

Desde Nueva Jersey, Nueva York
La imagen de Lionel Messi, cabizbajo, mirando la tribuna argentina mientras los hinchas revoleaban sus camisetas, algunos en cuero y alguno puro sudor, lo dice todo. Quizás se acabó una época, el sueño del que no queremos despertarnos. La victoria de España ante Argentina en esta Copa del Mundo marca el fin de una era, pero a su vez es un sueño que todos disfrutamos. Pero claro, ahora costará saber el futuro, lo que vendrá tras Lionel Messi, que seguramente tuvo su The Last Dance, ante quien todo el estadio aquí en Nueva Jersey se rindió de pie. Este estadio, el MetLife, que ya es una maldición para los argentinos - aquí se perdió la Copa América Centenario en 2016 con Chile, y ahora con España se repite esa maldición- quedará lo mismo en la memoria de todos, porque fue el último concierto de Messi, que tuvo un partido bravo, le pegaron lindo, pero el cansancio y la marca de una España abrumadora no lo dejó brillar del todo. Pero así está este Mundial, la Copa del Mundo 2026 se despide con la sensación de que necesita de Argentina para tener color, porque fue local en todas las sedes, como ayer en la tarde calurosa de Nueva Jersey. Sin dudas Argentina fue una de las grandes animadoras, en las tribunas, en las canchas, y eso se volverá a sentir dentro de cuatro años, cuando en 2030 España, Portugal y Marruecos inauguren otro mundial, con el partido inaugural donde Argentina podrá hacer lo que hará en Buenos Aires para rememorar los 100 años de los mundiales.
Claro está que Argentina muere de pie en esta Copa del Mundo con los lesionados y hay lamentos, ¿no? Con las lesiones de Lisandro Martínez y de Cuti Romero, con la expulsión tempranera de Enzo Fernández, entre comillas, entre paréntesis, una... ¿cómo sería? ingenua tarjeta amarilla al principio, que no pudo jugar Lautaro Martínez, morir sin su goleador y sobre todo porque el técnico Lionel Scaloni tampoco pudo encontrarle muchas respuestas. Un equipo que llegó con lesiones y que estuvo a un paso de la definición. El estadio esperaba a Argentina campeona, pero España, en los papeles era favorita y cumplió con esos pronósticos. Muy Italia 90, una Argentina que se fue a los tumbos, que llegó hasta la final, que forzó suplementario, pero que de todas maneras no tiene un sabor amargo esta derrota.
Y así está Nueva Jersey, paraíso de ecuatorianos, colombianos, portugueses y argentinos que buscan cambiar su vida o llegar al sueño americano con mucho trabajo lejos y no muy lejos de la Manhattan y la gran ciudad, Nueva York, que con sus luces muchas veces tiene menos lugares para los latinos y también donde hay muchos homeless, donde la marihuana es legal y donde los argentinos quizás no se sienten cómodos del todo.
De todas maneras pareciera que Estados Unidos, por más que tenga alguna frialdad, deja en claro que volverá a repetirse como sede, porque es el único lugar donde pueden pagar entre 6.000, 8.000, 10.000 y hasta 12.000 dólares por una entrada a una final. Algo que en Qatar era imposible y que sin embargo Estados Unidos parece que es legal, legítimo y donde hay menos llantos, porque evidentemente hay un mayor poder adquisitivo.
Igual nadie le quita lo bailado a esta Selección. Copó Kansas City primero, después fueron los 11 días en Dallas bajo el calor del desierto; la locura de Miami con la humedad y el banderazo que se armaba cada cinco minutos en cada esquina, la tranquilidad a medias de Atlanta, la ciudad céntrica, y también después en Nueva York, donde los argentinos hicieron brillar al Times Square.
Ni las luces de Manhattan, Broadway y Times Square pudieron opacar la luz de los argentinos, que con puro banderazo consiguieron que se sumen otros latinos en la Quinta Avenida y en Broadway, donde pudieron disfrutar del verdadero show argentino. Algunos sin entradas, la mayoría, otros con pasión nomás, y otros que se acercaban curiosamente a acompañar al equipo y el banderazo, se vivió como el verdadero mundial.
Ayer Argentina fue sin dudas ganador y nuevamente FIFA debe replantearse que un Mundial sin Argentina no tiene sentido. No solo por Messi y Maradona, sino también por una hinchada que cotiza en bolsa y de la que todo el mundo quiere una foto y un banderazo y un video para poder compartirlo a sus amigos o parientes para mostrar cómo se vio el fútbol en Argentina.
Llega otra era. ¿Lionel Scaloni continuará en el equipo o irá a buscar la suerte en algún equipo europeo? ¿Messi se retirará de la Selección Argentina? ¿Tendrá un rol más protagónico en AFA como dirigente? Acompañamos y ser contemporáneos de Messi no tiene precio. Y más de esta selección que se llevará como recuerdo el triunfazo agónico ante los ingleses a puro corazón y también con fútbol, como también la remontada épica ante Egipto, como con la exótica Cabo Verde que nos puso en aprietos y que después sacó el corazón con el cordobés Cuti Romero y su cabeza. Ni hablar también del partido con Suiza donde el otro cordobés, Julián Álvarez, metió un zapatazo de ángulo y todos deliraron. Los argentinos llegaban a dedo, en auto, en moto, en bicicleta, como algunos locos. Vendieron lo que tenían para estar en la gran final. Muchos lo consiguieron y otros no. Pero el camino de 35 días de la Copa del Mundo fue inolvidable. Para aquellos que están desde el primer partido en Qatar City, como aquellos que llegaron improvisadamente para la semifinal y la gran final aquí en la Gran Manzana, donde la suerte fue esquiva pero donde la familia se terminó de completar para siempre. Porque cuando uno viene a un mundial, arma amigos que son justamente de esta naturaleza. Termina siendo familia con quien compartís un sándwich, un asado, o te abrazas con quien no conoces o compartís el auto con alguien que recién viste en un grupo de WhatsApp o te dormís, le haces un lugar en la cama o en el piso a un otro forastero argentino que tiene sueño de ver a la Selección. Y eso en el mundo no existe. Por eso Argentina es un bien y un mal necesario en los mundiales. Esta Copa del Mundo 2026, la primera en tres países, Canadá, Estados Unidos y México, dejó en claro eso. Que Argentina es el oxígeno de todos los mundiales. Y bien pudo levantar su copa para que Messi siga en el Olimpo pero al no conseguir ese objetivo, pareciera que lo mismo es campeón. Y así está Argentina, en el mundial más caro de la historia, cae de pie y seguramente los jugadores y el cuerpo técnico serán recibidos como héroes. En Casa Rosada, o donde el presidente Javier Milero disponga. Como pasó con Maradona en el 90, pero aquí parece que hay algo más. Un amor sellado, un tatuaje que nadie podrá olvidar.



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