
Clásico, pero moderno
J.C. Maraddón
Entre los años sesenta y setenta, los grandes sellos musicales contaban en Argentina con la participación de conjuntos orquestales que acompañaban la grabación de muchas de las canciones destinadas a convertirse en éxitos radiofónicos. Tanto los intérpretes melódicos como los inscriptos dentro de lo que se denominaba música beat, debían atravesar el tamiz de los arreglos de directores como Horacio Malvicino o Jorge López Ruiz, quienes incorporaban a unas simples canciones la instrumentación que realzaba la calidad y redondeaba el magnetismo de eso que iba a ser cantado y tarareado por el público masivo a partir de su difusión mediática.
Cuando el rock se introdujo en ese panorama, quienes eran fichados por empresas multinacionales podían llegar a recibir la sugerencia de que era necesario someter sus creaciones al tratamiento de la orquestación. Aunque referentes como el dúo Pedro y Pablo pasaron por ese trance, otra dupla de la época, que actuaba bajo el nombre de Sui Generis, pudo trabajar con músicos de sesión de origen rockero en su debut discográfico de 1972 con el álbum “Vida”, porque fue publicado por Talent, una subsidiaria de Microfón que heredaba el carácter independiente de la compañía Mandioca, aquella iniciativa primigenia de Jorge Álvarez y Bily Bond.
Para el segundo disco, “Confesiones de invierno”, la decisión de convocar a un arreglador fue tomada por Charly García y Nito Mestre, quienes trabajaron junto a Gustavo Beytelmann para el registro de los temas “Cuando ya me empiece a quedar solo”, “Rasguña las piedras” y “Tribulaciones, lamento y ocaso de un tonto rey imaginario, o no”. Beytelmann era por esos años un pianista santafesino con formación clásica, que comulgaba con la veta del rock sinfónico de Emerson, Lake & Palmer. Como García también se inclinaba con énfasis hacia esa corriente progresiva, fue natural que convergieran en esas sesiones.
En 1976, Gustavo Beytelmann se iba a exiliar en París, donde se sumaría al octeto de Astor Piazzolla. Pero en Charly, que de niño había estudiado en un conservatorio, esa intención de expandirse hacia los sones clásicos no se aquietaría jamás. De hecho, tras grabar en San Pablo el material del primer álbum de Serú Girán, fue a mezclarlo en un estudio de Los Angeles y allí agregó una orquesta de cuerdas y vientos dirigida por Daniel Goldberg e integrada por 24 instrumentistas estadounidenses, cuya intervención se destaca en las canciones “Eiti Leda” y “Serú Girán”, donde se luce Syd Sharp como concertino.
En noviembre de 1978, el grupo presentó en vivo ese larga duración con un concierto en el club Obras Sanitarias, donde Goldberg volvió a tomar la batuta ante una orquesta, esta vez conformada por una veintena de sesionistas argentinos. Y si bien los espectadores se mostraron desorientados ante ese despliegue y frente el repertorio de la banda, García llevaba a cabo de este modo la hazaña de fusionar el rocanrol con la música clásica, algo que en el mundo anglosajón ya era común en ese entonces y que todavía generaba resistencias entre los fanáticos locales.
Desde la década del setenta hasta el presente, Charly repitió muchas veces esa fórmula, y de hecho su retorno con Sui Generis en 2000 se plasmó en un disco titulado “Sinfonías para adolescentes”. Y en 2011, cuando celebró sus 60 años con tres funciones en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, anexó un trío según los arreglos de Alejandro Terán, con Christine Brebes en violín, Julián Gándara en chelo y el propio Terán en viola. Ellos, junto a la agrupación The Prostitution, sirvieron de apoyo a las presentaciones del solista, que en cada uno de los conciertos abordó una lista de temas distinta.
Esa movida de 15 años atrás, que se completó con la salida de un box set que incluía tres DVDs, tres CDs, un libro, un póster y un dibujo original del cantante, ha sido reflotada por Flow a propósito de los 75 que cumplió García el viernes pasado. El contenido audiovisual completo que ofrecía aquel lanzamiento, denominado “60x60”, está disponible ahora para los usuarios de esta plataforma en una triada de poco más de una hora por episodio. En el inicio, entrevistado por Juan Alberto Badía, Charly explica su fascinación por lo orquestal y cita la influencia de Peter Gabriel.
No fue esta la única novedad que trascendió hace una semana, en el mismo día que el músico soplaba las velitas: en simultáneo, se difundió un video donde se lo ve anunciar “Charly por Charly”, un documental que estrenará Netflix en fecha a confirmar. Y sigue sin aclararse el misterio de la supuesta serie de ficción que protagonizaría Marco Antonio Caponi, inspirada en la vida del ídolo rockero. Por el momento, aquellos seguidores suyos que quieran ir a lo seguro disponen en Flow del “60x60” donde, nuevamente, comete la travesura de arreglar sus clásicos para que luzcan mejor que nunca.







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