
Puja de intendentes por sumarse a la agenda de Kicillof en Córdoba
Gabriela Yalangozian
La llegada de Axel Kicillof a Córdoba este viernes abre una escena cargada de señales cruzadas: mientras del entorno del mandatario bonaerense afirman que la agenda que mantendrá es estrictamente institucional, su visita activó un movimiento expectante de varios intendentes del PJ cordobés que buscan, a toda costa, un lugar en su radar político.
La clave no está en lo que figura en el cronograma oficial —ya conocido y difundido— sino en lo que podría ocurrir en paralelo. Sin invitaciones formales ni reuniones políticas previstas, varios jefes comunales comenzaron a moverse por cuenta propia. Llamados, consultas informales y gestiones de último momento reflejan un dato insoslayable: nadie quiere quedar afuera de la foto, aunque oficialmente nadie confirme que esa imagen existirá.
Entre los mandatarios aseguran que no se les cursó una “invitación formal” pero no descartan su presencia a las 11 horas en el encuentro de Fatsa de La Falda junto al gremio de sanidad, o a partir de las 13 durante la firma de convenio en Cosquín con el intendente Raúl Cardinali, aunque quizás lo hagan a las 17 horas durante su visita a la UTN Córdoba.
Todo sea por un intento de forzar un contacto con Axel Kicillof, aunque sea fugaz. La lógica es clara: en un escenario de reconfiguración del peronismo, cada gesto suma.
Agenda cerrada, tensión abierta
Desde la organización, que tiene como uno de sus principales articuladores a Carlos Caserio junto a sectores sindicales encabezado por Héctor Daer, insisten en que la visita tendrá un perfil “institucional”. No hay reuniones políticas en agenda ni convocatorias abiertas a dirigentes.
Sin embargo, esa definición no alcanza para desactivar la expectativa. “No está previsto, pero tampoco se va a impedir que alguien se acerque”, deslizan en voz baja desde el armado. Esa ambigüedad alimenta el clima de pulseada silenciosa.
De hecho, desde el movimiento autoconvocado de dirigentes peronistas que impulsan los encuentros bajo la consigna “Es por AK”, aseveran que estarán presentes en cada una de las actividades previstas por la comitiva que acompañe a Kicillof.
La escena se da, además, en un momento particular: el viernes pasado, un grupo de intendentes cordobeses viajó a Buenos Aires para participar de un encuentro con referentes del peronismo nacional como Victoria Tolosa Paz y Juan Manuel Olmos. Ese gesto ya había encendido alertas sobre un posible reordenamiento de vínculos de cara a 2027.
Sin foto, pero con diálogo
Más allá de que algunos de estos jefes comunales estén alineados al cordobesismo, como ya se dijo en Alfil el que no estará en la foto conjunta será el gobernador Martín Llaryora, aunque desde el entorno de Kicillof sostienen que los canales de diálogos están abiertos. Las conversaciones, aseguran, son frecuentes y con puntos de coincidencia como las críticas al rumbo del gobierno nacional de Javier Milei. Pero esa sintonía no se traduce, por ahora, en una construcción política visible.
Por el contrario, Llaryora volvió a marcar distancia en las últimas horas al recordar en una entrevista con el Lagarto Guizzardi lo alejado que el cordobesismo está del kirchnerismo. Al mismo tiempo, aprovechó a reivindicar el “modelo cordobés” como alternativa nacional. Una expresión que busca contener su propia base política, aún cuando es pronto para definir candidaturas.
En ese delicado equilibrio, la visita de Kicillof funciona como un test: mide hasta dónde puede avanzar un armado opositor más amplio sin romper identidades locales.
El termómetro del territorio
En ese tablero, los intendentes aparecen como actores clave. Son quienes gestionan en el territorio y quienes, en muchos casos, anticipan los movimientos de fondo. La ansiedad por acercarse al gobernador bonaerense no responde solo a una cuestión protocolar: revela la búsqueda de posicionamiento en un peronismo que todavía no termina de definir su liderazgo ni su estrategia de cara al 2027.
Algunos nombres que participaron recientemente de reuniones en Buenos Aires —como Sergio Temporini (Colazo), Osvaldo Villar (La Playosa), Jorgelina Domínguez (Bengolea), Gisela Barrionuevo (Santa Eufemia) y Fernando Miguel Ruiz Díaz (Pozo del Molle)— vuelven a sonar como posibles convergentes en la agenda del viernes. No hay confirmaciones, pero sí señales.
Kicillof pisa un territorio históricamente adverso para el kirchnerismo, como lo es Córdoba, pero lo hace con una estrategia de bajo perfil político explícito y alto impacto implícito. Y sacudiendo el tablero justicialista especialmente del valle de Punilla, territorio bien conocido donde Carlos Caserío, se perfila como su principal armador en la provincia.
En el mismo territorio, aunque un poco distanciado por estos días, se encuentra el propio intendente de Cosquín, Raúl Cardinali. La visita del gobernador bonaerense a tierras coscoínas no es casual. El propio mandatario local se encargó de recordar que el acto que protagonizará Kicillof es aquel que fue pospuesto durante el verano durante el Festival Nacional del Folklore, cuando comenzaron a circular rumores de su visita.
Aunque Cardinali buscó bajarle el tono político a la visita y remarcó su carácter institucional, el efecto logrado es justamente el contrario. Según explicó, el vínculo con Axel Kicillof es directo y se sostiene desde hace más de tres años. “Sin intermediarios de la política provincial”, subrayó.
Como el coscoíno, otros intendentes cordobeses juegan su propio partido a la hora de acercarse a quien se posiciona como un firme candidato a presidente: el de no quedar afuera de una conversación que, aunque todavía no tenga forma definitiva, ya empezó a escribirse.


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