Giordano, ¿el tapado?
Discípulo de Domingo Cavallo (como Juan Schiaretti), y de Juan Schiaretti (como Martín Llaryora), Osvaldo Giordano es hoy una rara avis de la política de Córdoba. Un “peronista-liberal”. Una madera que ya no se apea en estos tiempos, y que tuvo su momento de esplendor en los ’90.
Presidente del IERAL, think tank de la Fundación Mediterránea, Giordano es un hijo dilecto del círculo rojo cordobés, pero quienes quieran ver en él a un comisario de los intereses del establishment local errarán el diagnóstico. El ex ministro de Finanzas de Schiaretti no carece de ideas propias. Al contrario, las tiene y las debate con interlocutores de un amplio espectro de sectores que van desde las posiciones más liberales hasta representantes del progresismo.
Dueño de un vasto currículum, Giordano fue parte de los equipos técnicos que Cavallo llevó al ministerio de Economía durante la gestión menemista -al igual que Schiaretti-, ocupó puestos clave en AFIP, estuvo a cargo de la Caja de Jubilaciones de Córdoba entre 2007 y 2015, del ministerio de Finanzas de la provincia entre 2015 y 2023, y tuvo un paso fugaz por la Anses de Milei. En paralelo, se mantuvo siempre vinculado a ámbitos académicos, dirigió distintos institutos y tuvo rodaje en el sector privado como consultor del BID.
De indudable expertiz técnica, Giordano reúne condiciones que no abundan en la paleta del peronismo cordobés. (Ni en la paleta libertaria). Y viene levantando el perfil, con apariciones en medios nacionales y locales.
Sus diagnósticos del rumbo económico nacional son moderadamente optimistas, ponderando la convicción libertaria de preservar el equilibrio fiscal. Aunque reitera, cada vez que puede, que el Gobierno debería prestar mayor atención a la actividad económica, incluso si esto implica conformarse con un proceso de desinflación menos ambicioso.
Si el próximo desafío del peronismo cordobés -y del empresariado cordobés- es reformular el esquema económico, y pensar cómo puede insertarse la estructura productiva y comercial de Córdoba en el modelo de país que propone La Libertad Avanza, Giordano será un valor a ponderar en ese camino. Tiene la confianza del establishment, que ve en el eficiencia y capacidad para administrar. Y tiene comprobada eficacia en la gestión pública.
Muchos dirán que lo primero que tiene que tener un candidato son votos, y que Giordano siempre ha sido funcionario, mas nunca candidato. Sin embargo, su nombre ya se barajó para una lista. Cuando la candidatura de Schiaretti en la boleta cordobesa del 2025 no estaba asegurada, hubo peronistas que imaginaron la posibilidad de que Giordano ocupara el primer renglón, en calidad de representante del schiarettismo. Algo habrán visto. Algo habrán medido.
El peronismo cordobés marcha hacia el 2027 con una sola certidumbre: Martín Llaryora será otra vez el candidato del oficialismo a la Gobernación. Y con muchas interrogantes por resolver. ¿Quién lo acompañará en la fórmula?, ¿quién buscará el relevo de Daniel Passerini en el Palacio 6 de Julio?, ¿Quién liderará la lista nacional de Hacemos Unidos, que el año próximo renueva diputados y senadores?, ¿pueden dejar cabos sueltos ante el desafío que propondrá Bornoroni?
Sin ser número puesto para ninguna de esas candidaturas, Giordano es uno de los actores a que distintos sectores empujarán a competir. Al que imaginan compitiendo.