Caras y Caretas Cordobesas
Corta visita del príncipe Humberto (primera parte)
Un año antes de que Mussolini se autoproclamase dictador frente a la Asamblea italiana, en 1925, un joven de 19 años, Humberto, de quien se decía que “era una persona sonriente y simpática”, realizó giras diplomáticas por el mundo representando a la Corona Italiana y, no menos, al fascismo en el poder, con el fin de transmitir una imagen positiva del régimen mussoliniano. El, heredero al trono de Italia, debutó como emblema italiano entre julio y septiembre de 1924, con un viaje a Sudamérica, para visitar Brasil, Argentina, Chile y Uruguay, y llevar amplias sonrisas del fascismo a los numerosos inmigrantes peninsulares en esos países. El 16 de agosto de 1924 estuvo en la ciudad de Córdoba, y sobre esa visita reflejaba Caras y Caretas unas fotografías y unos cuantos textos al pie de las mismas, el 30 de agosto de ese año.
Humberto desembarcó en Buenos Aires el 6 de agosto e inició una visita de seis días en la capital, en los que se sucederían actos protocolares, desfiles, banquetes, ceremonias religiosas, visitas a instituciones italianas, funciones de gala, el paseo a alguna estancia con todo y asado, entre otros compromisos.
El primer acto de su visita, tras haber bajado a tierra, se realizó en el Congreso Nacional. Tuvo lugar la recepción oficial y se le rindió pleitesía al joven heredero, con un discurso de bienvenida a cargo del presidente de la Nación, Dr. Marcelo T. de Alvear. El príncipe, a su turno, agradeció y aseguró que anhelaba “conocer este país hacia el cual se dirige una corriente continua de trabajadores, estudiosos y artistas italianos: recorrer estas tierras que desde siglos atrás son metas renovadas de la latinidad, cual es nuestra estirpe y que da prueba evidente de su continuo reflorecer.” Ya se dijo que el enviado hacía sus primeras armas diplomáticas y por ese motivo viajaba acompañado de un instructor de protocolo.
Dentro del programa de agasajos que se había organizado para el representante real italiano se destacó la actuación especial de un dúo criollo que ese año acababa de debutar en Madrid con enorme éxito, y se aprestaba a una nueva gira: Gardel-Razzano. También formó parte del agasajo una destacada representación de la ópera Aída en el teatro Colón.
Agotada esa parte de la estadía en la Argentina, se le cedió al príncipe el Tren Presidencial para visitar Rosario, Córdoba, Tucumán y Mendoza. En cada estación de ese viaje se hallaba reunida una gran manifestación de italianos que residían en las provincias, poseídos de un gran entusiasmo, que vivaban al enviado de su país. De algún modo, esas colonias italianas de la “pampa gringa” eran un interés central de aquella visita. Se trataba de asentamientos productivos desarrollados por inmigrantes llegados desde fines del siglo anterior, que emigraron de regiones de la campiña italiana. La política de Mussolini con respecto a la gran emigración hacia la Argentina se preocupaba por la inversión para reforzar el trabajo italiano en el exterior, y ampliar los proyectos de colonización productiva.
El Príncipe Humberto de Saboya arribó a Córdoba por un día, en el lujoso tren que no solo lo transportaba entre las provincias, sino que había sido especialmente acondicionado como lugar de alojamiento móvil de su alteza. Lo recibió en el andén de la estación un grupo de “notables”, que incluía al gobernador de Córdoba, Julio Argentino Roca (h), “ministros, altos jefes del ejército y demás personalidades”, según se leía en un epígrafe de la correspondiente foto en Caras y Caretas. Otra fotografía decía en su referencia:
“Humberto de Saboya al retirarse de la estación, mientras un público entusiasta lo aclama estruendosamente y numerosas damas hacen caer sobre el real visitante una lluvia de flores.”