Caras y Caretas Cordobesas
Las tres décadas expuestas de Fader (Vigesimoprimera parte)
En 1930 Fader había arrancado aprovechando el clima y la luz del verano en su fordcito y visitado los encantos de Cruz del Eje, Soto, Pocho y otros pueblos de la zona. Allí se dejó tentar, al pasar, por las huellas humanas coloniales en sus capillas, en sus muros antiguos. El tesoro pictórico que nos legó de esos día pasaba apenas de una decena de telas que significaron para él ganarse el año todo, en términos de satisfacción de pintar y ambular en cuatro ruedas.
Resultado de esa campaña, dicho año la dupla Fader-Müller pactaba el regreso del pintor a la galería del marchand. Ambos habían aceptado la mutua conveniencia de mantenerse en contacto cada tanto. El artista enviaría doce telas a montar, un número reducido, pero de gran caudal de inspiración capturada por su pincel. La exposición en la Galería Müller, una vez más, convocaría a conocedores y al público en general a conocer la obra más fresca del pintor franco-argentino. Abriría sus puertas el miércoles 30 de julio de 1930. Por primera vez, la muestra en Müller se haría sin la presencia del artista.
Anotemos que, un mes y medio después, sería el fin de una era democrática, al producirse el primer golpe de Estado cívico-militar argentino, que se llevó puesto al presidente constitucional Hipólito Yrigoyen. Un tiempo autoritario llamaba casi a las puertas y, directamente, las tiraría abajo. Lejos de los hechos, en Loza Corral, Fader, que abrigaba ideales conservadores, lo miraría con cierta esperanza.
En ese escenario determinado por un tetris de hechos diversos, nuestro informante habitual, Gutiérrez Viñuales, encuentra una perlita irrecusable. El mismo día en que debía abrir la muestra de Fader, se jugaba en Montevideo nada menos que la final del Primer Campeonato Mundial de Fútbol, que oponía a Uruguay y Argentina, vecinos y rivales. Y con el mega torneo deportivo más importante del mundo aún en pañales, la imperiosa necesidad de comunicar la pasión disponía en Buenos Aires altoparlantes que a intervalos difundían el relato radiofónico de ese acontecimiento. La exposición en la calle Florida quedaba en el corazón de ese pico de ansiedad deportiva, y se aprestaba a abrir a las seis de la tarde.
De una carta del archivo privado de Federico Müller:
“…Pasando por Florida a las 2, se oían en todas partes los altoparlantes registrando el famoso match de football. Hasta las 4.30 no había en la galería ni una sola persona; todo el mundo ocupado en el famoso match y temía mucho por mi inauguración. Pero dichosamente los argentinos perdieron y así era asunto terminado, otramente habrían declarado el día siguiente feriado, y poco a poco el público afluía y a las 6 no había más localidades en el salón...”.
Un claro ejemplo de incongruencia entre pasiones exquisitas y pasiones populares. Perdió Argentina, ganó Müller.
Y ahora un parrafillo con que “Caras y Caretas” se refería a esa muestra, en su número del 9 de agosto de 1930:
“Fernando Fader expone de nuevo. El paisajista argentino vuelve a inquietar el ambiente con su obra madurada y seria. Y, ante el conjunto actual, no es posible olvidar su labor anterior, de la cual es la presente una ratificación de valores reconocidos. Fader triunfa siempre, y hoy, como ayer, al ofrecernos sus telas ricas de luz y de color, nos depara un espectáculo de honestidad profesional, un panorama de su temperamento vigoroso y evolucionado que puede