
“Natalia, hablemos de Córdoba”
Felipe Osman
Un delasotista histórico, de feliz memoria, solía recordar el llamado de ‘los compañeros’ a José Manuel de la Sota, para que volviera a Córdoba a reconstruir su poder territorial después de pasar dos años en el exterior, oficiando como embajador en Brasil, a 3.000 kilómetros de distancia.
Conocedor de la microfísica del poder, De la Sota regresó en 1992, y aunque no ganó la interna del ‘93, reconstruyó su estructura y la sostuvo incluso después de la derrota, preservando los cimientos de lo que varios años más tarde sería Unión por Córdoba: el territorio y sus dirigentes.
La anécdota vale para recordar que el poder territorial es, al menos para el peronismo, sinónimo de poder político. Y que no puede ejercerse a la distancia. O se cultiva, o se pierde.
Ese es, precisamente, el llamado que algunos delasotistas empiezan ahora a reeditar con la hija del exgobernador como destinataria.
Natalia de la Sota ha conseguido una pequeña-gran hazaña: que una masa crítica de peronistas, de fibra delasotista, la acompañen a desafiar la estructura oficial. Más aún, a una boleta liderada por nada menos que Juan Schiaretti. Pero la “afrenta” no ha sido gratuita.
Quienes se sumaron al armado de la diputada fueron marginados en la estructura del PJ, que acaba de reformularse. Y, por tanto, quedaron licuadas sus chances de competir, en sus localidades, dentro del partido justicialista. Pero no quieren volverse sombra… Quieren ser luz, y jugar.
Algunos empiezan a impacientarse. “No se puede hacer política como una diplomática”, acusan. Entienden que Natalia no puede limitarse a hablar sólo de asuntos nacionales sin pararse en el tablero local. Que definirse en Córdoba es una condición indispensable para que no sólo los de arriba puedan jugar. No quieren ser un capital a negociar, quieren la parte de protagonismo que les toca. O que creen que les toca.
Otros agregan, además, que omitir un posicionamiento claro en relación a los problemas de Córdoba ni siquiera es una buena estrategia. Y recuerdan el consejo que los consultores le daban a Carolina Scotto en la campaña de 2013, que marcó el récord del Frente para la Victoria en elecciones de medio término en estas latitudes: “hablemos de Córdoba”.
Entienden que, para construir una identidad diferenciada, para constituir un poder que tenga referencias territoriales y dirigenciales y que les permita participar en las contiendas de la democracia, hace falta hablar de lo que pasa en cada una de las regiones de Córdoba, del interior y de la capital.
De lo contrario, su proyecto podría quedar reducido al de otros peronistas disidentes que nunca terminaron de ser vistos como más que socios silencios del Centro Cívico, o variables de ajuste para acuerdos de cúpula entre el kirchnerismo y el Gobierno de Córdoba.
Al mismo tiempo, aseguran que la construcción de Axel Kicillof, ya claramente avocado al armado de una estructura nacional capaz de soportar su candidatura presidencial, presionará para acelerar ese proceso. ¿Irá Natalia a recibirlo? Buena parte de su militancia espera que lo haga. No hay confirmaciones.
Pero no se trata de Kicillof. Se trata de cualquier armado peronista que pise Córdoba con planes de levantar una alternativa nacional que oponer, en las urnas, a los libertarios. Kicillof, Sergio Massa, Sergio Uñac… el que sea. El asunto es convertirse en la referencia de cualquier variante de peronismo nacional opositor a los libertarios en Córdoba. Y en paralelo, construir lo propio.
Pero para eso hay que consolidar una estructura. Porque en el peronismo lo único que vale son los votos, y los votos están en el territorio.
Ese es, casualmente, el motivo por el cual los peronistas con domicilio en El Panal no parecen demasiado preocupados por la construcción de Defendamos Córdoba. No terminan de creerla, ni lo harán si no hay una estructura territorial que pueda plantear una amenaza real de ruptura en las elecciones provinciales.
Esa es la disyuntiva: o hay una construcción real, que plantea una amenaza real, y que se convierte en la referencia de un peronismo nacional abiertamente opositor a Javier Milei en Córdoba; o hay una quietud que solo puede emparentarse con la ilusión de reeditar, con Llaryora, la sociedad que otrora tuvieron Schiaretti y De la Sota.


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