Natalia, entre dos amores
Un peronista nostálgico recordó, con innegable gracia, aquel éxito de “El Monstruo Cordobés”, Sebastián, para graficar la situación de Natalia de la Sota ante las versiones, cada vez más insistentes y desvergonzadas, de un acuerdo electoral entre el cordobesismo y la Casa Rosada.
El hit que animó la primavera del ’89, “Entre dos amores”, contaba la historia de un infiel que, al momento del ultimátum, admitía su confusión (“Tú piensas que te engaño, y esa es la verdad; pero no te creas, no, que no te amo más”). Ese es, precisamente, el dilema que pronto deberá resolver Natalia.
Se equivocan quienes ven en las votaciones del bloque Córdoba Federal, en Diputados, señas de un acuerdo electoral. El respaldo del cordobesismo al Gobierno Nacional para que pueda avanzar en el apartado legislativo de su gestión es contraprestación de fondos y avales. El acuerdo electoral -imaginan en Córdoba y en Buenos Aires- existirá, pero a cambio de dividir la oposición cordobesa los libertarios pedirán al cordobesismo algo más que votos en Diputados. Le pedirán hacer lo propio en el tablero nacional, recauchutando la (siempre inconducente) avenida del medio. Amor con amor se paga.
Y ese escenario traerá consigo un ultimátum para Natalia, que tendrá que escoger entre sus dos amores: su pertenencia al proyecto político de Hacemos Unidos en Córdoba, y su (hasta ahora teórico) compromiso para la reconstrucción del peronismo nacional como alternativa al Gobierno libertario. Entre crear en Córdoba una referencia clara, de oposición al Gobierno Provincial, con una masa crítica inicial sobre la que el peronismo nacional pueda hacer pie, o aceptar que el cordobesismo trabe un acuerdo con la Casa Rosada para garantizar la mutua supervivencia.
Por otro lado, las formas no ayudan. El fin de la corrección política ha traído consigo una actitud mucho más desfachatada de los gobernantes. Ya no se disimulan acuerdos que, en lugar de perseguir el bien común, se proponen el provecho de una parcialidad. Ahora esos acuerdos se realizan a cielo abierto y hasta se presume de ellos, para que el ruido atraviese las filas enemigas y se aproveche, también, la faz performativa del discurso.
Ese nivel de exposición haría mucho más difícil, a Defendamos Córdoba, navegar en la indefinición. Su líder ha dicho, por ejemplo, en la recta final de la campaña 2025, que “al final del camino que propone (Milei) hay un abismo”. Si un acuerdo electoral llegara a concretarse entre el Cordobesismo y La Libertad Avanza, revelándose en un fraccionamiento de la oferta opositora en las elecciones provinciales, ¿podrá el espacio mantenerse al margen?
Ahora bien, si el delasotismo pretende convertirse en un obstáculo para que ese acuerdo prospere, necesita consolidarse como el punto de apoyo de un proyecto nacional opositor al Gobierno libertario. Y para eso deberá ofrecer una referencia política a los dirigentes y militantes que buscan reconstruir una identidad diferenciada del Gobierno Provincial, no sólo en relación con la política nacional, sino también frente a los principales debates de Córdoba.
Si no lo hace, es muy difícil entender de dónde surgirá su capacidad de condicionar las decisiones del Centro Cívico.