado y del otro se esgrimen argumentos muy bien fundamentados, lo que sume a la opinión pública en una desorientación absoluta con respecto a esta novedad tecnológica de la que todos coinciden en afirmar que va a cambiar de una vez y para siempre las condiciones en que se desarrolla la vida en el planeta.
Daniel Roher, director cinematográfico canadiense que se acreditó un premio Oscar en 2023 por su documental “Navalny” sobre el opositor ruso muerto en sospechosas circunstancias, se propuso averiguar con expertos qué futuro le esperaba a su hijo próximo a nacer. Y plasmó esas averiguaciones en otro filme testimonial codirigido con Charlie Tyrell, que lo tiene a él mismo como entrevistador y que está disponible en la grilla de la plataforma Netflix desde el mes pasado, bajo un título en español tan extenso como el original en inglés: “El documental de la IA: O cómo me convertí en un apocaloptimista”.
En ocasión de su estreno en el festival Sundance a fines de enero de este año, esta realización disparó un interesante debate, al igual que cuando se la proyectó en salas comerciales estadounidenses dos meses más tarde. Algunos tildaron de complaciente el enfoque, porque sólo se proponía elaborar diagnósticos y pronósticos de la situación, en vez de alentar a los espectadores para que se involucren en el tema y no dejen todo en manos de CEOs que compiten entre sí para ver quién llega más lejos con sus desarrollos, sin tener en cuenta las consecuencias.
Tal vez, como se explicita en el largometraje, Roher no se impone el objetivo de frenar las derivaciones negativas que pueda traer aparejadas la IA, sino simplemente ponderar puntos de vista opuestos sobre ese fenómeno con el que tendrá que lidiar su vástago. Pero, aun si fuera ese su único aliciente, quizás su perspectiva peque de un desfase temporal: el cineasta tiene jóvenes 33 años y los cambios recientes operados en la tecnología lo afectarán tanto a él como a su primogénito, además de a su esposa y a todos los que todavía habitamos la Tierra.
El vértigo con que se transforma el escenario, tal como lo describe el mismo Roher en su producción, hace que los nueve meses transcurridos desde su avant première parezcan un siglo y que ciertas predicciones allí manifestadas por los especialistas estén ahora próximas a cumplirse o descartarse. Por lo tanto, “El documental de la IA…” no deja de ser un corte arbitrario que nos muestra un momento en medio de un proceso que seguimos sin saber si nos transportará a un mundo utópico o distópico, más allá de que, de no alterarse las condiciones actuales, todo indica que estamos más cerca de lo segundo que de lo primero.
En su último libro, “El desierto de nosotros mismos”, el filósofo francés Éric Sadin se reafirma en la trinchera de la crítica al retomar sus reflexiones sobre la inteligencia artificial, que la sindican como una negación de la condición humana. Sadin disertará sobre “IA generativas: un seísmo social, cultural y civilizatorio” el sábado 31 de octubre en el marco de una nueva edición de la Feria del Libro Córdoba, lo que constituye una excelente oportunidad para escuchar de primera mano cómo cataloga un pensador contemporáneo a esa deslumbrante herramienta que tanto debate está provocando.
Por su parte, el artista chaqueño Marcello Mercado, que durante su residencia en Córdoba en los noventa (antes de radicarse en Alemania) se aplicó a la creación de desafiantes puestas performáticas y piezas de videoarte, también se confiesa obsesionado con la IA, a la que compara con el fuego: “No hay que quemarse con ella, sino atravesarla”. En 220 Cultura Contemporánea se exhibe “Leopardos cazan leopardos”, una exposición curada por Gustavo Blázquez y Sofía Torres Kosiba, donde además de una retrospectiva de la obra de Mercado, se puede apreciar su acercamiento más reciente a las herramientas que provee la inteligencia artificial.
En la charla que brindó junto a los curadores durante la inauguración de la muestra, Mercado puso especial énfasis en subrayar la actualización constante de la IA y vislumbró una instancia en que quizás las máquinas puedan ya prescindir de las personas. La incertidumbre ante semejante panorama, que se abre como campo de experimentación para una mente creativa, también es objeto de análisis y preocupación para un pensador humanista. Y es el eje de contenidos como el documental de Daniel Roher, cuya finalidad última es entretener, tal cual corresponde a un producto de Netflix, pero que no deja de ser representativo de ese temor y ese entusiasmo que confluyen.