
Bornoroni lanzará una campaña orgánica para corroer al peronismo
Felipe Osman
La Libertad Avanza anunció un nuevo encuentro provincial, en el que tendrán parte los dirigentes y coordinadores de los 25 departamentos del interior y la Capital, a realizarse el próximo sábado desde las 11 en el Jardín Botánico.
El convite es organizado por la Juventud Libertaria, y aunque se tratará de un encuentro en el que la centralidad estará puesta en los propios, también se cursarán invitaciones a los aliados.
Buena parte de la atención estará puesta en ver quiénes asisten desde las filas de la UCR y el PRO. Es que la reciente conquista del partido amarillo por la alianza contra natura de Laura Rodríguez Machado y Oscar Agost Carreño, sumada al respaldo/reclamo de Patricia Bullrich en su reciente visita a la Bolsa de Comercio, abre interrogantes respecto de cuánta apertura habrá de la Libertad Avanza hacia el PRO.
Y mayor interés aún habrá en ver cuántos y cuáles de los intendentes, concejales y dirigentes radicales que Bornoroni recluta, con la asistencia de Soledad Carrizo y Luis Picat, se acercan para la foto. De seguro, en la esquina de Rodrigo de Loredo prestarán atención. Y es probable que también lo hagan desde Buenos Aires.
En cualquier caso, -y al margen del interés que despierta la construcción libertaria hacia sendos desafíos, nacional y provincial, del 2027- no debe perderse de vista que el objeto central del evento no será oficializar pases ni presentar acuerdos, sino empezar a sentar los cimientos de la campaña libertaria hacia el año próximo.
En la presentación del evento que el diputado hizo a través de sus redes sociales, adelantó: “Estamos listos para darle a los cordobeses una herramienta para denunciar los abusos que sufren día a día”. Y aunque aún no se han ofrecido demasiadas precisiones, Alfil pudo saber que se tratará de una plataforma digital orientada a recabar testimonios de cordobeses enojados con la gestión del peronismo.
Es, en rigor, un movimiento propio del manual libertario, que ya ha ensayado jugadas similares, como el sorteo de las dietas que primero hizo Javier Milei, durante su paso por la Cámara de Diputados, y que desde hace más de dos años replica el propio Bornoroni, hasta el registro web de las diferentes tasas que cobras los municipios para incentivar la competencia por rebaja de impuestos. El eje es interpelar al ciudadano de manera directa, cortar intermediarios y convertirlo en protagonista, en este caso, de la campaña.
La línea principal es compartida por todo el arco opositor y ya suscripta por el propio jefe del bloque libertario en Diputados: horadar al oficialismo por sus “30 años en el poder” (hasta ahora, cuenta 27) y conseguir que en el imaginario colectivo del conservador electoral cordobés se instale la idea de que es momento de un cambio.
Para hacerlo, la expectativa es apoyarse en una campaña orgánica, hecha para y por los propios cordobeses, que proporcionarán munición a aprovechar, luego, por el aparato comunicacional de La Libertad Avanza y su hasta ahora indiscutible preeminencia en las redes sociales.
En comunicación política, este perfil de campaña encaja en estrategias que combinan contenido generado por usuarios y activismo digital para transformar al elector en productor, denunciante y amplificador del mensaje político, no solo en receptor.
La intención es convertir al votante pasivo en un “militante digital”, partiendo de la premisa de que
el contenido más persuasivo no es el institucional, sino aquel generado por pares, fomentando que los propios electores registren irregularidades, abusos o injusticias para recabar este contenido y redistribuirlo masivamente en redes.
Implican una convocatoria emocional a denunciar, la selección de casos y edición para maximizar el impacto narrativo, amplificación a través de redes sociales y retroalimentación, si se consigue que el contenido viralizado incentive nuevos aportes. Sus principales ventajas son una alta credibilidad percibida, siempre que el mensaje no viene del candidato sino de “gente común”, reduciendo la resistencia habitual a la propaganda y generando identificación; una escalabilidad prácticamente ilimitada, ya que no crecen, como las campañas clásicas, con presupuesto, sino con participación; un costo, por ende, muy bajo; una gran capacidad de instalación de agenda; y una segmentación orgánica, ya que es el propio elector el que elige el contenido que replica en sus redes.
Una nueva clase de campaña, con la que deberá lidiar el peronismo cordobés.


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