
Volver a darlo todo
J.C. Maraddón
Hay momentos irrepetibles que luego son contados una y mil veces, de acuerdo con la perspectiva de quien vuelve a narrar cómo fueron los sucesos. En esa evocación puede convivir la memoria de los que fueron protagonistas, junto a la de los que fueron testigos. Pero, además, se agregan luego las versiones de quienes no fueron ni una cosa ni la otra, por lo que retoman recuerdos ajenos y le suman su impronta, hasta que todo se transforma en una leyenda dispuesta a admitir variantes sin que se altere el carácter extraordinario de los hechos a los que se está haciendo referencia.
En la historia reciente, la que cuenta con el respaldo de archivos audiovisuales y del testimonio de los sobrevivientes, una epopeya de la que se hablado hasta el hartazgo es aquel encuentro futbolístico entre las selecciones de Argentina e Inglaterra, que se escenificó en el Estadio Azteca de la ciudad de México durante la Copa del Mundo de 1986. Apenas cuatro años después de la Guerra de Malvinas, que ambos países tuvieran que dirimir semejante duelo deportivo cargó de connotaciones bélicas un match cuyo antecedente se remontaba a 1966 y a aquella expulsión de Rattín que cuenta con su reconstrucción mítica particular.
Fue en el mediodía mexicano de hace 40 años, cuando Diego Maradona alcanzó la estatura de un héroe nacional, a partir del gol que fue inmortalizado como “la mano de Dios”, y de ese segundo tanto al que la mayoría coincide en catalogar como el mejor que se haya conocido. Luego, la selección derrotó a Bélgica en semifinales y a Alemania en la final, pero ni siquiera la consagración como campeón pudo opacar el brillo de esa victoria contra los ingleses, que fue resignificada como una especie de venganza contra el enemigo que nos había expulsado de un territorio al que se reivindicaba como propio.
Precisamente, al celebrarse el cuadragésimo aniversario de aquella gesta del Diez, los realizadores cinematográficos Juan Cabral y Santiago Franco resolvieron elaborar un documental que plasmara lo ocurrido para traerlo al presente, justo cuando estaba a punto de disputarse un nuevo mundial, esta vez en Norteamérica. El estreno de esta película, titulada “El partido”, se produjo en el mes de mayo en el Festival de Cannes, y pocas semanas más tarde empezó la proyección en salas, con un desempeño bastante modesto en cuanto a la cifra de espectadores que acudieron a las proyecciones.
Obtuvo, eso sí, críticas positivas, aunque se le reclamó cierta proximidad al cine publicitario en su planteo estético, y la declamación forzada de los textos en off por parte de los mismos jugadores que habían sido partícipes de aquella competición y cuyas remembranzas constituyen el eje del desarrollo narrativo. Para cuando la pelota empezaba a rodar en una nueva cita mundialista, “El partido” ya había comenzado a abandonar el circuito comercial, y a aterrizar en salas alternativas, con la perspectiva de que hacia fines de julio pasara a la oferta de la plataforma de Disney, ya que una de sus subsidiarias, Hulu, había intervenido en la producción.
Lo que nadie podía prever, era que en instancias de semifinal de esta copa que se está disputando, los combinados de Argentina e Inglaterra volvieran a enfrentarse. Y que, a raíz de esa coincidencia fortuita, el largometraje de Cabral y Franco tuviera que regresar a los cines porque la gente necesitaba refrescar esa cruzada maradoniana a la que el filme le dedicaba sus esfuerzos. Con números de taquilla excepcionales, el documental recuperó pantalla, además de llegar a muchísimos usuarios que lo vieron en sitios sospechosos gracias a la magia de la piratería.
Sin embargo, lo que mucho menos podía anticiparse, era que la Argentina se llevara el triunfo por el mismo marcador con el que sometió a los ingleses cuatro décadas atrás. Messi no anotó un doblete inolvidable como el de Maradona, pero el enfrentamiento estuvo impregnado de una épica conmovedora. La selección nacional dio vuelta el marcador con un voluntad a toda prueba y un juego vistoso, para transformarse así en finalista y acceder al duelo definitivo contra España, que tendrá lugar en Nueva Jersey el próximo domingo y que representará la tercera oportunidad en que alcanza esa posibilidad en los últimos doce años.
¿Qué pasará entonces con “El partido” ante esta realidad que parece dispuesta a construir una nueva mitología? ¿Perderá fuerza la hazaña de México ‘86 frente a esta escuadra que no se da por vencida ni aun vencida? Es probable que, mientras equipos de camarógrafos, guionistas, editores y directores planifican lo que podría ser la futura crónica legendaria de Leo Messi y sus muchachos, el archivo de antiguas glorias siga experimentando una revisita permanente, como fuente de inspiración para que quienes vistan la camiseta albiceleste entiendan que deben estar a la altura de quienes los antecedieron en esa misión de darlo todo.







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