En busca del prestigio perdido
J.C. Maraddón
En la serie “After Life”, cuyas tres temporadas se vieron a través de Netflix hace ya algunos años, el artista inglés Ricky Gervais pudo hacer gala de ese humor negro que lo ha vuelto famoso, al interpretar a un flamante viudo que enfrenta su existencia con una cuota de cinismo escalofriante. Tan solo su perro está en condiciones de acompañar el duelo de Tony Johnson, este personaje que se propone verter sus opiniones sin filtro, por más que dañen a quienes las escuchan, como una forma de perpetrar una especie de venganza contra el mundo, después de haber perdido a su esposa.
Este hombre de 58 años, depresivo y cascarrabias, se desempeña como periodista en una publicación local en la (inexistente) localidad de Tambury, Inglaterra, que es el lugar desde el que procura extraer historias de vida que ameriten aparecer en el periódico de circulación gratuita. Al sarcasmo y la denigración permanente que él ejecuta, los padecen tanto sus compañeros de la redacción como otras personas cercanas, entre las que se incluye su cuñado, quien es el dueño de la empresa y, además, está empecinado con que Tony emerja de su ostracismo y deje de agredir a los que lo rodean.
En cada jornada, Tony toma su libretita y, junto al fotógrafo Lenny, va en busca de esa gente pueblerina que, por determinadas causas y según fuentes “dignas de crédito”, ha protagonizado un hecho noticiable. El encomio que ponen ambos en su tarea, no siempre se ve premiado por el hallazgo de un caso resonante. No son habituales esa clase de acontecimientos en poblados así de pequeños, por lo que las ansias de relevar un suceso fuera de lo común se ven frustradas las más de las veces y el cronista debe regresar sin aquel relato que podía ser de gran interés para los lectores.
Más allá de la diversidad de aristas que ofrece esta tragicomedia, como director, guionista, productor y protagonista Gervais no se priva de exponer el detrás de escena periodístico de ese pasquín aldeano, donde es Tony uno de los pocos que entiende que el emprendimiento va camino a ninguna parte. En un contexto en que el desgano y la ausencia de perspectivas han ganado a sus compañeros, él debe lidiar con el ocaso de una profesión tal como se la había conocido hasta entonces, y con su propio desánimo, que en ciertas circunstancias lo lleva a pensar en el suicidio.
Aunque Ricky Gervais sólo figura como productor ejecutivo por una cuestión de derechos, la serie “The Paper”, que fue estrenada hace algunas semanas por HBO Max, pareciera extraída de ese universo de “After Life”, de la cual bien podría ser una secuela. Sin embargo, se trata de un spin-off de la multipremiada “The Office”, aquella creación original de Gervais que, en su versión estadounidense, se extendió a lo largo de nueve temporadas. En un periódico de pueblo llamado Toledo Truth-Teller, se ambienta esta nueva sitcom que tiene como responsable a Greg Daniels, quien también estuvo detrás del éxito norteamericano de “The Office”.
En medio de la pauperización del periodismo a partir de contenidos que solo mendigan el click de los usuarios, un nuevo editor arriba al TTT y debe lidiar con su antecesora interina y con un staff donde la capacitación está ausente. Así como Gervais posó su mirada cáustica sobre ese cuarto poder virtualizado, en “The Paper” no faltan gags que se mofan del triste destino de una publicación que supo ser de lectura obligada para los vecinos y que ahora atina a volver a sus fuentes para recuperar el prestigio que alguna vez tuvo para la comunidad.