
Boretto pisa Psicología y mueve el tablero oficialista
Francisco Lopez Giorcelli
Por: Francisco Lopez Giorcelli
En la UNC, las fotos institucionales suelen decir más por lo que sugieren que por lo que muestran. La aparición pública del rector John Boretto en la Facultad de Psicología, acompañando al decano electo Pereno durante la bienvenida a ingresantes, dejó una escena que difícilmente pueda leerse solo como agenda académica. En un año donde el calendario formal todavía no marca tiempos electorales, pero las conversaciones internas ya empiezan a girar hacia el futuro, cada gesto se vuelve mensaje.
La elección de Psicología como escenario no parece casual. Allí el oficialismo logró sostener la conducción de la facultad, aunque con un dato político incómodo: la derrota contundente en el claustro estudiantil dejó expuesta una desconexión que todavía no encuentra síntesis. La presencia del rector funciona entonces como respaldo explícito a un decano que asume con debilidad en uno de los sectores más dinámicos de la vida universitaria, pero también como señal hacia quienes dentro y fuera del espacio observan el mapa de poder en movimiento.
El movimiento de Boretto puede leerse como una intervención preventiva. En un contexto donde la gobernabilidad universitaria depende tanto de mayorías formales como de legitimidades simbólicas, dejar que una facultad clave quede asociada a la idea de fragilidad podría convertirse en un problema mayor para el oficialismo. La foto intenta clausurar esa lectura antes de que se consolide, mostrando conducción política allí donde el resultado electoral dejó grietas abiertas. Más que acompañar un acto, el rector parece haber buscado ocupar un territorio donde el margen de error es reducido.
La escena sumó además otro elemento que no pasó desapercibido para quienes siguen la interna universitaria: la presencia de la actual secretaria Académica de la UNC, Marcela Torcomian, exdecana de Psicología durante la etapa de Avanzar y hoy cercana políticamente a Pereno. Su inclusión en la foto no solo refuerza la idea de respaldo institucional, sino que también deja entrever un proceso de reacomodamiento interno dentro de la facultad. La confluencia entre el rector, el nuevo decano y una ex decana de Psicología sugiere una búsqueda deliberada de ampliar la base política en un terreno donde el oficialismo necesita recomponer volumen.
Hacia adentro del oficialismo, la escena también ordena. Aunque nadie lo explicite públicamente, empiezan a circular conversaciones sobre cómo será la etapa posterior a la actual gestión rectoral. No se trata todavía de candidaturas ni alineamientos definidos, sino de movimientos preliminares donde cada actor mide peso propio y cercanía con el centro de decisiones. En ese marco, las apariciones públicas del rector adquieren una dimensión adicional: funcionan como gestos de validación política que delimitan quiénes integran el núcleo de confianza en un momento donde el liderazgo todavía ordena, pero ya no monopoliza las expectativas futuras.
La oposición, mientras tanto, observa sin necesidad de sobreactuar. Haber ganado con claridad en el claustro estudiantil le permite administrar tiempos y capitalizar la incomodidad oficialista sin exponerse demasiado. El riesgo para el rectorado es que el intento de reforzar presencia en Psicología termine reforzando la percepción de que la facultad requiere una atención especial, algo que podría alimentar el relato opositor sobre desgaste o pérdida de iniciativa. El equilibrio entre mostrar respaldo y evitar sobredimensionar el problema aparece como una línea fina que el oficialismo deberá administrar con cuidado.
La escena también deja ver a un actor todavía ausente del debate público: sectores del propio oficialismo que no integran el círculo más cercano al rector y que empiezan a evaluar cómo posicionarse en una eventual transición. El “post Boretto” todavía no se discute en voz alta, pero se insinúa en conversaciones reservadas donde se analizan equilibrios entre facultades, trayectorias personales y capacidad real de construir mayorías. El silencio, lejos de indicar falta de movimiento, funciona como estrategia para acumular sin quedar expuesto prematuramente.
El contexto nacional agrega una capa extra de complejidad. La incertidumbre presupuestaria y la relación tensa con el gobierno central obligan a las universidades a reforzar conducción interna, pero también generan disputas sobre quién interpreta mejor ese escenario y cómo capitalizarlo políticamente. En ese marco, la presencia del rector en actos que antes podían delegarse adquiere otro sentido: no se trata solo de gestión, sino de ocupar el centro de la escena para consolidar liderazgo en un momento donde la estabilidad depende tanto de la política interna como del vínculo con el afuera.
Psicología aparece así como un laboratorio donde se cruzan varias dimensiones del presente universitario: una conducción que necesita consolidarse, un oficialismo que busca recomponer vínculos y una oposición que gana terreno simbólico sin necesidad de grandes movimientos. La foto de Boretto y Pereno, con Torcomian sumando volumen político a la escena, lejos de ser una postal inocente, deja ver la tensión entre continuidad y reconfiguración que empieza a atravesar a la UNC.
La pregunta que queda abierta es si estos gestos alcanzarán para reordenar el tablero antes de que las discusiones sobre el recambio emerjan con mayor claridad o si, por el contrario, la centralidad del rector terminará acelerando un debate que hasta ahora se mueve en silencio entre la necesidad de estabilidad y el desgaste natural de una gestión que ya empieza a pensar su propio después.


Enroque corto Río Cuarto | ¿Más de un movimiento? | Renuncia confirmada

Ferrer bloqueó una posible judicialización y arrancó el año partidario





