
Mal de ausencia
J.C. Maraddón
En la industria del espectáculo, la fabricación de ídolos es uno de los rubros trascendentales para la supervivencia y el crecimiento, porque a partir de ellos las multitudes se lanzan a la aventura del consumo sin medir las consecuencias. El nombre de una actriz o un actor puede resultar decisivo en el éxito de una película, del mismo modo que la presencia de determinada estrella musical garantiza ventas millonarias de entradas para un concierto o un festival. Es mucho más sencillo recuperar la inversión y obtener ganancias con la ayuda de ese tipo de incentivos, aunque su cotización sea acorde a su capacidad de convocatoria.
Este fenómeno no es ninguna novedad: desde los comienzos de la producción cinematográfica, las celebridades de la pantalla grande han funcionado como un imán para la taquilla, y por eso aparecieron siempre con letras de molde en los afiches y en los créditos de los largometrajes. Es sabido que tal filme rendirá mejor si actúa en él determinada figura, sin que en esto intervengan sus cualidades interpretativas, sino el carisma que posee al momento de llenar las salas. Reunir a dos o tres de estas personalidades en un casting, es una apuesta que no debería fallar.
Tanto esos astros como quienes los contratan procuran que su vigencia se sostenga en el tiempo y tratan de evitar que el atractivo decaiga, tarea para nada sencilla entre tantas cancelaciones y escándalos. Sin embargo, los encargados de financiar estos proyectos no trepidan en promover caras nuevas si alguno de los eternos consagrados muerde la banquina y derrapa; o si, por otra clase de razones, pierde los favores de sus fans y se torna incapaz de arrastrar a la gente a sacar una entrada. La salud mental de los famosos suele entrar en crisis ante tamaña adulación, por eso los empresarios se cuidan de tener algún reemplazante a mano.
Si acierta en su trayectoria y no toma el camino equivocado, cualquier pop star puede aspirar a una larga y prolífica carrera, para cuya consolidación deberá adaptarse a las sucesivas modas o crear un estilo personal que soporte el paso de los años. De igual forma, un ícono hollywoodense tiene serias chances de perpetuarse en la elite del séptimo arte si no se mete en problemas y si acepta roles acordes a su edad a medida que su cuerpo va envejeciendo y debe resignarse a representar personajes no necesariamente juveniles.
La inserción definitiva del deporte dentro del negocio del entretenimiento, tiene como contraindicación que la mayoría de esos atletas a los que el público idolatra, deberá retirarse cuando ya no sean aptos para la alta competencia. Y la fatalidad de esa fecha de vencimiento es un inconveniente que hasta ahora no parece tener solución, por más que haya una danza de fortunas girando alrededor de disciplinas como el fútbol, que en los últimos cincuenta años ha experimentado un feroz proceso de espectacularización, del que la reciente Copa Mundial no ha sido más que una poderosa muestra, con cifras extraordinarias de recaudación en los más diversos rubros.
Uno de los focos de interés en ese torneo fue el desempeño de Lionel Messi, el crack argentino que cumplió 39 años durante la disputa de la fase de grupos, y a pesar de ello se dio el lujo de rendir en un nivel superlativo y llevar a nuestra selección al subcampeonato. Es imposible calcular cuántos fueron los que compraron su ticket y asistieron a un partido o pagaron el pack de la televisación sólo para verlo al capitán de la escuadra nacional gambetear a sus marcadores o hacer goles con remates de larga distancia.
Forjar un héroe del balompié de esa magnitud ha demandado largos años de trabajo y un constante financiamiento, a partir de esa genialidad que trae desde la cuna. Si bien en la actualidad no faltan futbolistas notables que con su magnetismo hagan vibrar a la tribuna y despierten el interés de los telespectadores, nadie se compara con las cualidades del rosarino, que han desatado una pasión universal durante las últimas dos décadas y que han inyectado millones en un mercado mucho más amplio que la afición deportiva, porque su fama se asienta en un Olimpo donde muy pocos habitan.
Messi anunció en el arranque de esta semana que se retira de la Selección Argentina y su carta de renuncia provocó una herida sangrante en el alma de quienes disfrutamos de sus habilidades y de su gran aporte a los triunfos de la divisa albiceleste. Pero detrás de ese dolor genuino por lo que ya no será, también se propagan los lamentos de los que sellan acuerdos lucrativos ligados al virtuosismo de un superdotado. Mientras algunos especulan con la imposibilidad de suplir su impronta en nuestro combinado, otros hacen cálculos acerca de las pérdidas económicas que va a acarrear su ausencia.







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