
Los borradores del Panal para el 2027 y las cartas bajo la manga
Bettina Marengo
Por Bettina Marengo
Martín Llaryora está enfocado en lograr su reelección el año que viene. El objetivo del oficialismo es cerrar el esquema de ocho años, cuatro más cuatro, y que no sea el sanfrancisqueño quien interrumpa el ciclo cordobesista que comenzó De la Sota en 1998. Juan Schiaretti sintió el frío del final en 2007, cuando Luis Juez rozó el triunfo en elecciones que el Frente Cívico denunció como fraudulentas.
El gobernador tiene diez meses para tomar decisiones sobre la fecha y la estrategia electoral. Para no dar ventaja a la oposición, desde el Panal empezaron a relativizar que la elección provincial vaya a ser en abril o mayo, adelantadas y separadas de las nacionales de octubre. Por eso aparecieron otras fechas tentativas. La real dependerá de las estrategias y acuerdos políticos que el llaryorismo logre con propios y opositores, sobre todo con estos últimos, y con el mismísimo gobierno nacional.
En el entorno del sanfrancisqueño hacen votos para que Rodrigo de Loredo no se baje de su candidatura a gobernador y que se lleve a toda la UCR territorial en esa empresa. Es el antídoto que ven al acuerdo aparentemente sólido entre Juez y el diputado Gabriel Bornoroni, ahora también con presencia de la ambiciosa Patricia Bullrich a través del bloque libertario en el Senado. En la Provincia tomaron nota de que el senador aprendió a pisar el freno de su deseo de gobernación para no romper la mesa política que tiene con el presidente de los diputados de la La Libertad Avanza.El exestacionero se limita a decir que Javier Milei quiere quedarse con Córdoba y que tendrá un candidato propio. Propio, no puro. Una caballerosidad.
Si las cosas fueran como las necesita el Panal, De Loredo debería ser candidato a gobernador en 2027 no para ganar sino para facilitar la reelección de Llaryora y que éste finalice su etapa provincial en 2031. El PJ Córdoba no tiene sucesores claros para un hipotético post segundo mandato del actual mandatario y esa es la zanahoria para mostrarle al exdiputado radical. “Va a llegar siendo muy joven, con un Juez envejecido y sin Llaryora en el horizonte. Ese será su momento”, se entusiasman dirigentes con protagonismo. ¿Bornoroni? Quien sabe qué ocurrirá con el hombre de Milei en Cordoba, atado como está, manifiestan, a la suerte de la escuálida economía libertaria.
Algunos opositores holísticos ven a De Loredo como candidato a la intendencia de Córdoba de un esquema unificado anti PJ, una opción que espanta al núcleo llaryorista salvo que el radical pase primero por el turno provincial con lista propia. Para eso, están dispuestos a derogar o modificar una ordenanza sancionada hace casi cuatro años en el Concejo Deliberante de Córdoba, a instancias de Olga Riutort, pero apoyada por el oficialismo, que impide las dobles candidaturas provincia-ciudad, que fue el tope y la excusa para que De Loredo no haya podido presentarse como vice de Juez primero y luego como candidato a intendente. Los borradores de la estrategia subrayan que si Rodrigo es solo candidato a intendente, habrá anchoa en el desierto en caso de ganar y el sanfrancisqueño repetir a nivel provincial. Pero si hay doble candidatura, todo lo contrario. A Dios rogando y con el mazo dando.
El oficialismo dice que quiere llegar a diciembre con el jefe del Ejecutivo en 65 puntos de imagen positiva. Aseguran que hoy roza los 50, de modo que Llaryora (su imagen) debería crecer un punto y medio por mes de acá a diciembre. El “uno” no para. Desde que volvió de vacaciones recorrió varios departamentos del interior provincial y se mostró en las calles de Córdoba Capital con el intendente Daniel Passerini. Para todos los jefes comunales hay recursos, pero se habla de que el 70% de los 800 millones de dólares obtenidos por la Provincia en la última colocación de bonos de enero serán destinados a la gestión en Capital.
Sin ley provincial que obligue a poner una fecha puntual para las elecciones, con el sólo límite del 10 de octubre para celebrarlas, el día de la votación dependerá de un mix entre imagen y rosca de la fuerte. Lo que sí está claro es que esta vez el oficialismo no va poder unir conceptualmente las elecciones provinciales y de Capital, como se hizo en 2023 cuando Llaryora, con buen concepto como intendente de la ciudad, buscaba pasar a la Gobernación. En ese momento se habló de “un mismo esquema”, de que el candidato haría en la provincia “aún más de lo que hizo en la ciudad” y cosas por el estilo. Ahora, no solo habrá distancia temporal (se habla incluso de septiembre para Capital) sino también política. Como antes de Llaryora.


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