
Un RIGI para el arco noroeste
Javier Boher
El título de la noticia me llamó la atención: Córdoba no votará el Super RIGI. Abrí para leer y me encontré con que el contenido era aún peor, ya que la agenda cordobesa implicaba bajar retenciones, defender la industria autopartista y cambiar el corte de biocombustibles.
Esa agenda no está mal, porque los tres sectores explican buena parte del empleo cordobés y la generación de riqueza en la provincia, pero es incompleta en términos productivos. Córdoba tiene la posibilidad de crecer más allá del campo y los aportes de la llanura pampeana, pero hay que tener ganas de verlo.
Claro que fuera del cálculo económico y de crecimiento hay cálculos políticos. La riqueza de las zonas agrícolas ayuda a sostener la pobreza del arco noroeste, fidelizando votantes con empleo público pagado con impuestos a otros sectores. Con el ojo puesto en las elecciones del año que viene no está mal defender la base electoral del empleo industrial y los aportes del campo, un sector en el que el peronismo debe recuperarse de su mala performance de 2023. En ese sentido no hay nada que reprochar al sostenimiento de una fórmula económica que le permitió al justicialismo mantener el poder por siete mandatos consecutivos.
Pero los tiempos han cambiado y las provincias deben salir a competir por los dólares de afuera (que siguen sin llegar en cantidad). Si bien hay mucho margen para seguir creciendo en la llanura, las necesidades provinciales están en una zona históricamente postergada, la del arco noroeste.
Para entender de qué manera puede servir el Súper RIGI en la provincia hay que revisar cuánta riqueza per cápita se genera en distintas zonas. Lo primero es ver cuáles son los departamentos más ricos. A la lista la encabezan Marcos Juárez y San Justo, que se sitúan entre los 35.000 y 40.000 dólares per cápita con paridad de poder adquisitivo, como Uruguay y Chile. Les sigue General Roca, alrededor de 30.000 dólares, similar a Argentina o China. El promedio provincial es similar al de Grecia, alrededor de 28.000 dólares. Todos estos valores varían sustancialmente si se toman valores nominales, poniendo a estos tres departamentos más cerca de Reino Unido, Alemania, Finlandia o Canadá.
La lista de abajo es la del arco noroeste, con una franja entre 8.000 y 15.000 dólares per cápita, valores como los de Albania, Armenia y Moldavia, los países que todavía no disfrutan de los beneficios de integrarse a la Unión Europea.
Estos últimos departamentos son los que más me interesan, porque siempre los consideramos pobres y poca cosa porque los comparamos con los hermanos ricos del este. Yo prefiero compararlos con Israel, un Estado con condiciones climáticas similares. Llueve menos de 600mm al año y tienen una temperatura promedio de unos 20°, con los promedios máximos y mínimos en valores similares.
El PBI per cápita de Israel está en 59.000 dólares, cuatro veces más que el de los mejores departamentos del norte cordobés y siete veces mejor que el de los peores. Es una potencia tecnológica que se desarrolló en un ambiente hostil en términos climáticos, pero también porque les llueven misiles todos los días desde países vecinos que quieren borrarlo de la faz de la tierra.
El super RIGI apunta a sectores que no están tan desarrollados en el país, pero que potencialmente podrían funcionar en Córdoba, aunque para eso hay que dejar de pensar con la matriz de siempre.
Hace unos días hablaba con un empresario que paga entre 150 y 200 millones de pesos mensuales por ingresos brutos. Decidió aprovechar el programa provincial para usar parte de eso como inversión a ser hecha en los departamentos menos industrializados del país.
Dicha política pública es buenísima, pero sería mejor si se la redireccionara con otros incentivos adicionales para tratar de cambiar la matriz productiva de la región, evitando que solamente sirva para poner un criadero de pollos o de cerdos con el que el hijo del empresario cobre un sueldo salido de lo que normalmente iría a impuestos.
Córdoba siempre ha sido uno de los motores del país, pero también le ha costado proyectar su modelo fronteras afuera. En un contexto como el actual, en el que se vislumbra un cambio de época y de modelo económico, pretender sostener los modelos del pasado puede implicar un riesgo para la calidad de vida en la provincia y para la retención del poder en manos del mismo partido. La renovación no puede verse solamente en las cuestiones estéticas de la comunicación gubernamental, sino que además debe transmitirse a las formas de trabajar y producir. La demanda sigue siendo el cambio, incluso en lugares que siempre han vivido en las mismas malas condiciones, subestimados en sus capacidades y subsidiados con los aportes de los departamentos ricos. Quizás llegó el momento de pensar que con las nuevas tecnologías existentes y los sectores a desarrollar en el país la riqueza también se puede generar en el noroeste.



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