Intendentes PJ buscan consolidar unidad entre versiones de fuga a LLA
El peronismo territorial del sur cordobés atraviesa una etapa de fuerte activación política. Con epicentro en el departamento Río Cuarto, los intendentes alineados con el gobernador Martín Llaryora vienen desplegando una serie de movimientos que buscan transmitir una señal clara: hay estructura, hay conducción y, sobre todo, hay vocación de sostener un proyecto común frente a un escenario nacional adverso y un frente interno atravesado por rumores de fuga.
El dato no es menor. En los últimos días, los jefes comunales del PJ mostraron una dinámica inusual de encuentros y fotos políticas. Primero fue la reunión en Santa Catalina-Holmberg, con presencia del ministro Gustavo Brandán y el legislador Juan Manuel Llamosas, donde el mensaje fue explícito: el interior no resignará gestión ni acompañamiento en medio del ajuste nacional. Allí, el diagnóstico compartido apuntó directamente a la Casa Rosada, con cuestionamientos por la caída de recursos y la falta de previsibilidad que impacta en municipios y comunas.
Pero la secuencia no terminó ahí. Ayer, en Río Cuarto, se volvió a escenificar otro gesto político de volumen. Bajo el paraguas de una actividad vinculada a políticas sociales —en este caso, un programa para garantizar tratamiento a personas con diabetes sin cobertura que terminó con críticas hacia la actualidad sanitaria del país— los intendentes del PJ se mostraron nuevamente en bloque, aunque esta vez ampliando la base: compartieron escena con dirigentes radicales y vecinalistas de la región. La foto fue encabezada por Guillermo De Rivas, Gianfranco Lucchesi y Maximiliano Rosseto, y sumó a nombres como Nanci Foresto, Javier Girardi, Aldo Etcheverry, Miriam Aguero, Vanina González y Leonardo Cravero.
Esa combinación no es casual. En el entorno del oficialismo provincial reconocen que la estrategia tiene dos objetivos simultáneos: consolidar la tropa propia y, al mismo tiempo, tender puentes hacia sectores no peronistas que también sienten el impacto de la crisis y buscan sostener gobernabilidad en sus territorios.
El trasfondo de esta hiperactividad tiene nombre y apellido: La Libertad Avanza. Más concretamente, el armado que en Córdoba impulsa el diputado Gabriel Bornoroni, quien —según pudo reconstruir Alfil— ya tendría acuerdos cerrados con al menos cinco intendentes del sur para competir bajo el sello libertario. La estrategia libertaria, lejos de exigir rupturas formales inmediatas, ofrece una plataforma que encuentra eco en dirigentes atravesados por la incertidumbre.
Ahí aparece el principal punto de tensión. Mientras el PJ busca mostrar cohesión, puertas adentro admiten que existen jefes comunales —no peronistas— que evalúan alternativas. El cálculo es pragmático: en localidades donde el oficialismo provincial no garantiza alineamiento pleno o donde asoma la posibilidad de competencia interna con candidatos propios del llaryorismo, algunos intendentes comienzan a mirar con atención la opción libertaria.
El factor electoral también pesa. El respaldo que Javier Milei supo cosechar en Córdoba en los últimos turnos electorales sigue siendo un dato insoslayable para cualquier dirigente del interior. En ese marco, la posibilidad de subirse a una boleta competitiva, con arrastre nacional y menor dependencia de estructuras tradicionales, seduce especialmente a intendentes radicales y vecinalistas que no tienen asegurada su reelección.
A esto se suma otro elemento de desgaste: la relación con la Provincia. Si bien el discurso oficial pone en valor el acompañamiento del Centro Cívico, en privado varios intendentes señalan que la caída de recursos y la tensión fiscal también impactan en el vínculo político. Esa combinación —incertidumbre económica y falta de garantías electorales— es el terreno donde avanza la conquista libertaria.
Frente a ese escenario, el peronismo del sur parece haber optado por más territorio, más gestión compartida y más fotos de unidad. La seguidilla de encuentros busca ordenar hacia adentro y enviar un mensaje hacia afuera. Que, pese a los rumores y las negociaciones en curso, el armado de Llaryora mantiene volumen político en el interior profundo.