El 2027 de los intendentes podría arrancar este mismo domingo
Por Gabriel Marclé
“Hay que ir como sea”, fue la respuesta de un intendente del interior ante la consulta de Alfil sobre la participación de los jefes municipales en la apertura de sesiones ordinarias de la Legislatura, que se realizará este domingo en Laboulaye. La frase sintetiza el clima que rodea al evento: más allá del acto institucional, el discurso del gobernador Martín Llaryora y su desembarco en el sur-sur provincial son leídos como una instancia de alto valor político para quienes empiezan a mirar de reojo el calendario de 2027.
Para varios de los intendentes del interior, la cita del domingo configura un punto de partida anticipado de la próxima carrera electoral. No se trata de ir a gestionar obras ni de solicitar fondos de manera directa, sino de mostrarse, de estar presentes y visibles en un escenario que empieza a ordenar alineamientos y expectativas. La foto, el saludo, el lugar en el protocolo y la proximidad al gobernador funcionan como señales que luego se traducen en lecturas internas sobre niveles de respaldo y consideración política.
La idea de una “larga campaña” comienza a ganar cuerpo entre los jefes municipales. Aunque las elecciones aún parecen lejanas, el proceso de construcción de candidaturas ya está en marcha, sobre todo en aquellos municipios donde habrá intentos de reelección y en otros donde distintos espacios buscan posicionar nombres competitivos con el aval provincial. En ese marco, llegar a Laboulaye para acompañar a Llaryora es entendido como un paso más dentro de una estrategia de continuidad o de proyección. No es una garantía, pero sí un gesto que suma en un tablero donde nadie siente tener el lugar asegurado.
La ampliación del espacio Provincias Unidas es uno de los factores que explica esta dinámica. La decisión de Llaryora de sostener un esquema político que excede al peronismo e incorpora a radicales y vecinalistas modificó el mapa tradicional de apoyos. El armado transversal amplió la base de sustentación del proyecto provincial, pero también incrementó la competencia interna en cada distrito. Para muchos intendentes, el desafío ya no es solo sostener su liderazgo local, sino hacerlo dentro de un ecosistema político más poblado de aspirantes.
Desde la organización local anticipan que la asistencia de intendentes a Laboulaye será récord. La capacidad hotelera se encuentra completa desde hace varios días y se espera la llegada de delegaciones de distintos puntos de la provincia. Algunos lo harán bajo invitación formal de protocolo, otros por iniciativa propia, pero todos con la misma lógica: no quedar afuera de una foto que, en la práctica, comienza a marcar el pulso de la etapa que viene.
El fenómeno no se limita a los jefes municipales en funciones. También la dirigencia peronista de aquellas localidades donde el PJ es oposición buscará hacerse presente. En esos distritos, el acto aparece como una oportunidad para no perder contacto con el centro de decisiones del oficialismo provincial y para mostrarse como actores disponibles en la disputa futura. La ampliación aliancista del esquema de Llaryora generó, en ese sentido, una tensión adicional: dirigentes peronistas que aspiran a competir con el sello partidario sienten que el corrimiento hacia acuerdos con radicales o vecinalistas puede cerrarles puertas.
El poder de las encuestas
“Va a ser candidato el que mida mejor”, fue la frase que empezó a circular con fuerza tras una reunión de intendentes cordobeses realizada el año pasado. Nadie se anima a adjudicarle públicamente la autoría, pero distintas fuentes consultadas por Alfil coinciden en que fue pronunciada en un encuentro del que participaron figuras de peso del Panal, entre ellas el ministro de Vinculación y Gestión Institucional, Miguel Siciliano. La definición buscó ordenar un escenario que comenzaba a cargarse de tensiones y reclamos cruzados.
El mensaje fue directo: la construcción de candidaturas municipales rumbo a 2027 estará atravesada por la lógica de las encuestas. En particular, el planteo apuntó a los distritos gobernados por intendentes radicales o vecinalistas que se integraron al esquema de Provincias Unidas. Allí comenzaron a escucharse cuestionamientos de sectores peronistas que advertían que el armado transversal podía operar como un freno a sus propias aspiraciones de contar con el respaldo explícito del gobernador.
El juego a dos puntas del Panal parece encaminarse hacia una resolución previsible. La convivencia entre oficialismos locales no peronistas y la estructura partidaria tradicional se ordenará, en principio, por criterios de competitividad electoral. En cada distrito, la pregunta central no será tanto el origen partidario del candidato, sino su capacidad de encabezar la oferta con mayores probabilidades de triunfo. Y ese dato, según admiten en el propio oficialismo, se resolverá con números.
Los “comandantes” políticos de cada departamento ya comenzaron a transmitir ese criterio como una regla general. La consigna es clara: en 2027, sin excepciones, el respaldo provincial estará atado a quien muestre mejores niveles de intención de voto. Si la continuidad radical o vecinalista resulta funcional al proyecto provincial en el año en que Llaryora buscará revalidar su liderazgo político, esa opción será priorizada. Solo una medición que coloque a un candidato peronista por encima podría modificar esa ecuación.
La misión de los dirigentes de mayor peso en cada distrito es evitar que el escenario vuelva a desordenarse como ocurrió en 2023 en localidades como Coronel Moldes. Allí, la fragmentación del peronismo y la falta de coordinación interna le abrieron el camino a Juntos por el Cambio para ganar una elección que dejó secuelas.
En ese caso puntual, Llaryora construyó luego un vínculo político con el intendente radical, Ezequiel Moiso, mientras el peronismo local comenzó a trabajar en una recomposición que le permita recuperar competitividad y mejorar su posicionamiento en las mediciones. Es apenas uno entre los tantos ejemplos que el Panal observa para no repetir errores.
En ese contexto, la apertura de sesiones en Laboulaye aparece como algo más que un acto institucional. Funciona como un primer gran punto de encuentro del año político, una instancia de observación mutua entre el gobernador y el entramado de intendentes y dirigentes del interior. Para muchos, no se trata de escuchar solamente el contenido del discurso, sino de leer el clima, los gestos, las presencias y las ausencias. Un ejercicio de interpretación que, para los intendentes, empieza a darle forma concreta a la carrera hacia 2027.