
Cordobers | Caras y Caretas Cordobesas
Víctor Ramés
El brillo tenue de Octavio de Rochefort (Octava parte)
Octavio Rochefort aportaba dos anécdotas familiares al reportero de “El Hogar”, en septiembre u octubre de 1935. La primera se remontaba al fines del 1700, durante el período del Terror que caracterizó a la Revolución Francesa, referida a la figura de Jeanne Du Barry, cortesana francesa y la última amante oficial de Luis XV de Francia, ejecutada en la guillotina en la plaza de la Revolución el 8 de diciembre de 1793.
“—Mi familia conservó hasta 1817, fecha en que les fue robado, un precioso recuerdo de la célebre Madame Du Barry, y que se vincula a un episodio de la vida de los nobles en las prisiones revolucionarias durante el Terror. Mi abuelo Claudio, marqués de Rochefort-Luçay, fue muy conocido como autor dramático bajo el seudónimo de Armando de Rochefort. Su madre había sido encarcelada con él por ser la esposa de un noble emigrado, ya que mi bisabuelo había huido de París para ofrecer sus servicios al ejército de Condé. (…) La marquesa de Rochefort-Luçay compartía su celda con Madame Du Barry, que, menos afortunada que ella, fue llamada ante el inexorable tribunal revolucionario. Pero la Dubarry -que pasaba por ser la mujer más bonita de Francia- en un supremo arranque de coquetería, cambió con la marquesa de Rochefort su cofia, ya ajada, por una que terminaba de planchar la abuela del panfletista francés. La Du Barry no volvió más a la Conciergérie. La cofia prestada fue guardada por el verdugo Sanson, siguiendo la costumbre de los hombres de la guillotina, mientras que la de la Du Barry quedó en poder de los Rochefort.”
La segunda anécdota se refiere a un viaje de egresados que Henri Rochefort decidió no realizar, sobre lo que escribió en su libro “Las aventuras de mi vida”, publicado en 1880. Sin embargo Octavio la refería como inédita. Tal vez la hubiese conocido de boca de Henri.
“Hacia 1900 mi padre escribió numerosas crónicas en el periódico Gil Blas. Una de ellas tenía por título ‘Grimsel’. Y bien: este seudónimo tiene su origen en una circunstancia extraordinaria. Cuando mi padre terminó su bachillerato, la familia le regaló mil quinientos francos para efectuar un paseo con un amigo por toda Suiza, recorriéndola, como se estilaba entonces, a pie y con una bolsa al hombro”.
Para no desbaratar el presupuesto de su madre, Henri renunció al viaje, del que participaron su compañero Leonard, el hermano de este y un tercer amigo. En cada etapa, Leonard le remitía una carta. “Pero llegó un momento en que no se tuvieron más noticias de él. Las búsquedas resultaron infructuosas. Se les había visto por última vez cerca de un pueblecillo llamado Grimsel, al pie de la montaña de Suiza que lleva el mismo nombre. Durante siete años, nada más se supo, hasta que un día la hija de un hotelero fue a vender unos mosaicos cerca de la ciudad en que vivían los padres del amigo de Rochefort. La casualidad hizo que estos compraran algunos, y comprobaron con sorpresa que los mosaicos tenían dibujado el mismo motivo de un alfiler de corbata que se había llevado el desaparecido al partir de jira. La policía intervino y se estableció que el posadero de Grimsel mataba a los viajeros para desvalijarlos.” En la versión de Octavio, el posadero fue ejecutado; en la del propio Henri, solo recibió una pena de veinte años de prisión, siendo liberado al cabo de unos años. El propio Henri había salvado su vida, y sus tres amigos la perdieron a manos de un hombre que había asesinado ¡nada menos que a un total de ochenta viajeros!








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