
Las usinas K ya hablan de la fórmula Kicillof-De la Sota
Felipe Osman
El rebrote inflacionario, que lleva once meses en alza desde la salida (parcial) del cepo, y las peripecias judiciales en las que permanece enredado el Gobierno Nacional, empieza a funcionar como un catalizador para la oposición, que por méritos propios no parece encontrar el camino.
Las encuestas, de las que nadie puede fiarse y nadie quiere prescindir, muestran una caída en la imagen del presidente coincidente con la caída de la aceptación de gestión y la capacidad de consumo. Y mientras nuevos outsiders empiezan a probarse el traje de candidato (léase, Gebel), los peronistas se animan, por lo menos, a engañar el hambre con la imaginación.
Ayer, el periodista y empresario de medios Roberto Navarro, al que muchos reputan muy cercano a Axel Kicillof, soltó, en su streaming, la posibilidad de que el gobernador de Buenos Aires integre una fórmula junto a la diputada de Defendamos Córdoba, y las huestes digitales del kirchnerismo no tardaron en viralizarlo.
Desde luego, a más de un año de las elecciones nacionales, y cuando todavía resta saber cómo se sintetizará la fractura cordobesista en las provinciales del 2027, la hipótesis no es más que un globo de ensayo puesto a volar por el kirchnerismo bonaerense. Pero, aun así, vale la pena considerarlo.
La decisión de De la Sota de partir caminos en las Intermedias le permitió separar, de la sociedad fundada por su padre y luego rediseñada por Juan Schiaretti y Martín Llaryora, un capital político que puede ser determinante en Córdoba, aún sin ser demasiado grande.
Y, a la vez, también le ha permitido desplegar, a nivel nacional, un libreto diferente al ambivalente posicionamiento del cordobesismo, que se mantiene en una (comprensible) disposición de negociación permanente con el Gobierno Nacional.
De la Sota puede presumir -y presume- de representar la posición peronista más alejada de la Casa Rosada, y ha podido hacerlo a partir de una buena lectura de la oportunidad, emancipándose de Hacemos Unidos en un contexto sumamente adverso para el kirchnerismo, que ni siquiera tuvo candidatos medianamente competitivos en las elecciones de octubre.
Por eso, de momento, reniega de cualquier alquimia a la que la quieran integrar. Su salida del esquema del oficialismo provincial no fue una decisión sencilla, y ahora es tiempo de medir los movimientos. Todavía deben acomodarse muchas piezas antes de que el futuro mediato pueda volverse mínimamente previsible.
El interés del kirchnerismo –si así es considerado- puede ser un arma de doble filo. Por un lado, ningún dirigente debe renegar de que se lo mencione en una fórmula presidencial. Por el otro, el significante “k” puede convertirse en un lastre. En especial para aquellos domiciliados en Córdoba.
Sin embargo, no debe perderse de vista que la apuesta de Kicillof no radica en reeditar al kirchnerismo, sino en buscar una síntesis superadora, que lo deje atrás. Propone jubilarlo. En cualquier caso, es una apuesta a la que todavía le falta mucho para tomar forma.


Lejos de definiciones, Llaryora tantea en el Peronismo Federal

Cardinali abrió diálogo con “Es por AK”: crece el armado de Kicillof en Córdoba

Limia: “Carasso es un personaje clave de la oposición y debe dar explicaciones”

Llaryora incorpora al Directorio de Bancor a Felippa y Lacunza

Llaryora no abundará contra Adorni y guarda cartas sobre holdouts

Enroque corto | Panorama político: gestión del espacio, internas y respaldos

Juez y Bornoroni refuerzan el vínculo político con la mira puesta en 2027

Ambas CGT movilizarán unidas y redoblan la presión al Panal

De la Sota ya habla de un ´27 sin culpas ni ataduras al cordobesismo




