

El anarco capitalismo se presenta como una corriente que se opone de manera frontal a la democracia liberal. No lo hace desde la crítica revolucionaria del marxismo, sino desde una visión radical del mercado que niega la eficacia y la legitimidad de las instituciones democráticas.
En los últimos años, asistimos al avance de sectores que, desde la extrema derecha y desde grandes corporaciones tecnológicas, sostienen discursos que exaltan la racionalidad absoluta de los mercados. En Argentina, este discurso es asumido por el presidente Javier Milei y por ideólogos que lo acompañan, quienes fundamentan una fe ciega en la capacidad del mercado para ordenar la vida social.
Este planteo se opone directamente al pensamiento de Karl Popper y su concepción de la “sociedad abierta”. Popper advierte que nadie posee el monopolio de la verdad y que las instituciones democráticas son necesarias para que personas con intereses diversos convivan en paz. La exaltación del mercado como principio absoluto, en cambio, desprecia la praxis política, cuyo objetivo es equilibrar intereses, proteger a los más vulnerables y salvaguardar las libertades individuales. El filósofo enfatiza la capacidad de reflexionar sobre las experiencias en un continuo proceso de aprendizaje social, entendiendo que esa mayor comprensión eleva el nivel de calidad y responsabilidad de la dirigencia. “Esto sería un proceso virtuoso”.
Tecnología y Democracia
Los avances tecnológicos, con su capacidad de controlar la vida y los comportamientos de las personas, llevan a algunos ideólogos a sostener que la democracia es demasiado lenta, imperfecta y corrupta para decidir los destinos de los ciudadanos.
Según ellos, la tecnología permitiría configurar nuevas formas de organización social más “eficientes”. Sin embargo, esta idea se asemeja peligrosamente a los regímenes fascistas: un Estado que defiende los intereses de los grandes grupos económicos y tecnológicos, ejerciendo un control absoluto sobre la política, la economía, la cultura y la vida privada.
La visión de Popper
Karl Popper contrapone a estas visiones totalitarias la necesidad de instituciones basadas en cooperación y conciencia social. Reconocer que la verdad es inalcanzable en términos absolutos abre mejores perspectivas para la libertad y la prosperidad. La verdad es un punto de llegada, no de partida. Por ello, toda sociedad está sujeta a transformaciones y también al riesgo de regresión cuando no se cuida la alfabetización profunda de los ciudadanos o cuando los líderes no reflejan en sus actos el significado de la vida democrática.
El concepto de democracia se opone al totalitarismo. La política reconoce que las teorías económicas son sistemas conceptuales ajustados, pero distantes del mundo real. Argentina, en 2026, funciona como un laboratorio que permite visualizar esta afirmación. Aunque las ciencias económicas avanzan en modelos probabilísticos y expectativas racionales, numerosos autores demuestran la inviabilidad del equilibrio automático de los mercados financieros. Esto resta fuerza predictiva al andamiaje neoliberal y al anarco capitalismo.
En suma, tanto los mercados como la praxis política son imperfectos. Por ello, se requiere un elevado nivel de responsabilidad social. El capitalismo democrático solo funciona si existe una clase capitalista con vocación de inversión e identificada con los intereses nacionales, y dirigencias políticas y gremiales que entienden las reglas del crecimiento económico. La vocación se convierte en praxis cuando existen acuerdos fundamentales sobre el significado de un sistema capitalista liberal en donde los juegos de poder se dan entre adversarios y no enemigos. Ese acuerdo permite que el Estado y la sociedad se fortalezcan (Chantal Mouffe, 2007).
Desafíos Morales
La vida social se nutre de valores morales. Cuando estos se pierden, el vacío político y la desorientación se vuelven inevitables. La relación entre filosofía moral y teoría económica es indisoluble. Cuando las dirigencias pierden el respeto por los valores morales, el dinero se convierte en el valor supremo: todos somos pasibles de ser comprados o de comprar voluntades. Siempre habrá excusa para justificar comportamientos que otorgan ventajas a costa de la dignidad y de la justicia, con la consecuencia de que esos comportamientos incentivan la ruptura de reglas básicas de la convivencia social. Es un espejo roto.
Una parte importante de la sociedad argentina percibe que estos comportamientos desangran a la democracia y los asume como parte de su realidad. De allí surge la desesperanza y los comportamientos anómicos. Carlos Nino ya lo advierte en su célebre obra “Un país al margen de la ley” (1992). La pregunta que queda abierta es si una sociedad puede seguir funcionando y reproduciéndose cuando los valores predominantes son la corrupción y el enriquecimiento individual. La respuesta es qué sin un cambio de cultura, la democracia liberal tambalea.
Conclusión
Ocurre que estamos ante un peligroso desafío: “el anarco capitalismo confía en el mercado absoluto, la democracia liberal reconoce la necesidad de instituciones políticas. Aunque imperfecta, sigue siendo el único marco que impide la fusión del poder económico y político en poder absoluto, condición indispensable para preservar justicia y libertad.”
*Dr En Ciencia Política (UNC-CEA)







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