Cultura Por: J.C. Maraddón27 de agosto de 2026

Una canción de costa a costa

El director Javier Van De Couter eligió un tema del repertorio del dúo español Fangoria, “Momentismo absoluto” (en versión de Lula y Marilina Bertoldi) para una escena de la serie “Moria” donde aparece por primera vez Cecilia Roth en el papel de la diva. 

Buena parte de la producción musical del pop español de los años ochenta coincidió en el tiempo con el mejor momento del rock argentino, que después de la Guerra de Malvinas tuvo un despegue descomunal, cuya consecuencia fue instalarse como uno de los géneros más populares. Ese boom fue de tal magnitud que terminó opacando el desembarco en la Argentina de aquellos artistas destacados de la península ibérica, justo cuando por allá arreciaba la movida madrileña y ciertas vanguardias marginadas por el franquismo se atrevían a asomarse a la superficie, dando lugar a la emergencia de un panorama tan rico como pintoresco.

Pero claro, la Argentina también transitaba por su propia primavera democrática y afrontaba el desafío de avanzar varios casilleros en su evolución cultural, como para que además se pudiera absorber la savia nueva que provenía de España. Si era por cantar en castellano, sobraban entre nosotros los poetas e intérpretes que lo hicieran, lo que restaba espacio para la difusión de músicos europeos, cuya pronunciación castiza generaba ruido en el público rioplatense, lo mismo que algunos giros idiomáticos utilizados en aquellas latitudes que por aquí no se entendían o se prestaban a algún tipo de tergiversación.

Por más que su mánager, Jorge Álvarez, fuera un exiliado argentino, la fiebre por el grupo Mecano, pionero en el tecno pop español, nunca llegó a aterrizar del todo entre los jóvenes de esta región del planeta, como tampoco lo hizo el suceso posterior de Olé Olé, otra banda regenteada por Álvarez donde se reportaba el recién llegado desde Argentina Gustavo Montesano en carácter de guitarrista. Las visitas del grupo hispano de hard rock Barón Rojo en 1983 y de sus coterráneos de La Unión, anidados en el pop rock, en un festival de 1985, fueron algunas de las pocas que realizaron formaciones de ese origen.

Aunque la mayoría lo ignorase, el tema “Carolina” popularizado por el grupo platense Virus en 1983 había sido compuesto tres años antes por el humorista y músico español Moncho Alpuente bajo el título de “Carolina querida”. Y dos jóvenes porteños, Alejo Stivel y Ariel Rot, habían fundado a fines de los setenta Tequila, una agrupación que fue la encargada de disparar la nueva ola rockera en Madrid, cuyos frutos iban a madurar en el siguiente decenio. Pero una considerable distancia geográfica separaba a ambos estallidos musicales y las noticias llegaban mediatizadas por la revista peninsular RDL o algún musicalizador radial atento.

Mucho menos entonces se tenían datos de la cantante Alaska, nacida en México y trasladada en su adolescencia junto a su familia a ese paisaje madrileño que se agitaba al ritmo de las vanguardias. Kaka De Luxe, Alaska y Los Pegamoides y Alaska y Dinarama fueron las sucesivas bandas a las que se integró durante el fragor ochentoso, donde ella brilló hasta transformarse en la reina de ese circuito rockero. Su aspecto exótico y su forma por demás desprejuiciada de vestirse contribuyeron a que muy pronto fuese coronada como símbolo de una época pletórica de transgresión.

Su siguiente metamorfosis la llevó, en la década del noventa, a lanzar Fangoria, en dupla con su fiel socio de aventuras Nacho Canut, quien la acompañaba desde sus inicios en los escenarios. Con una tendencia definida hacia el electropop y una excelente recepción en los círculos queer (que habían adoptado como himno el tema “A quién le importa” de Alaska y Dinarama), el nuevo dúo arrancó como un nombre de culto, para luego arraigarse en una audiencia masiva con sus hits bailables y sus letras de amores retorcidos que calaban hondo en las almas sensibles siempre dispuestas a danzar.

En determinados ambientes nocturnos de las principales metrópolis argentinas, Fangoria se hizo un lugar bajo las bolas de espejos y, como sucedía en Europa, la comunidad LGBT se identificó con su propuesta. Tal vez por ese motivo, el director Javier Van De Couter eligió un tema del repertorio de Alaska y Nacho Canut, “Momentismo absoluto” para una escena de la serie “Moria” donde aparece por primera vez Cecilia Roth en el papel de la diva. El guiño es doble: la canción oficia de presentación de una chica Almodóvar y, a la vez está inspirada en una muletilla de la propia Moria Casán.

La versión que se escucha en la tira de Netflix cuenta con un atractivo extra, porque ha sido grabada por las hermanas Lula y Marilina Bertoldi, quienes por primera vez registran un tema juntas. Más rockera que el original, como es de suponer, esta adaptación de “Momentismo absoluto” rescata algo de ese nexo entre las expresiones musicales en español que florecieron a uno y otro lado del Atlántico. Y profundiza en ese concepto del eterno presente tan citado desde el arte contemporáneo, que a veces confluyó con el modus vivendi de estrellas populares como la misma Moria Casán.

 

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